Opinión

3 caminos que llevan al PAN al precipicio

Roberto Rock L.

  • 28/08/2017
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Una compleja suma – quizá una coalición – de intereses internos y externos, condimentada con la miopía y el egocentrismo de muchos personajes, parece orientar al Partido Acción Nacional (PAN) a una debacle histórica en las elecciones presidenciales del próximo año. 

Estas son apenas 3 de las rutas que el panismo ha determinado cursar,  que lo empiezan a hundir en las encuestas electorales y lo ubican en un débil tercer lugar, cada vez más lejos de Los Pinos, desde donde ya gobernó en dos ocasiones sucesivas (2000 - 20006 y 2006 - 2012). 

1.- La base social extraviada. Estado por estado, en cada elección local reciente, el PRI no es el único que encaró este año una sangría en su caudal de votos, en beneficio de Morena, que preside Andrés Manuel López Obrador.

En el Estado de México y Veracruz, por mencionar sólo dos entidades con una reserva tradicional de sufragios a favor el PAN, esa base social está migrando hacia Morena o ausentándose de las urnas. Resulta sorprendente analizar, por ejemplo, la ocurrido en el llamado “corredor azul” mexiquense (Huixquilucan, Naucalpan, Atizapán, Tlalnepantla), que en la pasada elección para gobernador se volcó en favor de Delfina Gómez, la candidata de Morena. 

La apuesta de López Obrador por la Presidencia de la República no es ya sólo recoger el mayor número de votos en las plazas con tradición de cercanía con la izquierda, sino capitalizar el nuevo flujo de simpatía ciudadana en donde jamás tuvo penetración, lo mismo Guanajuato que Coahuila, Chiapas, Nuevo León o Sinaloa, por mencionar algunos. 

El PAN, que hoy preside Ricardo Anaya, enarbola la causa del Frente Amplio Opositor, un proyecto sostenido con alfileres, pero que si logra ser consumado, lo alejará más de su electorado, que ve con reticencia un “matrimonio espurio” con el PRD. Es válido preguntarse: ¿Qué es más probable?, que los panistas tradicionales se sumen a una alianza con el PRD, o que vean con mejores ojos a un PRI que postule a un candidato que trabajó en los gobiernos panistas y al que apoyan los empresarios y los financieros, como José Antonio Meade, secretario de Hacienda. Quizá el PRI sabe que la batalla final será con López Obrador, pero quiere llegar a ella llevando en las alforjas una porción suficiente de “voto útil” de los panistas.

2.- La contienda interna. La dilatada pugna al interior del PAN entre los tres principales aspirantes a la candidatura presidencial anticipa que ese partido podría llegar exhausto y fragmentado a la recta final de la competencia. Si el 2018 ya está entre nosotros, alguien debe avisarle al dirigente panista, Ricardo Anaya, que es mejor no seguir consumiendo los activos del partido en su causa egoísta, casi mesiánica, sino garantizar un piso parejo, del que el partido salga fortalecido. Ello debe obligarlo a dejar la dirigencia de inmediato

Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle, sus dos principales contendientes, podrían acabar siendo derrotados si se produce una imposición del “aparato” panista, controlado por Anaya, pero se trataría de una victoria pírrica que sólo atraería un desfondamiento del PAN en diversas regiones del país y corrientes completas del blanquiazul apáticas, esperando la debacle de Anaya, o de plano trabajando para otra causa.

3.- El clóset de Ricardo Anaya. El dirigente nacional de PAN lleva en la frente dos sellos muy notables, por encima de otros: riqueza inexplicable y colección de traiciones. Ello se suma a una arrogancia sin límites, que le impide incluso atender personalmente peticiones de gobernadores panistas, legisladores federales o dirigentes estatales, tarea que delega en mandos secundarios del PAN, como el secretario general, el sonorense Damián Zepeda, o Santiago Creel.  

La más reciente de sus obsesiones es presentarse como el opositor más legítimo al gobierno Peña Nieto, pese a los múltiples testimonios de sus mansedumbre política, de sus largas estadías en las salas de espera de Los Pinos y de la Secretaría de Gobernación. 

Todo ello integra un abarrotado clóset de cadáveres del político de Querétaro, donde hace 20 años inició una trayectoria harto cuestionada.

En el cierre de la semana, Anaya emprendió un ciclo de conferencias de prensa para decirse amenazado por el PRI y el gobierno, alegando que ello se debe a que, como líder nacional panista, alentó a la Comisión Permanente del partido a determinar que su bancada en el Senado evitará el ”pase automático” del actual procurador de la República, Raúl Cervantes, a ser el próximo fiscal general, como lo prevé un artículo transitorio de la reforma constitucional de 2014, que crea esa fiscalía. 

El dirigente panista sostiene que un reportaje del diario “El Universal” forma parte de los ataques en su contra, pero no reveló que ese diario le ofreció antes de la publicación, la oportunidad de rectificar señalamientos o datos. Anaya amenazó con demandar al periódico, pero sus abogados lo han advertido que puede acabar siendo exhibido como mentiroso, dentro y fuera de su partido. 

Anaya ha omitido mencionar que esa reforma, con el “pase automático” incluido, fue apoyada en diciembre de 2014 por la fracción del PAN en la Cámara de Diputados, cuando él era integrante de la misma y, adicionalmente, se desempeñaba como dirigente nacional panista interino. En esa época contaba con el apoyo incondicional del líder, Gustavo Madero, al que posteriormente traicionó.

Este es el contexto que vive el PAN de Anaya hoy. Si no emprende un viraje inmediato, con apego a los ejes que durante décadas lo hicieron una institución sólida y confiable, acabará cayendo en el abismo al que parece dirigirse.

rockroberto@gmail.com