70 años de derechos humanos

Si hiciéramos una encuesta sobre derechos humanos, muchas personas afirmarían, sin dudarlo, que no son útiles, que sólo sirven para defender delincuentes, que sería mejor que no existieran porque no tienen función alguna, entre muchos otros comentarios negativos. En la mayoría de los casos, basados en evidencias como declaraciones de funcionarios o comentarios sin mucho sustento teórico, sin tomar en cuenta sus alcances en nuestra vida cotidiana.

El camino para concebir a los derechos humanos como les conocemos hoy en día ha sido largo. Si bien se considera que hay varios antecedentes remotos como la Carta Magna de Inglaterra, promulgada en 1215 por el rey Juan Sin Tierra, entre cuyo contenido señalaba que no se podían imponer o subir impuestos sin la aprobación de pueblo, y también de que el pueblo de Reino Unido gozaría de las libertades dadas por el documento.

Es hasta el proceso de Independencia de los Estados Unidos que se habla de los derechos como algo natural, de la igualdad y de la libertad. Casi a la par, a finales del siglo XVIII, en Francia, se proclama la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, como resultado de la Revolución Francesa, estableciendo a la libertad, la igualdad, la seguridad, la propiedad y la resistencia a la opresión como inherentes a la persona.

En ambos casos, surgió una crítica por parte de ciertos sectores de las mujeres debido a su invisibilización pues en ambos documentos sólo se habla del hombre, pero no de la mujer como tal, surgiendo documentos alternativos como la carta de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana de Olympe de Gouges.

Tanto los documentos emanados de la Independencia de Estados Unidos como los de la Revolución Francesa fueron la guía de múltiples leyes elaboradas en distintas partes del mundo por más de un siglo.

Tras dos guerras en los primeros 50 años del siglo XX, con el resultado de millones de personas muertas, ciudades devastadas, hambrunas, políticas de exterminio social, menores en la orfandad, crisis económica, se creó la Organización de las Naciones Unidas, con la finalidad de mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar las relaciones de amistad entre las naciones, promover el progreso social, mejorar el nivel de vida y los derechos humanos.

Uno de los primeros resultados del organismo internacional fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos, decretada el 10 de diciembre de 1948, y adoptada por los países integrantes de la organización a fin de reconocer la igualdad, la dignidad y la inalienabilidad de los derechos de todas las personas a la libertad y la equidad, a la no discriminación, a la vida, a la no esclavitud, al reconocimiento y equidad ante la ley, a la justicia, al trato digno, a la propiedad, a la libertad de creencia y pensamiento, a la propiedad, a la libertad de expresión, a la libertad de reunión, al trabajo, a la seguridad social, al descanso, a la educación, a una vida digna, al acceso a la cultura, el arte y el conocimiento científico, a la vida en comunidad, a la paz y a un mundo justo.

Parte de los resultados de esta declaratoria han sido tratados internacionales, convenios internacionales, declaratorias, que reconocen los derechos de las mujeres, de las niñas, niños y adolescentes, las y los indígenas, la población afroamericana que han hecho una realidad el voto de las mujeres, una ley a favor de una vida libre de violencia para las mujeres, el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo, el libre desarrollo de la personalidad, un medio ambiente sano, el acceso al agua, una vivienda digna, la protección de la salud, entre muchos otros derechos, que hoy en día sería impensable vivir sin ellos, aunque persisten los rezagos en el acceso a estos de manera equitativa.

La cultura de derechos humanos es sumamente necesaria en una sociedad como la nuestra, donde, en los últimos meses, han aflorado el clasismo, el racismo, la xenofobia, la homofobia, la lesbofobia, la transfobia, la bifobia, la misoginia y la discriminación, históricamente presentes, pero ahora más radicalizadas a través de las nuevas tecnologías y diversos fenómenos sociales.

El sustento histórico para que surgiera la Declaración Universal de los Derechos Humanos hace 70 años fueron los atroces crímenes cometidos bajo la idea de erradicar las diferencias y mantener un modelo único de deber ser. A siete décadas de los hechos, urge reflexionar si como sociedades, continuaremos permitiendo un discurso de diferencia y animadversión, o si contribuimos a ese reconocimiento de diferencias para construir oportunidades inclusivas e igualitarias, que permitan a cada persona vivir con dignidad, respetando su manera de ser y de pensar.

Las realidades de la VIHDA

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