Opinión

2018: el año en que hacemos contacto

Durante los últimos tres sexenios, nos han manejado una realidad alterna de estabilidad económica y de crecimiento sostenido | Lee a Ismael Jiménez

  • 07/01/2018
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El año que recién inicia, será complicado para la economía mexicana, esto no es un estribillo de cada principio de año pues en este ciclo que va iniciando, “estaremos haciendo contacto con nuestra realidad”.

A qué me refiero: durante los últimos tres sexenios, nos han manejado una realidad alterna de estabilidad económica y de crecimiento sostenido (mediocre, pero al fin crecimiento), que tiene como fundamento principal, nos han dicho, la disciplina fiscal y el buen manejo de los “fundamentales económicos”.

El manejo “eficiente” de las variables económicas, inflación, tipo de cambio, gasto público y deuda pública y externa, cimentaron durante aproximadamente ocho años una política que sirvió para sentar las bases de la segunda fase de ese programa de política económica que se coronó con las llamadas reformas estructurales.

La realidad alterna


Pero a ese escenario construido y justificado por un periodo de cierta estabilidad económica no mayor a diez años, se contrapone una realidad alterna que vivimos día a día a todo lo ancho y largo del país.

Sin bien es cierto que de acuerdo con cifras oficiales los índices de pobreza han disminuido, lo que no explican esos datos, es que ese aparente segmento de la población que tiene mejores condiciones de vida, en realidad solo dio un paso al ir de la miseria extrema a un estatus de pobreza. Es decir, dejaron de ser miserables para ser únicamente pobres.

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Ese proceso de mejora, solo contempla al segmento de población ubicado en el último cuartil de ingresos, y no significa necesariamente que los segmentos de población ubicados en los siguientes cuartiles hayan tenido una mejora en su nivel de vida y de ingresos.

Según cifras de la actual administración, se crearon un millón de empleos pero, en su mayoría, fueron de baja calidad, temporales y con salarios que en muchas ocasiones no son superiores a dos salarios mínimos.

El crecimiento de la población superó ya la necesidad de crear un millón de empleos anuales, cifra que se manejaba en los noventa. Hoy, se requieren al menos un millón trecientos mil empleos al año, pues cada vez son más evidentes los millones de jóvenes en las calles que no tienen empleo ni escuela, y que son captados con cada vez mayor facilidad por el crimen organizado.

Pero volvamos al tema económico...


Aunque los gobiernos en turno se han obstinado en maquillar la realidad, los famosos fundamentales comenzaron a desdibujarse en 2010. La administración de Calderón aumentó 50% la deuda pública. El dato pasó desapercibido porque, hasta ese momento, la inflación estaba más o menos controlada y los precios internacionales del petróleo todavía eran altos; sin embargo, ese sexenio marcó el principio de lo que vendría después.

Entre 2006 y 2012, el peso se devalúo 22% aproximadamente y las finanzas públicas comenzaron a desdibujarse, mientras que los precios del petróleo comenzaron a bajar de manera importante. Así dejó el panorama el gobierno calderonista.

Al año de iniciado el sexenio de Peña Nieto, el Banco de México ya no logró controlar la devaluación de la moneda y no fue hasta el año pasado que, de manera urgente, implementó el programa de subastas como medida de contención para evitar una debacle monetaria, que era una de sus cartas fuertes y de presunción en el manejo de la macroeconomía mexicana.

En pocas palabras, en un lapso de tres años, todo el programa de manejo de fundamentales y gasto público restringido se vino abajo y hoy tenemos una moneda híper devaluada y una inflación que promete acercarse al 8% hacia finales de 2018.

En seis años, el peso se ha devaluado 52% frente al dólar, y esos remanentes, aunque tanto lo han negado las autoridades financieras del país, tarde o temprano impactan los precios de producción, los bienes de consumo y los servicios. Esto finalmente genera inflación, y en una economía como la nuestra que es excesivamente dependiente de las importaciones, termina por hacer ineficaz cualquier ajuste económico o política tributaria.

La pregunta que muchos mexicanos nos hacemos es cómo detener el proceso inflacionario y cómo es posible detener la devaluación de la moneda. La primera pregunta la respondieron las autoridades mexicanas recortando el gasto público, es decir, dejaron de invertir en programas y proyectos de infraestructura que resultaron en cero construcción de nuevas escuelas y nula modernización de las ya existentes; generaron un deficiente servicio de salud que está atrapado en el pasado, en la miseria y con servicios paupérrimos que hoy menos que nunca satisfacen la demanda de salud de la población; y finalmente, poca o nula inversión para modernización y construcción de carreteras y puertos.

Por su parte, para controlar el tipo de cambio, se debe comenzar por dos principios; el primero, desarrollar un aparato e infraestructura productiva que esté a la par de los últimos adelantos tecnológicos que permitan generar competitividad para las exportaciones.

El segundo principio va de la mano con el anterior y se refiere a equilibrar la balanza comercial que permitiría incrementar el valor de nuestra moneda y aumentaría el dinamismo de la economía interna, acrecentaría la acumulación de riqueza y ahorro y nos permitiría entrar a ese un circulo virtuoso de crecimiento económico que tanto anhelamos.

Una estabilidad económica ficticia


En resumen, la política económica implementada durante los últimos 17 años ha sido únicamente la contención de las “principales variables” económicas para crear una estabilidad económica ficticia, que se rompe como está sucediendo ahora, cuando una de esas variables se sale del control del banco central. Es decir, estamos regresando al mismo sitio donde comenzamos hace 20 años con un entorno económico incierto e insuficiente.

Por ello no es novedad, si así lo podemos decir, que a comienzos del año, como otras tantas veces, nos despertemos el primero de enero con la noticia de que se incrementaron los precios de los alimentos y las gasolinas como sucede desde hace muchos años.

La política económica implementada desde entonces, tampoco ha sido efectiva ni suficiente para sacar del atraso social a cerca de 60 millones de mexicanos. Es cierto, la otra mitad tiene condiciones más o menos aceptables, pero es tan endeble y puede ser tan efímera como lo es la actual política económica que en este 2018 nos estará llevando a hacer contacto con nuestra precaria realidad.

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@ijm14 | @OpinionLSR | @lasillarota

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