Opinión

2021, el año de…

365 días de reflexión a nivel internacional y nacional debido a las efemérides o a los temas de la agenda pública internacional. | Leonardo Bastida

  • 02/01/2021
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Desde hace meses, unas de las frases más comunes repetidas en constancia y resonancia era la de la “urgencia” de la finalización del año 2020 debido a la complejidad del mismo, con motivo de la mayor pandemia vivida en nuestra era contemporánea, con un sinfín de vaivenes desatados al ponerse en duda gran parte de los cimientos en los que las sociedades actuales están sostenidas, ocurriendo que aquello pensado como un robusto pilar resultó un delgado alfiler.

En realidad, este 2021, no aparenta ser un escenario distinto al vivido en 2020, millones de casos de covid-19 aún se registran en casi todo el planeta. Las vacunas contra esta variante del coronavirus han comenzado a llegar a muchos países y han iniciado sus procesos de vacunación, sin embargo, la cantidad de insumos disponibles es mucho menor a la que el grueso demográfico global demanda. Probablemente esa tan anhelada, “nueva normalidad”, ya se está viviendo y debemos acostumbrarnos a ella durante algunos años. 

No por ello, debemos retomar el discurso de que es mejor que no se viva el 2021 o de que puede ser un año donde no ocurra nada. En realidad, serán 365 días en los que habrá muchos aspectos sobre los cuales reflexionar a nivel internacional y nacional debido a las efemérides que se conmemoran o a los temas que en la agenda pública internacional se desean posicionar. 

Un tema esencial para este nuevo ciclo anual es de la paz y la confianza por lo que la Organización de las Naciones Unidas ha exhortado a los países miembros de su Asamblea a privilegiar el diálogo, el entendimiento mutuo y la cooperación entre naciones, elementos más que esenciales para los desafíos que representa la respuesta al covid-19 ante el dinamismo y la volatilidad del coronavirus que han provocado cierres de fronteras, crisis económicas, escasez de recursos, exceso de información falsa, entre otros aspectos. Por lo que, a fin de evitar desacuerdos y desazones, será urgente privilegiar la mediación ante un escenario incierto donde son ya perceptibles algunas consecuencias derivadas de la pandemia.

La sostenibilidad va de la mano de la cultura de la paz, por lo que se ha considerado necesario impulsar la economía creativa para el desarrollo sostenible, una economía conocida popularmente como “economía naranja”, cuya base está en la conjunción de la creación, la producción y la comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural, en valores culturales y en expresiones creativas. 

Así, el diseño de ropa urbana ecológica de alta calidad, de viviendas económicas y funcionales, de dispositivos biomédicos más centrados en las personas, de plataformas de enlace entre diferentes proyectos artísticos o de animaciones y de productos para el streaming son parte de los productos que dan sustento a las economías creativas.  

A diferencia de otras industrias, las culturales no tiene una huella ecológica de alto impacto, son menos volátiles, representando una mayor estabilidad; promueven la innovación y el respeto de los derechos culturales y de propiedad intelectual, y se apuesta a que las economías en desarrollo tengan más oportunidades de crecimiento dinámico a través de ellas. 

Los índices de sobrepeso y obesidad han desencadenado una “emergencia sanitaria”, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, que conforme a sus monitoreos, ha mostrado que en las últimas dos décadas, las tasas de incremento de peso corporal han aumentado de manera sustancial en casi todo el globo terrestre, entre otras causas, por la modificación a los hábitos alimenticios y al aumento de disponibilidad de alimentos ultraprocesados a menor costo que las frutas, las verduras, las legumbres y las semillas.

Una recomendación constante de las ciencias nutricionales es el consumo de frutas y verduras de temporada, granos enteros y legumbres en abundancia. La economía de millones de personas no permite la adquisición de estos productos. El costo de lo anterior han sido altas tasas de personas con enfermedades crónicas, cuya vulnerabilidad se ha acentuado con el Sars-Cov-02. 

Ante esta emergencia, este 2021 también será el año de las Frutas y las Verduras, a fin de que todos los países del mundo impulsen medidas a favor de los pequeños productores, de los cultivos endémicos, de su consumo, de su mayor posibilidad de adquisición, de la seguridad alimentaria y la reducción de las toneladas de desperdicio de alimentos.  

Alrededor del mundo, aproximadamente 150 millones de niñas y niños se dedican a laborar, sin poder dedicar su tiempo a la educación o al juego, permitiendo el abaratamiento de los costos de muchos productos, mejorando el margen de ganancia de muchas marcas comerciales, pero truncando sus posibilidades de desarrollo a mediano y largo plazo. 

Como una medida urgente, las Naciones Unidas también han impulsado que 2021 sea el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil, poniendo de plazo al 2025 para erradicarlo de cualquier rincón del planeta, incluidos los niños soldados, aún ocupados en diversas regiones del mundo. Y en el caso particular mexicano, de los campos de cultivo del norte del país.

A nivel nacional, un ejercicio de reflexión sobre el devenir del país es más que necesario a 200 años de la Consumación de la Independencia. La efeméride no sólo debe recordar que hace dos centurias se enarboló el Plan de Iguala como una medida para conciliar a las diferentes facciones independentistas y cesar el fuego, dando como resultado, meses después, el fin de la Revolución de Independencia, 11 años después de haberse iniciado la movilización social en Dolores Hidalgo, Guanajuato. 

El recuerdo de estos hechos, a propósito de un discurso oficial en el que se habla de transformaciones, debe permitir plantear todas las posibles opciones que permitan sortear rezagos históricos de desigualdad de múltiples sectores de la sociedad como las mujeres, las niños y los niños, las personas indígenas, las personas afrodescendientes, las poblaciones LGBTTTIQ, las personas migrantes, entre otros sectores y repensar la agenda nacional en materia de salud, medio ambiente, desarrollo social, energía, cultura, y otros temas esenciales para el tan urgente desarrollo sostenible.

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