Opinión

A María Elena Meneses… a una y a todas

María Elena fue una formadora portentosa de nuevas generaciones | María Elena Estavillo Flores

  • 21/05/2018
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El pasado 14 de mayo nos sorprendió una noticia terrible, feroz, que transformó un día que hubiera sido luminoso y cálido y que ya no puedo recordar de otra forma más que en la incredulidad, en la abundancia de flores blancas, en el tránsito de rostros dolidos.

María Elena Meneses murió antes de su tiempo, incomprensible e irremediablemente.

En estos días, numerosas voces han hablado de María Elena: alumnos; personas a quienes inspiró en una conferencia, por un libro, a las que prodigó un consejo transformador; compañeros periodistas de diferentes etapas de su vida; profesores e investigadores; defensores de la democracia; especialistas del fenómeno del internet; profesionales de la comunicación, líderes y pensadores.

Ella se identificaba en Twitter como: “Profesora e investigadora en Tec de Monterrey. Medios, Internet y cultura digital. Ciudadana vs la corrupción y las #FakeNews”.

Quienes la recuerdan destacan su inteligencia, capacidad de análisis y ética educativa; la reconocen como académica, periodista, defensora de la libertad de expresión, una profunda conocedora de los medios sociodigitales, así como una voz indispensable para entender las redes sociales.

A lo largo de la vida me he dado cuenta de que, cuando alguien muere, en realidad mueren muchas personas, diversas e irrepetibles.

De hecho, estoy convencida de que los grandes seres, al ir tocando a tantos otros a su paso, aglutinan todavía más identidades. ¡Cuántas personas pueden habitar ese espacio aparentemente confinado de una existencia!

Y por eso, cuando hemos tenido la suerte de encontrar una de esas figuras radiantes, su ausencia también se multiplica y, de pronto, parecen faltarnos incontables compañeras de viaje.

Yo conocí a varias María Elenas y he ido descubriendo, una tras otra, sus ausencias:

- A la mujer cómplice, compañera en sororidad, con quien me identificaba plenamente en nuestras experiencias compartidas, que no puedo dejar de ver sentada a mi lado, fabricando un futuro posible para nuestros hijos.

- A la colega profesional constructora de realidades, capaz de tirar puentes entre un presente cabalmente aprehendido y un porvenir anhelado, con la sabiduría de entender la responsabilidad que implica encontrarnos en este tiempo y este espacio.

- A la pensadora provocadora y pródiga, repartidora del santo y seña del entramado digital, que todavía sigo y me sigue en nuestra realidad paralela, en el multiverso del internet, porque la muerte llega lentamente a los espacios virtuales, como en protesta y resistencia ante un hecho inexorable.

- A la amiga cálida, de ojos sonrientes, generosa con su tiempo y siempre dispuesta a compartir historias.

A algunas otras María Elenas alcancé a atisbarlas hace tiempo en sus alumnos y compañeros de trabajo: periodistas, investigadores, profesores; en aquellos a quienes inspiró para seguir una carrera, para luchar por una causa, para indagar más allá de la superficie. Porque María Elena fue una formadora portentosa de nuevas generaciones.

Casi sin atreverme, también adivino a aquella María Elena amorosa para su esposo y sus hijas, en quienes sobrevivirá la impronta que ha dejado ese maravilloso ser humano que tuvieron como mamá.

Estoy segura de que hubo otras, a quienes no alcanzo a imaginar, y que habrán dejado sus propias ausencias.

A todas ellas, a mi amiga, estas palabras.

Conectadas: mujeres por más mujeres

@OpinionLSR | @lasillarota

@elenaestavillo

Comisionada del IFT. Las opiniones expresadas son a título personal y no deben entenderse como una posición institucional.




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