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Militarización ¿para qué?

Sin programas estratégicos de combate a la delincuencia, la actuación de la Guardia Nacional es propia de regímenes autoritarios. | Adolfo Gómez Vives

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Escrito en OPINIÓN el

El inmueble que otrora ocupara el emblemático restaurante San Pedro, ubicado en la calle de Niños Héroes número 84, en San Pedro Atocpan, alcaldía de Milpa Alta, se ha convertido en la sede transitoria de la Guardia Nacional en dicha demarcación. Sobre la calle, los militares han colocado conos de señalización, que estorban el tráfico de la principal vía de acceso al pueblo. Permanecerán allí mientras se construye su cuartel.

En el ínterin, Milpa Alta ha comenzado a registrar un incremento notable en el número de secuestros, particularmente de mujeres jóvenes. Para los lugareños, el arribo de la Guardia Nacional y el incremento de estos delitos son hechos relacionados.

La explicación de los milpaltenses es que el fenómeno delictivo surge para justificar la presencia de las fuerzas armadas en dicha demarcación, una de las que tiene los índices delictivos más bajos de toda la Ciudad de México.

Datos de la desaparecida Fiscalía Especializada en la Búsqueda, Localización e Investigación de Personas Desaparecidas, señalan que de 2012 a 2019 se registraron 103 casos de desaparición de mujeres en Milpa Alta, lo que representa la cifra más baja de todas las alcaldías de la capital, con 0.94 por ciento.

En el mismo periodo, en Iztapalapa se reportaron 2 mil 177 casos, lo que representa el 19.88 por ciento de los registrados en la Ciudad de México, mientras que en Gustavo A. Madero ocurrieron mil 378 hechos, equivalentes al 12.59 por ciento. Estas cifras prueban que no hay comparación entre lo que ocurre en Milpa Alta con el resto de las alcaldías.

Según el Boletín Estadístico de la Incidencia Delictiva en la Ciudad de México, durante el mes de diciembre de 2021, la alcaldía Cuauhtémoc registró 3 mil 156 delitos —la mayor cantidad de toda la Ciudad de México—, mientras que Milpa Alta sólo consignó 212 —la menor cantidad—, de un total de 18 mil 917 delitos cometidos durante ese mes.

En otra latitud, en Comitán, Chiapas, los elementos de la Guardia Nacional se placean frente a los improvisados puestos en vía pública, en los que se vende huachicol; inclusive se saludan, lo que prueba la connivencia de los “elementos del orden” con quienes delinquen.

Un análisis de México Evalúa, señala que las coordinaciones territoriales de la Guardia Nacional no coinciden con las zonas de mayor letalidad en el país, por lo que se pregunta: “¿cuál es entonces su misión?”.

La Guardia Nacional sólo tiene presencia en el 25 por ciento de los municipios que registran la mayor cantidad de homicidios, lo que demuestra el “desaprovechamiento de los recursos” presupuestados para el combate al delito de homicidio, pero más preocupante aún, el empleo de la Guardia Nacional como elemento disuasivo de la movilización social.

En el análisis intitulado Militarización en la 4t, 2018-2020, realizado por la Universidad Iberoamericana, se concluye que la Guardia Nacional “es una organización de mando e identidad primariamente militar, sin controles civiles independientes o garantías de supervisión civil de su actuación en el campo, y con facultades propias de las policías civiles”.

A finales del año pasado, vecinos del barrio San Lucas, en la alcaldía de Coyoacán, manifestaron su rechazo al establecimiento de un cuartel de la Guardia Nacional y una sucursal del Banco de Bienestar en el predio conocido como El Parián.

Y aunque la jefa de Gobierno de la Ciudad de México diga que las actuaciones de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano en tareas de seguridad pública no significan “la militarización” del país, lo cierto es que contravienen lo establecido en el artículo 129 constitucional, además de que fortalecen la cultura del miedo y la mano dura, propia de regímenes totalitarios.