Opinión

A la memoria de Abril Pérez Sagaón ¡Justicia!

¿Por cuántos pesos se mata en este país? Abril está muerta. Tres personitas apenas adolescentes perdieron a su madre. | María Teresa Priego

  • 03/12/2019
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#LaVozdeAbril es el hashtag que su hija Ana Cecy creó para difundir el feminicidio de su mamá.

Una fractura de cráneo, heridas con cutter, no fueron suficientes. El agresor de Abril salió libre. 25 de noviembre. “Nos están matando”. “Cuando salga a la calle no quiero ser valiente, quiero ser libre”. Abril (quien ya vivía en Monterrey con sus hijos) se vio obligada a venir a la Ciudad de México para las pruebas psicológicas que se le exigían como parte del proceso de asignación de custodia de sus hijos (dos de ellos aún menores de edad). Sí, en México, el mismo hombre puede abrirle el cráneo a su esposa, salir libre y, además, pelear la custodia de sus hijos. La marcha. Las reivindicaciones. Las pancartas. En una esquina, Insurgentes y Churubusco, dos muchachitos vieron como mataban a su mamá.

Argumentos insoportables del estilo: “nunca se sabe lo que pasa entre dos”. “¿Y ella qué le habrá hecho?” Las redes rebosan de indignación ante el feminicidio de Abril y de textos “comprensivos” hacia su ex esposo. “¿Cómo se lo habrá ella ‘buscado’”? “Uno no sabe los detalles de lo que pasa entre dos”, quizá no. Sólo que el cráneo fracturado fue el de ella. Sólo que hubo testigos. Sólo que eran conocidas la celotipia y la violencia de Juan Carlos García y su voluntad de dominio. Ese 25 de noviembre, en un cruce, una motocicleta se acercó al carro en el que viajaban Abril, sus dos hijos y su abogado. La ejecutaron un par de sicarios.

Insistir en la “importante” y “exitosa” carrera del ex marido de Abril no tiene ningún sentido, “¿Cómo? ¿El ex director de Amazon?” La misma sorpresa e incredulidad ha estado en el centro cuando se trata de un deportista reputado o de un feminicida con un historial académico relevante. Como si una cosa tuviera que ver con la otra. El filósofo Louis Althusser, una de las inteligencias más brillantes de su tiempo, asesinó a su esposa de toda la vida, Hélène Rytmann. Si bien cada feminicidio sucede en su contexto específico, la violencia misógina es ajena a la capacidad para dirigir una empresa.

El “éxito” profesional no es, nunca debería ser una forma de “atenuante” (inconsciente, o consciente pero no dicho) en los procesos judiciales y en los análisis de un feminicidio. Nunca olvidaré el feminicidio de una joven en cuya difusión, cantidad de medios, se lamentaron con largas parrafadas por “la vida arruinada” de una joven promesa de la ciencia: el feminicida. Cuando hablamos de violencia estructural, nos referimos –también– a esos imaginarios colectivos que de alguna manera justifican, niegan la brutalidad de la violencia misógina. Y terminan re-victimizando a una mujer y protegiendo a su asesino.

En un primer tiempo, Juan Carlos García fue vinculado a proceso por feminicidio en grado de tentativa y enviado al Reclusorio Oriente. El juez de control Federico Mosco González consideró que “no había pruebas suficientes” que sustentaran la acusación de tentativa de feminicidio y reclasificó el caso como “violencia intrafamiliar y lesiones”, ante lo cual el caso fue enviado a un juzgado de lo familiar. Mosco consideró que “no había intención o dolo, sino más bien se trataba de un evento de violencia familiar”. Aquí me detengo. ¿No hubo “dolo”? ¿Qué niveles de “violencia intrafamiliar” son necesarios para que el agresor permanezca detenido por constituir un evidente peligro para la vida de la mujer violentada?

Que un hombre aseste un batazo en la cabeza de su esposa que duerme y le fracture el cráneo, que cuando ella se despierte la arrastre por el piso y la corte con un cutter, que uno de sus hijos y la vigilancia del edificio sean testigos de los hechos, no es suficiente. No fue “intencional”. ¿Qué sí lo sería? “Un delito de orden común”. Me horroriza particularmente la palabra “común” dada su exactitud en las circunstancias de violencia contra las mujeres en la que vivimos. Bastó una apelación de los abogados de Juan Carlos García para que, por decisión del magistrado Héctor Jiménez López, el violentador saliera en libertad, y no sólo: que pudiera apelar e iniciar un proceso por la custodia de sus hijos. ¿Ese mismo hombre, el del bate de béisbol, está en condiciones de amar y educar a tres personas que padecieron su violencia desde la infancia? ¿Quién podría siquiera imaginarlo?

