Opinión

A dos puntas

José Carreño Figueras

  • 06/07/2017
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Una contradictoria posición ¿diplomática?

Con todo respeto a la Cancillería pero... ¿realmente debemos preocuparnos y hacer ruido por la escenificación de una ópera en Italia?

La reciente presentación de una versión de la ópera "Carmen", ubicada en una idea de la barda en la frontera de Estados Unidos y México provocó una protesta de la Embajada de México en Roma. 

De acuerdo con un comunicado de la propia Secretaría de Relaciones Exteriores, hace poco más de una semana,  "al enterarse, antes del estreno de la obra, que se planeaba proyectar una imagen desfigurada de la Virgen de Guadalupe, ligándola al culto de la "Santa Muerte", la Embajada comunicó su extrañamiento a la Superintendencia de la Fundación del Teatro de la Opera de Roma, la cual decidió modificar el retrato de esta figura central en México.

"Desgraciadamente, en el estreno de la obra se presentó una visión caricaturesca de nuestro país, la cual lejos de cumplir con las declaraciones de la productora sobre "reproducir el contexto social", se apoya en estereotipos que no representan a los mexicanos ni a su cultura".

Y por supuesto el párrafo final: "la embajada apoya plenamente la libertad artística en todas sus expresiones como componente esencial para el diálogo entre culturas del mundo".

Y luego, en un tuit del embajador Juan José Guerra Abud, ex secretario de Medio Ambiente (SEMARNAT), "México es un país libre y democrático que no censura ningún tipo de creación artística".

Muy al margen de que sería bueno que precisara de que México habla, y sus contradicciones evidentes -aunque tal vez haya sido bueno que protestara por la presentación de "Carmen" como una nueva versión de "Lola la Trailera"-, parecerían más bien deseos de figurar o de esa formulación de la "gente bien" de México, que identifica al país con sus tendencias personales y de clase.

Cierto, la Virgen de Guadalupe es una figura central en México, pero quizá no se haya enterado que Roma está justo en el centro del catolicismo y que México es (¿será todavía?) un país oficialmente laico. Esa parte debió dejarse al menos inicialmente a las -muy fuertes- autoridades religiosas.

Y aunque irrite decirlo por todas sus implicaciones, la "Santa Muerte" tiene también una considerable feligresía en este país. 

Al mismo tiempo, tal vez valdría la pena enviar al señor Guerra Abud a los Estados Unidos, con el encargo de "no censurar" y transmitir inquietudes a las empresas televisoras y cinematográficas, que más frecuentemente que no caricaturizan y estereotipan la soc¡edad mexicana.

¿O tal vez sería mejor hacerlo embajador ante las productoras de películas y telenovelas en México?

Parecería posible que la Secretaría de Relaciones Exteriores tenga ciertamente muchas más preocupaciones que la escenificación de una ópera en Roma, que por cierto buscaba expresar simpatía con los mexicanos frente a las políticas de Estados Unidos.

Pero a la mejor fue simplemente el deseo de dejar escapar un poco de presión.

Después de todo, con esa formulación, México debería haber roto relaciones con Estados Unidos y Venezuela, cuyos presidentes se han dedicado, uno a denigrar a los migrantes mexicanos en el país vecino y el otro a insultar al gobierno mexicano. Pero no ha habido reacciones a la Guerra Abud, de presunta militancia partido verde-"Eco Loco".

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