Opinión

2020: ¿más de lo mismo?

El discurso del presidente no cambió ni un ápice con el inicio del nuevo año. | Adolfo Gómez Vives

  • 06/01/2020
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Como era de esperarse, el presidente de la República inició el primer día laboral de 2020 con su habitual conferencia de prensa y su convicción de que en este año “nos va a ir bien”.

Sabedor de que en 2019 no hubo el crecimiento económico que ofreció durante su campaña y que él mismo tuvo que reducir sus expectativas en el transcurso del año, el jefe del Ejecutivo pretendió justificar su fracaso con dos argumentos falaces: el primero, que “ya quedó demostrado que funciona la estrategia” con la cual se ha beneficiado “a la mayoría de los mexicanos”; y el segundo, que no es lo mismo crecimiento que desarrollo, pues —según él— el primero significa “crear riquezas”, mientras que el segundo implica “crear riquezas y distribuirlas”.

Desde luego que López Obrador no alcanza a explicar cómo es que se pretende distribuir riquezas si éstas no se han generado previamente.

Más adelante, dijo que en este año no habrá “gasolinazos”, aun cuando desde el primero de enero entró en vigor el alza al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), lo que implicó un aumento de uno y tres centavos por litro, en promedio, para las gasolinas Magna y Premium, lo que repercutirá en el precio de mercancías, en especial de alimentos.

También afirmó que se combatió la corrupción, pero no presentó ningún elemento probatorio de sus dichos: ni número de denuncias presentadas por delitos típicos de corrupción, ni número de carpetas de investigación en este rubro, iniciadas por la Fiscalía General de la República.

No se conocen avances en casos como el del general Eduardo León Trauwitz, por el supuesto robo de combustible, ni en el tema de Emilio Lozoya Austin, a quien se le imputan los delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita, asociación delictuosa y cohecho, por sólo citar algunos.

Desde luego que para el presidente, el origen de las propiedades de Manuel Bartlett no merece indagatoria alguna. Ya la secretaria de la Función Pública se encargó de precisar que los límites de su actuación están en función del momento en que el poblano tomó posesión de su encargo al frente de la Comisión Federal de Electricidad.

Tampoco le representa ningún tipo de conflicto que el pastor Arturo Farelas haya reconocido que se atenta contra el Estado laico, cuando precisó que se adoctrina a jóvenes construyendo el futuro, mientras su hijo, Josué Farelas Pacheco tiene una dirección regional en servidores de la nación y gana un salario bruto de 72 mil 171 pesos. O que su hija, Damaris Farelas Pacheco sea —a petición de su padre— subdirectora de Asuntos Consulares en el Instituto Nacional de Migración.

Habló de la “humildad” en el gobierno, pero no abordó el tema del arrendamiento de 79 camionetas blindadas, con un costo de 277 millones de pesos, para los siguientes cuatro años.

Y volvió al tema de su “asignatura pendiente” respecto de “serenar el país”, al tiempo que ya se registraba la primera balacera de 2020, en Nuevo Laredo, Tamaulipas.

El discurso del presidente de la República, durante el primer día del nuevo año, no cambió ni un ápice respecto de su estilo y sus falacias de 2019. Es lógico suponer que en 2020 tendremos más de lo mismo, pues para él, el éxito está en función del mantenimiento de sus clientelas.

Feliz año nuevo.