GUERRA EN GAZA

Tierra prometida; genocidio

Los datos horripilantes sobre la guerra en Gaza presentados por Sudáfrica son abundantes. | Jorge Faljo

Escrito en OPINIÓN el

Sudáfrica acusó a Israel de cometer genocidio contra el pueblo palestino ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el principal órgano judicial de las Naciones Unidas y, por lo tanto, del planeta. La CIJ fue creada tras la segunda guerra mundial, a la par que la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Se instituyó el 6 de febrero de 1946 y se integra por 15 jueces de distintos países, elegidos por votación de la Asamblea General. Si en un conflicto específico los países en disputa no tienen un connacional en la Corte tienen el derecho de nombrar un juez adicional. Tanto Israel como Sudáfrica han nombrado un juez adicional. En estos momentos la Corte es presidida por una abogada norteamericana.

La acusación que hace Sudáfrica es gravísima. No solo por la seriedad del crimen sino porque se trata de un conflicto en marcha en el que cada día que pasa se agrava la situación de la población de Gaza. Previa a la denuncia formal Sudáfrica hizo repetidos llamados ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y el gobierno de Israel para un cese al fuego sin conseguir algún por parte de Israel y las potencias occidentales que lo sostienen.

Los representantes de Sudáfrica expusieron detalladamente múltiples atrocidades cometidas por el gobierno y el ejército de Israel. Imposible referirse a todas ellas, accesibles en los videos y transcripciones oficiales que hace la propia Corte.

Destacan en la acusación la evacuación forzada de millón y medio de personas del norte al sur de la franja de Gaza, haber señalado rutas de evacuación y lugares de destino supuestamente seguros que también fueron atacados; la muerte, hasta el momento, de más de 23 mil palestinos, en su mayoría mujeres y niños, y la desaparición de otros siete mil; el bombardeo indiscriminado de áreas densamente pobladas y el bombardeo de precisión contra las  infraestructuras civiles de agua, electricidad, hospitales, escuelas, mezquitas e iglesias, ambulancias y medios de transporte. El 70 por ciento de los edificios han sido destruidos. Toda Gaza se ha vuelto inhabitable.

Las muertes por sed, hambre y enfermedades superan ya los impactos directos de bombas, tanques y armas de fuego. El control israelita es total por tierra, aire y mar. La carencia de combustible y por ende de electricidad, así como de material hospitalario, anestésicos y medicinas ha destruido la posibilidad de atención hospitalaria u obliga a operar sin anestésicos.

Los datos horripilantes presentados por Sudáfrica son abundantes. Tal vez los peores fueron los mencionados por Blinne Ní Ghrálaigh, abogada irlandesa integrante del equipo legal sudafricano. Señaló que muchos de los desaparecidos están sufriendo una lenta, dolorosa y desesperada agonía bajo los escombros; se dispara y se tortura a los civiles de manera indiscriminada; numerosos cadáveres son devorados por animales; citando al programa mundial de alimentación el 80 por ciento de las personas en situación de hambre catastrófica están en Gaza; cada día mueren en promedio 170 niños, tres médicos, dos maestros, un empleado de las Naciones Unidas y un reportero muchos de ellos por ataques de precisión a las viviendas de sus familias o sus lugares de refugio. Cientos son heridos en más de una ocasión cuando se trasladan desesperadamente en busca de ayuda o refugio. Cada día a 10 niños se les amputa una o las dos piernas, muchas veces sin anestesia. Cada día se destruyen 3 mil 900 viviendas. Se apunta en contra de aquellos que tratan de rescatar a los enterrados bajo los escombros.

Son espeluznantes los hechos presentados ante la Corte Internacional de Justicia. Lo peor de la acusación sudafricana es que la masacre se hace con plena intención, declarada en múltiples ocasiones, de genocidio.  Tanto el primer ministro de Israel, como el presidente del Estados, algunos de sus ministros, altos funcionarios públicos y militares son citados de manera irrebatible debido a que expresaron sus intenciones ante los medios: radio, televisión, periódicos. Todos las podemos ver. Sus declaraciones pregonan el exterminio o la expulsión total de la población palestina empleando, entre otros medios, el hambre, la sed y las enfermedades, además de la destrucción de infraestructura y viviendas. Se califica continuamente a los palestinos de “animales humanos”.

Destaca el llamado de Netanyahu, el primer ministro de Israel, a la destrucción de los “amalekitas”. Es una referencia bíblica. Desde la antigüedad los antepasados culturales de los israelitas justificaron su agresión y exterminio de otros pueblos escribiendo en su biblia que Yahweh, supuestamente dios, (según otros un alto comandante militar), les regaló la tierra prometida. Para ello había que conquistarla y la orden fue matar a todos los hombres, mujeres, niños, bebés, burros, camellos, todo ser viviente de los descendientes de Amalek y de todos sus enemigos. Este retorcido imaginario es pilar fundamental de la ideología del estado de Israel y de muchos cristianos evangélicos, sobre todo norteamericanos. Esa vieja instrucción de genocidio que se puede encontrar en cualquier biblia es la justificación moral (¿?) de décadas de robo y opresión sobre el pueblo palestino.

Volviendo al alegato sudafricano, este afirma que los llamados al genocidio no fueron expresiones retóricas, sino que dirigieron las acciones de sus soldados. Tal vez por primera vez en la historia, la acusación está respaldada por miles de videos subidos a los medios sociales (Tik Tok, Instagram y demás) por los soldados israelitas en los que repiten los slogans de los dirigentes y muestran atrocidades como actos heroicos.

Hay mucho de novedoso en lo que ocurre. La gravedad de los hechos y que suceden en tiempo real; que la acusación se documenta con declaraciones públicas auto incriminatorias. Muchos dudan que, tras la audiencia preliminar, la Corte acepte la acusación e inicie el proceso. Israel señala que Sudáfrica no puede demandar porque no es parte del conflicto Lo más probable es que se tome semanas para decidir y en ese tiempo, tras bambalinas no dejarán de existir enormes presiones sobre los jueces, que, al fin y al cabo, son seres de carne y hueso. Pero si la Corte no acepta proseguir su legitimidad quedará en entredicho.

La acusación no atañe solo a Israel, sino a sus aliados proveedores de armas que, de acuerdo a la Convención contra el Genocidio podrían ser considerados cómplices. Es decir que la acusación ya desmorona y amenaza destruir el estatus de supuesta superioridad moral de occidente.

Es una acusación desde un país que no es potencia, que lo hace desde la estatura moral de haber sido víctima y haber triunfado contra el apartheid. Pero que lo haya hecho no habría sido posible fuera del profundo cambio geopolítico que vive el mundo. La CIJ será muy probablemente el espacio de una confrontación no solo jurídica y moral sino geopolítica entre occidente y un tercer mundo cada vez más fuerte y audaz.

Convienen dos aclaraciones. No todos los israelitas están de acuerdo con lo que hace su gobierno. Un congresista de Israel y periodistas de renombre han declarado estar de acuerdo con la acusación. Además, entre los más destacados opositores a esta guerra se encuentran numerosos judíos y organizaciones judías de todo el mundo.

Jorge Faljo

@JorgeFaljo