Opinión

A que sí puedes comer solo una…

La consigna gubernamental es el libre mercado, pero también la libre pobreza | Manuel Fuentes

  • 23/05/2018
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El cofre de Perote

Perote, Veracruz.- Por estos lugares la belleza pareciera invertida: el cielo arriba, infinitamente azul y abajo las nubes a raz de la tierrra, cubriendo los sembradíos, como si fueran una cobija blanca, mágica; un paraíso en donde el tiempo se detiene, y en el que la pobreza y explotación, de manera contrastante, no se puede ocultar.

Perote está en la zona centro del estado de Veracruz, es montañosa por todos lados, en la que se cultiva el haba, la papa, el garbanzo y los chicharos. Tierra siempre humeda, con una temperatura promedio de 15 a 20 grados, pero que en invierno llega hasta menos 8 grados. La neblina es su esencia. Una magia que no se puede describir.

En esta zona está el cofre de Perote, atrapado en una zona boscosa llena de pinos y en el que se aspira el aroma de bosques, fresco, que solo se puede encontrarse en estos espacios. No sé cómo describirlo, pero quedo impactado cómo se mira la vida desde aquí, cómo se respira todo. Me cuentan que hay noches en las que se mira, desde aquí, el universo entero con miles de estrellas.

¿Cómo será estar en esos momentos en medio de la noche, con miles de estrellas admirando el infinito firmamento?

Es una tierra de jóvenes, entre los 30 y 40 años. Se casan desde temprana edad. La mayoría de las mujeres lo hacen desde temprana edad, desde los 13 o 16 años, y en poco tiempo son padres y también abuelos, abuelos jóvenes. La gente es muy noble, muy amable. Se quitan el plato de la boca para ofrecerlo aun acabándote de conocer.

El trabajo de la papa

En los alrededores de esta zona, se ven decenas de campesinos que laboran para producir la papa llamada fiana, para que sea comprada, dicen ellos, por representantes de la empresa Sabritas y otras empresas similares.

Trabajan todo el tiempo, desde el amanecer, desde las 5 de la mañana, hasta la última luz de sol, preparan el terreno para sembrar la papa blanca, tan codiciada en la zona por esos compradores que se apoderan del mercado para pagar una miseria a quienes producen en esta tierra tan prodiga.

Quienes son jornaleros y no poseedores de los terrenos se tienen que contratar con pagas hasta de 500 pesos semanales. Su jornada termina en ocasiones hasta las siete de la noche. Terminan agotados.

Cuando es tiempo de la cosecha de la papa, se llegan a quedar todo el tiempo en galeras mal olientes, todos amontonados, en ocasiones hasta 50 personas, para que no pierdan el tiempo en ir y regresar. En ocasiones, se quedan una o hasta dos semanas sin poder ir a otro lado. Están, como dicen los militares “acuartelados”.

Las noches son como un suspiro. Terminan con tanto cansancio que apenas tocan el petate, ceñido al piso, y duermen profundamente. No sé a dónde viajan, pero seguro platican con los suyos en los sueños que producen estas barrancas. Les preguntan (a los suyos) cómo están; que la lejanía es para que ellos (los suyos) puedan comer y tener sueños propios. Que el trabajo de la papa, que el sudor que produce su trabajo les dará alegría.

Cuando despiertan, son tiempos de mal comer y de mucho trabajar para llevar unos cuantos pesos más a su familia. Pero que no se sepa, que sus sufrimientos sean solo de ellos.

Estar en este paraíso es incomprensible encontrar tanta riqueza natural y tanta pobreza de quienes laboran en la zona.

Sabritas

La papa blanca, llamada fiana, la pagan los llamados “coyotes” a ochenta centavos el kilogramo, mientras que una bolsa de Sabritas de 40 gramos se vende en tiendas comerciales a 13 pesos con 50 centavos.

¿A que no puedes comer solo una? A que sí puedes comer solo una. A que no puedes comer ninguna.

En la zona se siente molestia de que el producto se compre tan barato. Llegan los coyotes y quieren pagar cada vez menos. Algunos campesinos prefieren quedarse con el producto y no venderlo.

-       Preferimos se nos eche a perder la papa, a regalarla.

Hay esencia de dignidad en esta tierra, pero soledad a la vez.

Quienes cultivan la papa, se llegan a quedar con parte del producto y ese es su principal alimento. Las mujeres que cocinan la papa, para sus hijos y esposos, hacen infinidad de platillos para que no se note que es la misma papa.

Sin autoridad

Hay terrenos inmensos en la zona, de explotación de jornaleros y donde el gobierno no se mete. No llegan inspectores de trabajo ni autoridades que protejan el trabajo del campesino y sus productos. No existen los del gobierno.

¡Que se las arreglen como puedan!, parecen decir los funcionarios de gobierno, ante su omisión.

La consigna gubernamental es el libre mercado, pero también la libre pobreza. La ganancia es de unos cuantos y el pago miserable para una mayoría.

¡Qué nos importan!, dicen ellos.

¿Quién se acuerda de estos campesinos en los programas de gobierno?

¿En este proceso preelectoral?

¿Quién ha sentido tocar las estrellas de la mano de los campesinos en esta tierra mágica?

¿Cuándo cambiará todo?

¡Ya basta!

Día del maestro, nada que festejar

@Manuel_FuentesM | @OpinionLSR | @lasillarota





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