AAUTOCRACIA

La autocracia mexicana

Estamos hoy, claramente, experimentando un régimen autocrático en toda forma. | Fausta Gantús

Escrito en OPINIÓN el

Autocracia y autocrítica son palabras que se parecen pero que no se llevan para nada entre ellas porque un autócrata nunca ejercerá la autocrítica y quien es adepto o adepta de un régimen autocrático tampoco lo hará, ya por incapacidad solidaria, como es el caso de quienes auténticamente creen, esto es, están verdaderamente ideologizados, comparten un credo; ya por mezquindad del privilegio de quienes obtienen algún tipo de provecho o retribución, desde un puesto en el aparato burocrático o un cargo de “representación” hasta algún tipo de compensación económica; mercenarios, se les llama “en buen castellano”.

¿Podemos admitirlo ya o hemos de seguir jugando a que vivimos en democracia? “Porque pueden decir lo que quieran y pueden salir a marchar sin que se les reprima”, argumentan los corifeos del gobierno para descalificar cualquier manifestación de descontento o disenso, pero que en realidad debe leerse como dádiva graciosa que la autoridad nos concede y, quienes de ella nos beneficiamos, deberíamos de agradecerla con humildad. Aceptarla como concesión implicaría olvidarnos que este país se forjó en las luchas contra el poder: contra el dominio español, contra la ocupación estadounidense, contra el imperio francés, contra el propio régimen de gobierno interior y contra muchas otras formas de poder. 

Pues sí, gústele a quien le guste y disgústele a quien le disguste, el derecho a la libre expresión de las ideas y las opiniones, ya sea expuestas de manera verbal o por escrito, así como la libre manifestación a través de la ocupación del espacio público con el propio cuerpo, son derechos de los cuales gozamos porque la población ha venido luchando por ellos desde hace más de 200 años y seguiremos luchando, y están garantizados por la Constitución y las leyes –aunque haya quien piense que la Carta Magna se puede reformar a modo cuantas veces lo desee quien gobierna y que las leyes, en realidad, no tiene ningún valor–.

Pues sí, es hora de decirlo con todas sus letras: estamos hoy, claramente, experimentando un régimen autocrático en toda forma. Para quienes no tienen muy fresca en la memoria la definición del concepto, les paso el “acordeón”: régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad. (Ay, me olvidé las comillas, la RAE perdone, pero es “sólo/solo una travesura”, es “sólo/solo un error de citación”). Y, por cierto, el “acordeón” era –no sé si continúa siendo– un término para designar una forma de hacer trampa en la escuela que escandalizaba a las familias y al profesorado y cuyo uso hoy, en la lógica del régimen, puede ser el inicio de una destacada trayectoria que puede conducir a ser ministra/o en la SCJN, en la dirección de un centro de investigación o la fiscalía de la República, entre otras muchas posiciones.

En fin, que en esta nueva autocracia mexicana la oligarquía que acompaña al autócrata está constituida por la nobleza de los honestos y los leales; el título nobiliario lo define el autócrata, quien decide quién forma parte de la corte, otorgando título de nobleza, fincado en los principios de lealtad y honestidad. Y aunque las pruebas evidencien la deshonestidad del leal o la leal, el autócrata podrá convertir, mediante su perdón, al impío/a en probo/a. Para muestra unos botoncitos: Félix Salgado Macedonio exculpado de violentar mujeres y Pedro Salmerón de acosarlas; Delfina Gómez exonerada de cobrar diezmo, Layda Sansores y Ana Gabriela Guevara de desfalco; Luis Crescencio perdonado por obtener, supuestamente en la tercera parte de su valor, un departamento de 30 millones de pesos, el hijo por vivir en una casa gris de un importante proveedor, o Manuel Bartlett de tener 80 propiedades; disculpados los hermanos López Obrador de recibir sobres con dinero y de hacer lo propio con fajos de billetes el ya casi olvidado René Bejarano y más recientemente Rocío Abreu, Raúl Pozos y Armando Toledo; y, por supuesto, absuelta Yasmín Esquivel de plagiar sus tesis, igual que de otros plagios José Antonio Romero y Alejandro Gertz Manero. Las referencias sobran y cada día se actualizan.

En esta nueva autocracia el clero católico es sustituido por la comunidad evangélica y se hace alianza con algunas sectas como la Luz del Mundo –hasta se le rinde homenaje a su líder en el más importante espacio cultural de este país, el Palacio de Bellas Artes, aunque éste/este sea un pederasta. Y los militares, bueno, los militares siguen siendo los militares y para tenerlos contentos se les otorga una serie interminable de concesiones que les permiten infiltrarse, perdón, formar parte de todos los sectores de la vida pública. Por supuesto, en esta autocracia no podía faltar un partido, un partido que es EL partido, el que tiene la verdad y representa al pueblo verdadero, verdaderamente; porque ya se sabe que los otros partidos no representan al pueblo y si representan algún tipo de pueblo es al pueblo malo, corrupto, conservador, neo-liberal.

Alguien estará pensando: Que no, que no estamos viviendo una autocracia, eso es exagerado, porque para que un régimen político pueda ser definido como una autocracia es imprescindible que se afirme en el “derecho divino” y este no es el caso; aunque alguno de sus corifeos lo haya querido comparar con un mesías como Jesucristo reconociéndole así el “derecho divino” a ocupar la presidencia. 

Pero, siempre hay un pero, el otro principio fundamental para identificar una autocracia cuando no se sostiene en el divino derecho, es el de la superioridad moral del líder y eso pues… “Tenemos autoridad moral” (26 octubre 2018); “Yo tengo autoridad moral” (26 marzo 2019); “Voy a mantener siempre mi autoridad moral” (21 agosto 2020); “Tengo autoridad moral” (2 septiembre 2021); “Tengo un escudo protector, mi autoridad moral” (15 marzo 2022). O también: “Con los video escándalos […] ha ganado autoridad moral” (1 diciembre 2021); “México tiene peso porque tiene autoridad moral […] Tiene prestigio moral el gobierno” (10 enero 2022). En fin, que gobiernan quienes gobiernan “porque tenemos autoridad moral” (19 mayo 2023).

Ah, bueno… Podría continuar, porque la lista de referencias a la “autoridad moral” del líder y sus adalides es largíííííísimaaaaa, pero me parece que ya se entendió el asunto: ¿en qué se basa/sostiene esta nueva autocracia? Porque autocracia es, aunque no se quiera así nombrar.

* Fausta Gantús

Escritora. Profesora e Investigadora del Instituto Mora (CONACYT). Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes en Ciudad de México y en Campeche. Autora del libro “Caricatura y poder político. Crítica, censura y represión en la Ciudad de México, 1867-1888”. Coautora de “La toma de las calles. Movilización social frente a la campaña presidencial. Ciudad de México, 1892”. Ha coordinado trabajos sobre prensa, varias obras sobre las elecciones en el México del siglo XIX y de cuestiones políticas siendo el más reciente el libro “El miedo, la más política de las pasiones”. En lo que toca a la creación literaria es autora de “Herencias. Habitar la mirada/Miradas habitadas” (2020) y más recientemente del poemario “Dos Tiempos” (2022).