Opinión

4 años de Mover a México

La aprobación de las Reformas Estructurales nos dejó un país en el que se crearon muchas fortunas de políticos.

  • 02/12/2016
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El día de ayer, jueves 1 de diciembre de 2016, se cumplieron cuatro años de la entrada en funciones del presidente Enrique Peña Nieto y de todo su gabinete. Recuerdo perfectamente en el Palacio de San Lázaro que, momentos antes de entregar la banda presidencial, el todavía presidente Felipe Calderón la besó, antes de dársela al presidente de la Cámara para que a su vez la entregara al presidente electo.

 

El segundo día de su mandato, Enrique Peña Nieto nos sorprendió a todos. La firma del Pacto por México por todos los partidos políticos en el Castillo de Chapultepec era muestra del fino trabajo de negociación llevado a cabo por el equipo del presidente electo durante los meses de transición. La muestra de liderazgo político era evidente. El pacto contiene cinco grandes acuerdos –Sociedad de derechos y libertades; Crecimiento económico, empleo y competitividad; seguridad y justicia; transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción- de los que se derivan 95 compromisos.

 

El pacto abarcaba todos los temas y las preocupaciones centrales de cualquier mexicano que resultaban necesarias para el avance y transformación de nuestro país. Las reformas iniciaron antes que Peña tomara el poder. La reforma educativa se aprobó en la última legislatura de Calderón como presidente. Las siguientes reformas estructurales para el país: la energética, la de telecomunicaciones, la de transparencia y la política electoral se aprobaron en los primeros dos años del nuevo gobierno.

 

A estas reformas siguieron el todavía atorado y poco útil Sistema Nacional Anticorrupción y otra serie de reformas que aún siguen en el tintero y que, al parecer, no verán la luz antes de que acabe este sexenio.

 

Como ciudadanos pocos han sido los cambios que hemos percibido en la transformación real de nuestro país. Por el contrario, son muchos los políticos y legisladores que han hecho negocios con los sectores y oportunidades que liberalizaron las reformas que ellos mismos aprobaron como en el caso de la luz, el fracking y hasta el petróleo y las gasolineras. Conocida y aprobada la norma y sus defectos, el camino para enriquecerse de las fallas resultaba evidente para ellos.

 

La elección de dos gubernaturas el año entrante además de la que más preocupa y ocupa al gobierno federal, la del Estado de México, acortan las posibilidades para que en el año legislativo que comenzó en septiembre de este año y el que entra, se logre la aprobación de diversas iniciativas que llevan años atoradas en el Congreso de la Unión.

 

En términos formales, el pacto cumplió la misión de aprobar las reformas estructurales para México. En términos reales, nos dejó un país en el que se crearon muchas fortunas de políticos que, a pesar de reírse abiertamente a la mitad del sexenio de Felipe Calderón de que el gobernador Peña pudiera ganar la Presidencia, se beneficiaron con ellas y con servir fielmente a este nuevo gobierno; con un país en el que la oposición no existe y se convirtieron en aplaudidores de las ingeniosas propuestas del gobierno federal, en pelearse el mérito de ser los primero en apoyar una propuesta presidencial para llevarse la estrella y los reflectores. Nos convertimos en un país con una casta de políticos superfluos, envilecidos y solamente interesados en su riqueza personal. Con políticos que entienden con dinero o a periodicazos.

 

El cierre de este año y el del sexenio de Enrique Peña Nieto no serán muy distintos. La gubernatura de su estado y de todos los cargos que se ponen en juego en 2018 harán muy complejo el cierre de este sexenio. La relación con Estados Unidos con Trump en la Presidencia, tampoco ayudará a México para el cambio de presidencia en 19 meses.

 

El balance de estos cuatro años de gobierno comenzaba con un Pacto por México que a todos esperanzaba pero que, en los hechos, a pocos ha convencido y no ha redituado en beneficio del país. Los dos años que vienen no auguran cambios trascendentes y, por tanto, se vislumbran más complejos y a la corrupción como la gran mancha de este sexenio.

 

@C_Humphrey_J

@OpinionLSR

 

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