Opinión

A 20 años de la huelga de la UNAM, ¿y la UAM?

El conflicto tenía más que harta a la sociedad, fue el preámbulo para que el ingreso de la policía fuese justificado. | Jorge Ramos Pérez

  • 15/04/2019
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La tarde del 2 de junio de 1999 los dos grupos antagónicos estaban sentados ante la mesa. De un lado el grupo que representaba al Consejo General de Huelga (CGH), integrado por estudiantes, y del otro la Comisión de Rectoría de la UNAM, donde había desde profesores eméritos, investigadores y directores de escuelas y facultades.

La huelga había estallado el 20 abril debido a que un mes antes el rector Francisco Barnés de Castro propuso modificar el Reglamento General de Pagos, vigente desde 1948, y que preveía pagos de 20 centavos por alumno en la UNAM.

Para junio, el rector Barnés había desistido de aumentar las cuotas. Pero los jóvenes habían integrado un Pliego Petitorio con un sinnúmero de demandas.

Sin embargo, esa tarde del 2 de junio el CGH llegó con una frase contundente: “El diálogo no es negociación”.

En el caso de la huelga de la UNAM, los medios de comunicación teníamos acceso a las asambleas del CGH y sabíamos -incluidas las autoridades- en qué sentido iban sus posturas con horas o hasta con días de anticipación.

Nunca supimos los medios cómo eran las conversaciones de las autoridades antes de sentarse a la mesa con su contraparte.

De hecho, cuando finalmente el 6 febrero de 2000 fue rota la huelga con el ingreso de cinco mil policías federales al campus universitario, la Rectoría tenía una mesa paralela con el sector menos radical del CGH con el que pactó el reencauzamiento de la Universidad. Además, en esa ocasión la Rectoría comenzó un diálogo forzado por el movimiento estudiantil. En principio, Barnés de Castro no quería negociar. Fue obligado. Como no cedió a los requerimientos debió renunciar en noviembre de 1999.

Cuando renunció Barnés a la Rectoría de la UNAM, su sucesor Juan Ramón de la Fuente lo primero que hizo fue plantarse ante el CGH que lo agredió afuera de la Universidad. Fue parte de su estrategia: negociar directamente ante los medios para mostrar la virulencia del CGH.

Aunque para esas alturas el conflicto tenía más que harta a la sociedad, fue el preámbulo para que el ingreso de la policía en febrero fuese justificado. Días antes de esa incursión policíaca, el rector De la Fuente cerró a los medios de comunicación el diálogo que siempre había sido abierto. El diálogo y la negociación habían acabado. La frase del 2 de junio se cumplió: diálogo no fue negociación.

De la Fuente no dijo que si no soltaban las instalaciones sería con la fuerza pública como se recuperaran. Un estudiante dijo el viernes 4: "sólo nos amenazó que si no levantamos la huelga habrá una salida de otra forma". El domingo 6 de febrero por la madrugada ingresó la Policía Federal Preventiva.

El impacto a las instituciones educativas es brutal. Hoy la Universidad Autónoma Metropolitana ha rebasado los 74 días de una huelga impulsada por el sindicato, en demanda de aumento salarial entre otras peticiones. El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue siendo omiso. A ver hasta cuándo.

Punto y aparte. “Luis María Aguilar es el peor presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de la historia”, señalan en el Poder Judicial. ¿No es exagerado?, se plantea. “No”, fue la respuesta. Y por presunta corrupción, agrega, podría ser un verdadero pez gordo para la 4T, ¿tendrá el valor o le va a valer a la 4T?

Punto final. Desde la Presidencia de la República se afirma que los militares que participan en la Guardia Nacional han sido homologados. La idea es que dejan de ser militares, pero podrán mantener su antigüedad y lo que ello significa. Si en cinco años deciden quedarse en la Guardia Nacional, entonces quedan fuera. Pero ese lustro es justo el plazo fijado para sacar a la milicia de las calles.

El golpe a la UAM, ¿y la 4T?

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