Palabras de Ana Cecy, la hija adolescente de Abril

27 de noviembre. “Mi mamá fue asesinada el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, después de haber luchado contra la violencia infligida por mi papá durante muchos años de su vida. Hagan esto viral, es hora de la justicia”.

“Mi mamá no le hizo absolutamente nada, ella sólo quería divorciarse y alejarse de mi papá después de tantos años de violencia, incluso lo perdonó cuando en enero la intentó matar mientras ella dormía. Mi papá es un sociópata narcisista y su palabra no debe ni puede confiarse”.

Javier Pérez Sagaón en entrevista con Carmen Aristégui

“Fue una situación terrible, mi hermana había sufrido durante toda su vida de casada un constante acoso y una violencia que fue escalando año con año… Ella guardaba en su ser este sufrimiento, lo llevaba puesto… Los constantes abusos fueron día a día, no solamente contra mi hermana, sino también contra mis sobrinos… Cuando se dio este fallo fue un golpe terrible para todos, pues luchábamos para hacer justicia por mi hermana”.

“Me tocó verla el primer día en el hospital, no podía hablar, traía una apertura en el cráneo, traía un corte en el cuello y en la barbilla y fue muy doloroso, la verdad, estas fotografías fueron anexadas al caso al juez, y a pesar de que vio que había golpes contundentes, se le presentaron los récords del hospital donde se aclaraba que sus heridas eran de más de quince días, aun así el juez dictaminó que era un caso de violencia familiar… dar con el asesino intelectual, porque mi hermana fue asesinada de un disparo por la espalda, dos tiros muy certeros desde una motocicleta en movimiento… sin dar mayor seña para un robo o lo que fuera, eso dicen los testigos, entre ellos mis sobrinos y el conductor que es el abogado de la familia. Una ejecución de un profesional… mis sobrinos fueron testigos de la muerte de su madre y están sumamente afectados. Uno de diecisiete y otro de catorce”.

“Después del 4 de enero, ella quería formar una asociación en pro de víctimas del delito y creo que esa tarea se queda pendiente, no la vamos a dejar de lado, porque es justo lo que ella quería, era un deseo enorme de evitar que la mujer siga siendo violentada a través de personas que de una imagen o un espejo como el que tenía mi ex cuñado, de mucha posición, detrás de ellas hay un dolor y un sufrimiento tremendo. Lo queremos es justicia… la justicia tiene que llegar”.

Los tuits de J. C. García la madrugada de su brutal agresión contra Abril

Etiquetando a Abril (quien en ese momento estaba hospitalizada por la gravedad de sus heridas), Juan Carlos anunció su propia muerte (sí, la de él) a través de tres tuits: “Mi muerte @abrilsagaon”. “@abrilsagaon me acuchilló y me mato mi sangre por todos lados”. Aparecía la imagen de un charco de sangre. “Mi esposa @abrilsagaon me mato con su amante. Pero antes me robó mi dinero y 26 años de mi vida”. Después etiquetó a un amigo afirmando que él estaba –ya no “muerto”- sino en el hospital: “Ayúdame estoy en el hospital, por favor, saca a la luz la información. Muchas personas te van a atacar… no permitas que esto quede impune”.

Ahora Juan Carlos reaparece con una carta publicada en Reforma en la que se declara en total disposición de colaborar con la autoridad en la investigación correspondiente”. Sí, el del bate que fracturó el cráneo de una mujer que dormía, el de los tuits declarándose “muerto”, el de la carta tan “cooperativa” con la justicia (la que seguro lo tiene muy sin cuidado), el que “pelea” la custodia de sus hijos testigos de su violencia, es el mismo.

Es muy probable que se haya salido con la suya muchas veces antes. Oculto tras su máscara. Experto en esas disociaciones de “violentador-víctima”, de “asesinado” que escribe. De “triunfador” cuya personalidad perturbada no puede estar en cuestión. Ese actor que fingía cada vez sus “amorosas reconciliaciones”. Ya antes sus actos fueron gravísimos y sin consecuencias. Brevísima su estadía en la cárcel. ¿Habrá tenido el tiempo de hacer “amigos”? ¿Por cuántos pesos se mata en este país? Abril está muerta. Tres personitas apenas adolescentes perdieron a su madre. La consigna (la declaración de principios), “Hermana, yo sí te creo”, se escucha en la marcha. “Temo por mi vida”, dijo Abril. Dos balazos. Y hubo –desde los aparatos de “justicia” – quien no quisiera escucharla.