Opinión

A Cuba, con una rosa blanca

Las relaciones entre México y Cuba han oscilado entre lo muy formal y lo muy distante.

  • 23/03/2016
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Todo iba bien por muchos años en la relación entre México y Cuba. De hecho era una relación fraterna y muy cordial; este país continental era refugio de vida y exilio de cubanos que cruzaban el mar para pisar tierra firme. En México, los cubanos como muchos otros latinoamericanos, encontraron casa-comida-sustento en días difíciles: era la época de la política exterior mexicana que miraba hacia Latinoamérica y que tenía puertas abiertas para todos ellos…

 

En 1902 iniciaron relaciones diplomáticas de México con Cuba y así durante todo el siglo XX. El vínculo se enfatizó más luego de 1959 cuando la Revolución Cubana se asentó como gobierno en la isla y cuando prácticamente todos los gobiernos de la zona rompieron con  Cuba, menos México que mantuvo a su embajador a la caída de Fulgencio Batista y votó en contra cuando el gobierno de Estados Unidos estimuló la salida cubana de la Organización de los Estados Americanos…

 

Los mexicanos sentían una estima permanente hacia los cubanos, y a la inversa. Aún se recuerdan las palabras del presidente mexicano José López Portillo cuando dijo: “Nada soportaremos que se le haga Cuba, porque sentiríamos que se nos hace a nosotros mismos”…

 

Pero al cambio de régimen y a la llegada del Partido Acción Nacional al gobierno de la República las cosas habrían de cambiar de forma radical…

 

“Les ruego a todos me excusen que no pueda continuar acompañándolos debido a una situación especial creada por mi participación en esta cumbre, y me vea obligado a regresar de inmediato a mi país” exclamó Fidel Castro, presidente cubano, en el foro al que asistió en Monterrey, México con motivo de la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, en 2002.

 

Poco después el gobierno cubano filtró en México una llamada entre Fidel Castro y el presidente Vicente Fox: “Fidel, me acompañas a la comida y de ahí te regresas”, el famoso ‘comes y te vas’ que tanto caló en el ánimo cubano y que inició una etapa de frialdad en las relaciones de los dos países. De ahí en adelante puyas y desencuentros; reproches e insidias de las dos partes…

 

En 2004, por ejemplo, la policía cubana detuvo en la isla al empresario argentino Carlos Ahumada, quien era buscado por delito de fraude en México.  Lo deportó pronto, pero el gobierno cubano aclaró que este caso tenía una connotación claramente política y que lo que ocurría en el fondo era que se buscaba afectar al jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador.

 

Vicente Fox expulsó al representante de Cuba en México, Jorge Bolaños, y ordenó el retiro de la embajadora mexicana en Cuba, Roberta Lajous. Fue uno de los momentos más crispados de la relación. En adelante las relaciones han oscilado entre lo muy formal y lo muy distante. De hecho, la política exterior mexicana se ha venido orientando a sus relaciones con el norte del continente mientras pierde influencia y vínculos con los países centro y sudamericanos, incluyendo a Cuba...

 

México ya no es interlocutor latinoamericano y mucho menos espacio de encuentro para los hispanohablantes en tanto que el gobierno de Enrique Peña Nieto poco o casi nada hace para conseguir un acercamiento más acorde con la realidad histórica de las dos naciones y con base en los intereses estratégicos, comerciales y políticos de ambas naciones.

 

Todo esto viene al caso porque el presidente Barack Obama de Estados Unidos de América junto con el presidente cubano Raúl Castro, desde 2014 iniciaron un proceso de entendimiento y de apertura entre ambas naciones a pesar de 54 años de grandísimos agravios y destacadas diferencias ideológicas y de proyecto de nación en cada caso. Los conflictos han sido profundos y han llegado al punto de una guerra nuclear, como ocurrió en 1962.

 

No hay mal que dure cien años y ya se dan muestras de que mediante la diplomacia inteligente, la buena voluntad de las dos partes y en el encuentro de similitudes pueden salvar diferencias.

 

Aun hay reproches entre ambos gobiernos: en tanto que Estados Unidos acusa al gobierno cubano de agravios a los derechos humanos en la isla y de falta de democracia, los cubanos replican que el gobierno de Estados Unidos utiliza un doble racero para entender esos derechos humanos y que mientras no se cancele el bloqueo comercial a la isla y no se devuelva el territorio de Guantánamo, no se podrá hablar de una regularización firme entre ambos países…

 

Pero están en eso. Después de largas negociaciones entre ambos gobiernos, luego de dos encuentros previos entre Obama y Castro, por estos días el mandatario estadounidense  llegó a La Habana para una visita oficial de dos días.

 

La buena intención era notable entre ellos. Las aristas están ahí y se dijeron, pero en el fondo se quería cordialidad y respeto: “El futuro de Cuba corresponde decidirlo a los cubanos…” dijo Obama. Raúl Castro, por su parte, accedió a lo siempre difícil para su gobierno: una conferencia de prensa conjunta a puerta abierta y en la que una periodista estadounidense le puso el cascabel al gato al preguntarle sobre la existencia de presos políticos en la isla… “¡Deme los nombres; deme una lista con sus nombres y si existen hoy mismo estarán libres!” espetó el cubano.

 

Las relaciones entre ambos se solucionarán, eliminando prejuicios y rencores. Aún falta mucho camino por recorrer, pero los primeros pasos fueron dados y existe una buena voluntad inicial…

 

Mientras el gobierno mexicano se aísla. Sus alianzas con el norte del continente no dan los resultados esperados y el desprecio a lo mexicano es evidente, a pesar de los beneficios económicos para Estados Unidos; los países del sur ven a México como un país lejano y sin vínculos cercanos con ellos…

 

El gobierno mexicano tendrá que decidir sus prioridades estratégicas, comerciales, de relación política y estratégica por encima de sus temores y nerviosismo permanente en su relación con el norte… Cuba es esencialmente un país amigo… y a los amigos sinceros, como dijera José Martí, se les ofrece una rosa blanca.

 

@joelhsantiago

@OpinionLSR

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