PANDEMIA Y CRISIS

Junto con el covid, terminó el sueño del mundo mejor y dejó una crisis profunda

El ser humano volvió hacer sentir su peso al retomar sus actividades cotidianas. | Ismael Jiménez

Escrito en OPINIÓN el

Atrás quedaron las voces y buenas intenciones que difundían que, de la pandemia, debía surgir un mundo mejor, más comprometido con el desarrollo humanitario y respetuoso del medio ambiente. Esos sucesos, deberían dar paso a una época de paz, unidad e igualdad planetaria.

Nada de eso pasó, la historia dice que, a una crisis humanitaria, le sigue una económica, política y social y que, derivado de eso, surgieron las guerras de las que, tenemos memoria.

Hoy, tenemos una crisis que inició con el gran paro que sufrió la economía global a causa del confinamiento, a la que le siguió la crisis de suministros, para luego pasar la energética empujada por la guerra en Ucrania. Con las quiebras de bancos en semanas pasadas, se abre un capítulo más en una crisis que poco a poco se agudiza.

En lo político y lo social, los conflictos y las manifestaciones que brotaron con fuerza en Francia, Alemania, España, Reino Unido e Israel, dejarán una huella con consecuencias más allá de las causas que les dieron origen en cada nación. Mientras que, las crisis de los países latinoamericanos, por momentos acusan una inestabilidad que podría propagarse en toda la región.

Oriente Medio y África viven en constante agitación política y social por lo que tal vez pasen desapercibidos en el mapa de la geopolítica global, pero su papel será fundamental en la reconfiguración mundial que arrancó con el inicio del confinamiento global en el 2020. Asia y Eurasia por su parte, se preparan para evitar que la región se desestabilice, aunque los planes y objetivos de la OTAN parece apuntar hacia el lado contrario, con lo que la amenaza de que la guerra de Rusia y Ucrania, se extienda más allá de sus fronteras, parece cada vez más latente.

El idealismo de un mundo mejor como resultado de un acicate natural contra la humanidad, hizo soñar a algunos de que era el momento de un “gran cambio”, que impulsara a todas las naciones a trabajar en un mismo fin. Nada más idílico que eso pues, aunque algunos se maravillaron con la aparición de algunas especies ante el silencio y el paro de los seres humanos en las ciudades, el sueño terminó en cuanto acabo el confinamiento. La aparición de vuelta del homosapien para dominar su selva de asfalto, volvió con mayor fuerza bajo la idea primigenia de recuperar el tiempo y espacio perdidos durante los poco más de 18 meses que duro el encierro.

Los niveles de emisiones de CO2, rompieron sus récords durante 2021 y 2022 con respecto a sus previos inmediatos, y la sobre demanda de todo tipo de bienes y servicios, provocó parte de la crisis económica que estamos viendo en donde los grandes bancos europeos y estadounidense, están quebrando bajo el riesgo de que las quiebras, aún no terminen.

De esta forma, el ser humano volvió hacer sentir su peso al retomar sus actividades cotidianas, aunque haya empresas que dicen que su personal labora de manera híbrida. La realidad se palpa todos los días en las calles congestionadas por el tráfico, mientras que, los principales centros turísticos de todo el mundo, lucen abarrotados.

Pero es la economía “estúpidos” vociferarán algunos, y tienen razón, es precisamente el poder económico el que terminó con el sueño de un mundo mejor pasada la pandemia y el que nos acerca cada vez más a un escenario de crisis y guerra sin retorno y de la que, quizás nadie, tiene cabal claridad de cuál será su resultado.