AMÉRICA LATINA EN LA NUEVA GUERRA FRÍA

Pragmatismo de los nuevos no alineados en la nueva Guerra Fría

Quizá un buen comienzo para continuar el pragmatismo de los nuevos no alineados en la nueva Guerra Fría sea cooperar en torno a temas de poder blando con iniciativas. | Alicia Fuentes

Escrito en OPINIÓN el

En la entrega pasada se planteó la interrogante de que si para los países latinoamericanos había llegado el momento de tomar partido en un clima creciente de “nueva Guerra Fría”. Es posible que los convulsos tiempos de hoy den a entender que América Latina y el Caribe deban elegir entre Estados Unidos y China en su disputa por una hegemonía económica, pero en una región con sus propios problemas internos, ya sea en conjunto o individualmente, parece imperar más el pragmatismo.

Es cierto que el predominio estadounidense en la región imperante en la mayor parte del siglo XX poco a poco se fue diluyendo y su atención política y económica se centró en su vecino del sur, México; en Colombia como foco contra el narcotráfico y la guerrilla; y en Brasil como potencia subregional. Pero sin proponérselo, Estados Unidos cedió espacio a China que, desde el año 2000, ha incrementado sus inversiones en productos básicos e infraestructura convirtiéndose no sólo en el socio comercial más importante de muchos países de América Latina, también se ha ganado un mayor compromiso diplomático y de desarrollo con la región, superando tanto a Estados Unidos como a la Unión Europea.

Así, en el contexto de la nueva Guerra Fría, la contienda ideológica y económica entre Estados Unidos y la URSS que derivó en un sistema internacional bipolar parece estar siendo sustituida por un pragmatismo en la política exterior de los diversos actores que han observado el rápido ascenso de China como el principal polo del crecimiento económico mundial; dicho pragmatismo, pese a las ideologías que pudieran ostentar los dirigentes actuales, está haciendo de lado las lealtades políticas y económicas que prevalecieron entre los países que se alineaban a estadounidenses o soviéticos durante la pasada Guerra Fría.

Actualmente, el conflicto entre Rusia y Ucrania que va por su segundo año, el reacomodo de los mercados energéticos, el control de los mercados de inversión y comerciales, así como las pugnas en temas tecnológicos y de comunicaciones están llevando a Washington y Pekín a hacerse de aliados para equilibrar la balanza a su favor. En este contexto, los países de América Latina y el Caribe parecen correr el riesgo de quedar atrapados en una competencia cada vez más abierta, situación que podría ser sopesada a través de una integración regional que se antoja esquiva y muy lejana.

Sin embargo, a diferencia de la Guerra Fría entre estadounidenses y soviéticos, el pragmatismo ahora intrínseco en la política exterior de cada país latinoamericano está ganando terreno para dar paso a un “no alineamiento” en la confrontación entre Estados Unidos y China con el propósito de defender sus intereses y mantener su neutralidad. Por ejemplo, México está impulsando un frente común en América Latina contra la inflación que, según el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, podría constituir una solución regional para combatir la carencia de productos básicos y reducir sus costos; mientras que Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, aboga por adoptar una moneda común con Argentina, medida que se suma a la propuesta de paz para Ucrania que anunció en enero pasado. En tanto, Argentina, Brasil, Colombia, Chile y México han rechazado la oferta estadounidense de sustituir su armamento actual por uno más moderno para que el primero sea enviado a Ucrania. Este tipo de iniciativas y medidas ilustran no sólo el pragmatismo para la creación de soluciones locales y fortalecerse en un escenario internacional que se acerca cada vez más a una polarización de alianzas globales, también dan muestra de cómo América Latina podría mantener una posición no alineada en las pugnas entre Estados Unidos y China, así como entre Rusia y Ucrania, aunque esto aparente un revés para los estadounidense y europeos.

Pero más allá de la inmediatez en responder las exigencias externas, es posible que el pragmatismo esté sacando a la luz una realidad de las mayoría de los gobiernos latinoamericanos, la carencia de prioridades claras en materia de política exterior. Hoy, más que en la Guerra Fría anterior, el pragmatismo los hace parecer oscilantes entre estrechar lazos con el imperialismo estadounidense, estigma eterno de la región; una proximidad con los rusos o, simplemente por no contrariar a los chinos

Los mandatarios latinoamericanos actuales parecen omitir que un componente fundamental de la política exterior en un mundo multipolar es la diversificación de las relaciones con otros lo que lleva a disminuir el riesgo de negociar sólo con Estados Unidos, Europa o China, al tiempo que favorece la creación de espacios para afrontar las amenazas globales del siglo XXI y también los aleja de quedar atrapados en el saqueo de recursos naturales como ocurrió en el pasado, quizá un buen comenzó para continuar el pragmatismo de los nuevos no alineados en la nueva Guerra Fría sea cooperar en torno a temas de poder blando con iniciativas como la mexicana del frente común contra la inflación, o bien la brasileña de moneda común, que favorezcan el flujo comercial regional.