DÓLAR E INFLACIÓN

Dólar barato, vida cara

De nada sirve un dólar barato con vida cara; no es que uno desee ver el dólar a 25 o 30 pesos; sino ver un peso fuerte. Presumir lo uno, sin tener lo otro, es espejismo puro. | Carlos Gastélum

Escrito en OPINIÓN el

Cada administración busca sus propios parámetros de éxito según el tema que se trate. En materia económica, este gobierno ha buscado pararse el cuello con indicadores que, o bien no pueden atribuirse específicamente a su gestión, como el flujo de remesas, o que poco tienen que ver con la vida común del grueso de la ciudadanía. En el caso del tipo de cambio peso dólar, se reúnen ambas características.

La semana pasada, el dólar tocó el piso de los 18.50 pesos por unidad, el mejor desempeño de la moneda en años. En las redes sociales, principalmente en Twitter, se lee el entusiasmo de los propagandistas oficiales, con o sin cargo en el gobierno, haciendo burla de los críticos de López Obrador que pronosticaban una devaluación estrepitosa del peso de ganar el hoy Presidente de la República en 2018. 

Con la satisfacción propia de quien echa en cara el error ajeno, día a día que el dólar pasaba de los 18.90, 18.70 y hasta los 18.50, los defensores tuiteros se agasajaban frente a quienes dijeron que con AMLO el tipo de cambio se iría hasta los 25 pesos por unidad. Ese escenario, por cierto, sí ocurrió durante los inicios de la pandemia, pero más por razones globales que meramente por la política económica nacional. 

Lo interesante es que estos voceros no explican los motivos detrás de la situación cambiaria, pero sí diagnostican apasionadamente que la economía va bien, porque el peso va bien. Hace un par de años, dijeron lo mismo cuando el litro de la gasolina llegó a estar hasta en 15 pesos, pero ahora que está a más de 24 pesos el litro ya se les olvidó, y buscan otros indicadores para anunciar las buenas nuevas económicas.

Más aún, cuando son cuestionados sobre sus dichos, reviran con argumentos simplistas como decir que muchos desearían que el dólar estuviera por los cielos, a costa del bienestar general, solo para que la historia les hubiera dado la razón. 

Francamente, lo que vemos son debates ligeros ante realidades duras. Está, por ejemplo, la o el jefe de familia que debe alimentar a un grupo de cinco con un ingreso por debajo de los diez mil pesos mensuales. No pertenece, en sentido económico, a un grupo en situación de pobreza, pero tampoco a la población objetivo que esté pensando en adquirir dólares para irse de paseo al extranjero o jugar con la especulación cambiaria.

A ese jefe o jefa de familia lo que le interesa es para qué le va a alcanzar su ingreso cuando vaya a surtir la despensa, a llenar el tanque de gasolina si tiene coche, o cuando deba comer fuera por necesidad. Y en esas dimensiones, el debate de que si la economía nacional está pujante gracias al tipo de cambio termina siendo ridículo.

Como apenas vimos, la inflación del mes anterior casi llegó al 8%, pegando todavía de manera intensa al sector alimentos. La gripe aviar en Estados Unidos, que ha implicado sacrificios cuantiosos, ha alterado el mercado del huevo duramente. En México, el kilo de producto llegó a casi los 50 pesos en la capital, un repunte de casi un tercio de su precio en cuestión de meses. 

Pero también está el maíz, la carne que cada vez más se acerca a producto de consumo de lujo, y el constante aumento del precio de la leche. A esto se suma que la gasolina ronda los 23 y 25 pesos, con subsidio, y cuyo impacto en toda la cadena de suministro genera una erosión del poder adquisitivo en cada tramo desde la producción hasta el consumo final.

Entonces, salvo que uno tenga capacidad económica para comprar un montón de dólares y jugarle al forex, es falso el debate de que el tipo de cambio es el indicador máximo de la fortaleza económica en México. De nada sirve un dólar barato con vida cara. No es que uno desee ver el dólar a 25 o 30 pesos; sino ver un peso fuerte, y ver también gente yendo al mercado con dinero que le alcance. Presumir lo uno, sin tener lo otro, es espejismo puro.