Opinión

2019, un año para educar y gobernar en el feminismo

El feminismo debe ser asumido por las mujeres, pero también por los hombres para visibilizar su participación en estos procesos. | Violeta Martínez*

  • 10/02/2019
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Durante su campaña, AMLO planteó el femsplaining, un manual para visibilizar la violencia psicológica, sexual, física, económica y política contra las mujeres, y una propuesta para empoderarlas. Sin embargo, al comienzo del 2019, el ahora presidente lanzó la Cartilla Moral para reflexionar los principios y valores de los mexicanos, un documento que no incluye perspectiva de género, ni promueve el empoderamiento de la mujer, como en su momento lo planteó el manual. Es decir, no manifiesta la necesaria ruptura de la reproducción de la violencia de género implícita en la enseñanza del rol de lo femenino, pues la violencia de la mujer comienza en casa, y continúa en todos los espacios de la vida.

Con esto quiero decir, que a las intervenciones de la nueva administración les hace falta basarse en datos actuales, orientarse a los resultados, y fomentar la igualdad entre los géneros. La política nacional debe cuestionar la enseñanza de costumbres androcéntricas que perpetúan la violación sistemática de los derechos humanos de niñas, jóvenes y mujeres, debe orientarse a romper el círculo de violencia del que somos víctimas, ya que también nos afecta como Estado.

La violencia de género es un fenómeno multidimensional que sucede en todas las clases sociales y razas del mundo, y para erradicarla, requiere de un cambio en las relaciones de poder que recrean marcos de convivencia que violentan a las mujeres. Hace falta en México el fomento de la valorización del cuerpo y la libertad de la mujer, y de una cultura sin lenguaje sexista. Como sociedad y gobierno, somos corresponsables de institucionalizar la equidad y la sororidad en todos los espacios públicos, pero especialmente en los privados, pues ahí subsisten los estereotipos que estigmatizan y criminalizan a la mujer sin fundamento #StopAbuseAgainstWomen.

Se precisa una indignación generalizada frente al techo de cristal que nuestro sistema social y económico ofrece, pues seguimos viendo trabajadoras domésticas que siguen en la informalidad, contratadas por mujeres profesionistas, y cuya situación de pobreza, ser indígenas, jóvenes o migrantes, las deja en mayor vulnerabilidad. Uno se desilusiona (y es que la sociedad entera debería desilusionarse), al leer narrativas como la de una niña indígena en cierto concurso nacional de la SEP, quien expresó sentir alegría al leer un libro escrito por una mujer, pues ella creía que solo los hombres escribían libros.

En pleno siglo XXI necesitamos eliminar las prácticas sociales en que las mujeres somos desacreditadas al estar en nuestros días #PeriodsAreNotAnInsult, al decir no, al quejarnos de piropos, miramientos o tocamientos callejeros no solicitados, o al ser culpadas por recibir una agresión sexual, lo que revictimiza y reproduce el patrón de violencia y de impunidad que desincentiva la denuncia #MeToo. ¡Urge!, pues las comunidades son cada día más indiferentes a los casos no resueltos de la desaparición, al embarazo adolescente, al matrimonio infantil, a la explotación sexual y hasta al feminicidio, y eso es la normalización de la violencia #VivasNosQueremos.

Pareciera que la solución es educar y gobernar en el feminismo, que no es misandria, sino con énfasis en que mujeres y hombres ejerzan sus derechos, y crezcan libres de expectativas inducidas por la sociedad machista mexicana. El feminismo debe ser asumido por las mujeres, pero también por los hombres para visibilizar su participación en estos procesos, ya sea como reproductores de desigualdad, o como agentes del cambio y promotores de la equidad de género #HeForShe. Con esto, quiero recalcar que educar y gobernar en el feminismo, no es negar el sexo masculino; por el contrario, es el reconocimiento de ambos sexos y de las otras diversidades, es rescatar la creatividad, fortalecer la personalidad y la estabilidad emocional de las personas.

Lo que busco es concientizar que hace falta el enfoque de género en los programas educativos públicos y privados, en los adoctrinamientos religiosos, y en las conversaciones de la cena familiar. También en el uso de las redes sociales, pues las mujeres llegan a recibir comentarios discriminatorios o lesbo/homofóbicos, memes misóginos o hashtags de desprestigio. Los datos muestran que el cuarenta por ciento de estas agresiones son hechas por conocidos, y que igualmente causan daños psicológicos, pérdidas económicas, y refuerzan las barreras de la participación de la mujer en la vida pública.

Por lo anterior, hago una invitación al cambio social y político por una cultura de género sin categorizaciones; convoco a construir equidad sin prejuicios de lo femenino y lo masculino para dejar de predecir el futuro de las personas según su sexo. Las mujeres solo queremos recibir el mismo respeto que reciben los hombres, y queremos expresar nuestra opinión sin miedo al rechazo, andar por la calle sin perder la vida, defender nuestros derechos sin censura. Así comienza nuestro empoderamiento.

*Violeta Martínez García. Nació en la Cdmx. Es internacionalista, UAMera, egresada del Instituto Mora e integrante de la REMECID A.C. Actualmente es consultora en cooperación internacional. Ha fungido como funcionaria pública en el SIPINNA, como investigadora en la Oficina de Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur; y como asesora política en la Embajada de Corea en México.

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