Opinión

32 años después, la solidaridad de nuevo presente

Es momento que toda esa energía y potencial se traduzca ahora en una mayor exigencia para oxigenar la política y contar con mejores gobiernos

  • 21/09/2017
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Justo 32 años después del sismo con mayores consecuencias en la historia de nuestro país (nunca se conoció el número exacto de personas fallecidas y los daños se calcularon en aproximadamente 8,000 millones de dólares) y a tan sólo dos horas de que, como cada año, se realizara un macro simulacro para recordar ese trágico 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México se volvió a cimbrar causando también graves afectaciones en los estados de Morelos, Puebla y en menor medida en el Estado de México, Guerrero y Oaxaca.

Al momento de escribir este artículo, el reporte de la Secretaría de Gobernación era de 224 muertos, de los cuales 117 fueron en la Ciudad de México, 55 en Morelos, 39 en Puebla, 12 en el Estado de México, 4 en Guerrero y 1 en Oaxaca (las cifras difieren, pues, por ejemplo, otra información arroja 93 en la CDMX, 69 en Morelos y 43 en Puebla). Sin desestimar ningún caso, pues cada fallecimiento representa una pérdida irreparable qué lamentar, el que ha generado mayor conmoción es sin lugar a dudas el del Colegio Enrique Rébsamen en el que niñas y niños perdieron la vida al derrumbarse una parte del inmueble. Las crónicas de pequeños atrapadas bajo los escombros pidiendo auxilio o agua son simplemente desgarradoras.

En cuanto a los inmuebles colapsados así como el número de familias que perdieron su vivienda, aún es prematuro dar una cifra, pues la atención se ha centrado en las tareas de rescate. Recordemos que hace apenas 12 días, otro sismo impactó principalmente en los estados de Chiapas y Oaxaca con daños muy considerables que también se tiene que cuantificar. 

Aunque el sismo del pasado martes no se puede equiparar al de 1985, pues además de que fue de menor intensidad, a partir de entonces se han actualizado las normas de construcción, poco a poco se ha ido desarrollando una mayor cultura de protección civil entre la población y la capacidad de reacción de las autoridades ha sido muy distinta (en esa ocasión se quedaron pasmadas ante el desastre) disminuyendo por tanto las consecuencias; lo más destacable ha sido el gran espíritu de solidaridad que de nueva cuenta, como hace 32 años, ha demostrado la sociedad mexicana.

Por supuesto debemos reflexionar si realmente estamos preparados para afrontar estos fenómenos que no son previsibles y al parecer cada vez serán más frecuentes en tanto sigamos atentando contra la naturaleza. Pero las escenas en que miles de ciudadanos, principalmente jóvenes (a quienes seguramente no les tocó vivir el terremoto del 85) acudieron como voluntarios a las zonas de desastre para retirar los escombros sin otra herramienta que sus propias manos, dirigiendo el tráfico, llevando víveres, palas, ofreciendo sus casas, preparando comida, difundiendo información o repudiando a quienes han pretendido lucrar con la situación, ya sea políticos sin escrúpulos o mal vivientes que aprovecharon el descontrol para asaltar, explican, porque a pesar de todo este país sigue en pie.

El sismo del 85 provocó un despertar social que sacudió al sistema y 15 años después hizo posible la alternancia, es momento que toda esa energía y potencial se traduzca ahora en una mayor exigencia para oxigenar la política y contar con mejores gobiernos. 

@agus_castilla | @OpinionLSR | @lasillarota

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