Opinión

30 años del CEU

El CEU venció el miedo.

  • 30/10/2016
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Este lunes 31 de octubre se cumplen 30 años de surgimiento del Consejo Estudiantil Universitario (CEU). Ese movimiento estudiantil cimbró a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y a la capital del país, e influyó decisivamente en muchos cambios universitarios, en la cultura política nacional y en diversas transformaciones generales de la sociedad.

 

El CEU surge en respuesta a las reformas promovidas por el rector de la UNAM de aquel entonces, Jorge Carpizo, quien pretendía aumentar las cuotas de inscripción, eliminar gradualmente el pase automático del bachillerato a la licenciatura, e imponer un modelo único de evaluación a los estudiantes, afectando la libertad de cátedra. Dichas reformas, aprobadas el 11 de septiembre de 1986, constituían una amenaza de elitización de la Universidad Nacional, que dejaría fuera del beneficio de la educación superior a miles y miles de jóvenes de bajos recursos.

 

La protesta ceuísta ocurrió bajo el manto de terror que había dejado la represión sangrienta de 1968. Cualquier movilización estudiantil tenía sobre sí el fantasma del 2 de octubre. "¿Y si ocurre otro 2 de octubre?", se preguntaban los estudiantes de cada movimiento ocurrido después del 68. El CEU logró vencer el miedo, luchando con alegría. Los estudiantes salieron primero en una marcha de varios miles con antorchas del monumento a Álvaro Obregón hacia Rectoría; después varias decenas de miles del Parque Hundido a Rectoría y posteriormente del Parque de los Venados a Rectoría también. Más tarde, se movilizaría del casco de Santo Tomás hacia el Zócalo desbordando la principal plaza del país con jóvenes y adolescentes que reclamaban un espacio de esperanza y de futuro.

 

Apenas unas semanas después, repetiría la hazaña de llenar el Zócalo capitalino con cientos de miles. El CEU venció el miedo.

 

Aun cuando nació como un movimiento contestatario, en rechazo al más emblemático de los proyectos educativos neoliberales, logró mirar hacia adelante y construir un horizonte propositivo. Así reivindicó el diálogo público por el que lucharon los estudiantes del 68, obligó a la Rectoría de la UNAM a sentarse en la mesa del auditorio “Che Guevara” de la Facultad de Filosofía y a transmitir en vivo por Radio UNAM la discusión.

 

El CEU ganó el debate, y con ello dio naturaleza intelectual a su lucha. Derrotó a la alta burocracia universitaria en su propio terreno. Terminó por convencer a los estudiantes indecisos. Se ganó a la opinión pública. Así dio la más grande legitimidad a su lucha. En ese marco, propuso la realización de un Congreso Universitario para discutir y resolver en él, con todos los sectores de la Universidad, la reforma académica que se necesitaba, sin exclusiones ni imposiciones. Con ello demostraba que no sólo estaba en contra de la injusticia, sino que también estaba a favor de hacer transformaciones y cambios, pero decididos entre todos.

 

Entre enero y febrero de 1987, las dos grandes marchas al Zócalo, el triunfo en los diálogos públicos y la huelga estudiantil de dos semanas, dieron la victoria al movimiento. Las contrarreformas de Carpizo fueron suspendidas y se aprobó la realización de un Congreso Universitario. El 3 de diciembre de 1987 el CEU pasa la prueba de las urnas, siendo el primer movimiento estudiantil que logra su legitimidad no sólo en la movilización, sino también en la votación. Ese día se eligió por voto universal, directo y secreto a la Comisión Organizadora del Congreso Universitario, y la planilla del CEU obtuvo 75 por ciento de los votos.

 

En mayo de 1990 se realizó finalmente el Congreso en el cual se acordó la más amplia reforma académica que haya tenido la UNAM: consejos académicos por área, reformas de planes de estudios, diversificación de formas de titulación, posgrados basados en líneas de investigación, etcétera. Sin embargo, no se avanzó en la reforma de los órganos de gobierno.

 

El Congreso fue un pacto al que las autoridades se vieron obligadas por la comunidad, pues sus resoluciones se tomaron con las dos terceras partes de los votos. Eso dio garantía a todos y estabilidad a la Universidad.

 

El CEU también marchó por las calles apoyando la huelga del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) en 1987. Y en 1988 abrió las puertas de Ciudad Universitaria a Cuauhtémoc Cárdenas, forjando una identidad de los universitarios y la izquierda que perdura hasta nuestros días.

 

En el CEU se recrearon los valores de una izquierda con capacidad de triunfo. La movilización, el sentimiento de victoria, la alegría de cambiar la vida, el debate de las ideas, el pensamiento universitario, la negociación, el diálogo, la reforma académica, la solidaridad, el proyecto nacional, la resistencia, el ejercicio reflexivo, el voto, todos esos elementos configuraron su identidad.

 

El CEU ganó en las calles, ganó en el debate, ganó en las urnas, ganó en la negociación. Hoy la UNAM, esencialmente, sigue siendo una universidad pública y gratuita. Se lo debemos en buena medida al CEU y a quienes después defendieron una educación para todos sin discriminación de clase a finales de los 90.

 

Los dirigentes, los activistas, los militantes de ese movimiento, han compartido responsabilidades en diversos ámbitos de la vida social y política de México en los últimos 30 años. Muchos como legisladores, otros como funcionarios públicos, otros más como dirigentes partidistas, en los medios de comunicación, en las organizaciones de la sociedad civil, en los movimientos populares, también muchos en la vida cultural y, por supuesto, en la academia y en las estructuras universitarias.

 

La generación del CEU en su momento ayudó a la educación pública, a la izquierda mexicana, y ha influido en el cambio político que está viviendo México.  Algunos de los que participaron en ese movimiento han cambiado de bando, otros más se retiraron de la lucha política pero la inmensa mayoría sigue luchando por los ideales de democracia, igualdad social y libertad que le dieron vida a este movimiento.

 

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