Opinión

Abandonar la comunidad Jasídica en Nueva York

Uno de nosotros

  • 07/11/2017
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Muy bello: Uno de nosotros, (One of us), las historias de tres personas que por muy distintas razones eligieron dejar de ser miembros de la comunidad Jasídica en Brooklyn. A costos emocionales muy elevados. ¿Cómo resolver un crisis de identidad tan intensa? Soledad, acoso y un juicio de pérdida de custodia de sus siete hijos (en uno de los casos). Exclusión. Las dificultades para integrarse a un mundo “laico”, después de toda una vida de formación en escuelas religiosas. Una vida de vivir solo hacía adentro. Hablando yiddish en la vida cotidiana como en los shtetls europeos, los pequeños pueblos judíos arrasados por los nazis.

Vuelven Rachel Grady y Heidi Ewin a su tema inicial: las religiosidades que podríamos considerar extremas. Ambas dirigieron en 2006 Jesus camp, el documental de un campamento en Dakota del Norte en donde se entrenaba a los niños evangelistas para ser “soldados cristianos del ejército de Dios”. One of us, fue presentado por primera vez en el Festival Internacional de Toronto. Las imágenes son muy bellas, también la música. Se entrecruzan las historias de una mujer y dos hombres. Las realizadoras siguen al actor Luzer Twersky, su “salida” de la comunidad lleva ya varios años:

Le dije a mi madre, me divorcié y ya no soy religioso, después no hablamos por siete años

El seguimiento a Etty y Ari es distinto: sucede a lo largo del tiempo en los momentos mismos en que intentan caminar hacia afuera con el apoyo de la organización Footsteps, que ofrece acogida a quienes eligen separarse de la comunidad. Terapias de grupo, convivencias.

Ari fue abusado sexualmente durante su infancia, Etty fue por años la esposa silenciada de un marido violento con quien se casó en un matrimonio arreglado.

Para Luzer fue distinto: quería ser actor, vivir en el exterior.

El documental comienza: los letreros en un barco anuncian que estamos en Nueva York. Los hombres rezan alineados contra las barandas del malecón, del otro lado los rascacielos de Manhattan. Después, hacia la derecha vemos a las mujeres con sus cabellos cubiertos con pañoletas y a los niños. Muchos niños. Como sucede en las tres religiones monoteístas, la demanda a las parejas es tener “todos los hijos que manda Dios”.

Las imágenes se deslizan y vamos leyendo un texto:

Los jasídicos son un grupo cerrado de judíos ultra-ortodoxos. Surgieron en Europa del Este durante el siglo XVIII y sufrieron enormes pérdidas durante el Holocausto, muchos huyeron a Brooklyn, Nueva York. Para diferenciarse de los demás, se visten como sus ancestros y hablan mayormente Yiddish

En la siguiente escena, la voz de una mujer (cuyo rostro no veremos una parte del documental), solicita ayuda al servicio 911 de emergencias. Golpean muy fuerte a su puerta. Su nombre es Etty y decidió separarse de su esposo y padre de sus siete hijos y solicitar el divorcio. Habla y aparece de espaldas. Habla y vemos sus manos, hasta el momento en el que Etty elige mostrar su rostro y, además, retirarse la peluca ritual para salir al mundo con sus cabellos al descubierto.

Los patriarcas de la comunidad la hacen seguir, deciden retirarle la custodia de sus hijos. Solicitan donaciones para contratar a los mejores abogados y lo logran. Etty tendrá el derecho de estar con sus hijos en visitas supervisadas una vez por semana, son su padre y la comunidad quienes toman la educación de los niños a su cargo. Una hora por semana para abrazar a un hijo, conversar con él. Acá son sesenta minutos para abrazar a siete hijos y escucharlos.

No hay juicios sumarios contra la comunidad, es una mirada respetuosa que narra el dolor de los outsiders e intenta entender las reglas de una colectividad creada por sobrevivientes de la Shoa. “Ellos piensan que están salvando las almas de los siete niños”.

“Me miraba en el espejo y veía algo que no es lo que quería ser”, dice Ari. Y su dolor es tan hondo. No sabía que Google existía, en la comunidad está prohibido utilizar internet. Descubrió cómo a través de Wilkipedia podía obtener artículos de los más diversos temas. Llega al hospital por una sobredosis de cocaína, su padre lo apoya y costea un espacio de rehabilitación. Cuando Ari le agradece, el padre responde:

No eras tú, era la adicción adentro tuyo

Allí está presente el amor del padre y sin embargo, Ari sabe que para él no hay un regreso posible a una vida reglamentada por el jasidismo. Etty es acusada por los abogados de haber sido vista en el metro con algunos de sus hijos y de haberse comprobado que asistía a una reunión de Footsteps. También de haber concurrido con su hija mayor a una “biblioteca laica”, es decir, a una biblioteca pública. Como cualquiera. 

La comunidad acoge a cada una/o de sus integrantes desde el momento del nacimiento, los apoya, se ocupa de ellos hasta el último de sus días. Nadie allí adentro vive ni muere solo. “Sólo” hay que obedecer las reglas. Ellos no tienen que buscarle un sentido a sus vidas, ya lo tienen. Yo tendré que pasar el resto de mi vida a la búsqueda de un sentido”.

Vivir, “como los ancestros”. La comunidad fue fundada sobre la convicción de una vida conforme a los principios religiosos más exigentes, en una comunidad cerrada hacia el exterior y con un muy alto grado de cohesión interior, es una manera de evitar a futuro la destrucción del pueblo judío. Su exterminio.

Más allá (o más acá) de las circunstancias específicas de la comunidad Jasídica en Nueva York. ¿Qué significa pertenecer a una familia cuando las reglas son muy cerradas? ¿Qué es pertenecer a una comunidad que intenta detener el tiempo? ¿Cuáles son las reglas de la pertenencia? ¿Qué sucede cuando un integrante de una familia decide que sus elecciones lo separan de las reglas de los orígenes? ¿Por qué la diferencia se vive como rechazo y desamor? Ninguna de las tres personas entrevistadas y cuyas vidas nos narran ha dejado de amar a su familia. Cada una/o extraña a su manera los rituales que marcaron su infancia y, sin embargo, salir al mundo sin tener las herramientas para aprehenderlo. El rabino responde:

Casi todos están contentos en la comunidad

No es indispensable plantearse preguntas complejas y demasiado filosóficas. “Se trata de repetir”, dice. “Uno de nosotros”. El largo y doloroso camino hacia la singularidad.

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