Opinión

2 de octubre a 50 años

El PAN fue el único partido que defendió sin ambages la autonomía universitaria y la libertad de expresión de los estudiantes. | Marco Adame

  • 02/10/2018
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Hoy es necesario recordar un hecho doloroso de nuestra historia. Porque a 50 años de la matanza de Tlatelolco aún falta esclarecer la verdad de lo que ocurrió; porque aún no se hace justicia a las víctimas de la represión; y porque no puede volver a suceder un derramamiento de sangre por falta de diálogo y de entendimiento.

El 30 de julio de 1968, con la destrucción de la puerta del Colegio de San Idelfonso por elementos del Ejército, volaron en mil pedazos las posibilidades de entendimiento y de confianza en las autoridades.

El PAN protestó enérgicamente contra la represión a los estudiantes y el asalto de la policía y el Ejército a los planteles. Fue el único partido que defendió sin ambages la autonomía universitaria y la libertad de expresión de los estudiantes, censurando que el gobierno prefiriera el uso de la fuerza al diálogo y a la razón.

El entonces presidente del PAN, Adolfo Christlieb, señaló que era “necesario que los estudiantes reconozcan que el gobierno no puede actuar bajo amenazas de nuevas violencias y que, por otra parte, las autoridades eviten que en su nombre haya quienes estén exaltando los ánimos contra los estudiantes, para buscar, si llega el caso, un enfrentamiento de grupos de civiles en contra de los mismos”.

La posición del PAN frente al 68

El 18 de septiembre de 1968 el gobierno dio al Ejército la orden de ocupar la Ciudad Universitaria. El maestro universitario Rafael Preciado Hernández denunció desde la tribuna de la Cámara la ocupación y la violación a la autonomía universitaria y exigió que “el Ejército abandone la Universidad, y que (…) sea entregada a sus legítimas autoridades”.

Y el diputado panista José Ángel Conchello expresó el sentir de la juventud: “Tal vez esta generación de jóvenes no sepa lo que quiere, pero sí sabe qué es lo que rechaza… están contra del orden establecido, contra los intereses creados; esta generación se ha cansado de la mentira a la que nosotros ya nos habíamos acostumbrado”.

La tarde del 2 de octubre se abrió fuego contra los jóvenes reunidos en Tlatelolco.

Cuando la sangre recién derramada aún no secaba, cuando el miedo y el silencio se habían apoderado ya de la opinión pública, el hecho fue discutido el 4 de octubre en la Cámara de Diputados, ahí la mayoría parlamentaria propuso apoyo incondicional a las acciones del gobierno.

Sin embargo, el diputado panista Efraín González Morfín expresó: “Debemos intentar un deslinde imparcial de responsabilidades para evitar la repetición de los hechos; para evitar que una solución inadecuada del conflicto sea simplemente la siembra de uno nuevo (…) insistir en la necesidad de respeto por parte de todos (…) a la Constitución de la República. No sólo invocándola cuando se trate de la defensa del orden público, sino también cuando se trate del respeto a las garantías individuales de las personas”.

En febrero de 1969, González Morfín propuso un “Cambio Democrático de Estructuras” y “frente a la violencia institucionalizada de las estructuras actuales, que violentan el ejercicio de los derechos humanos; frente a quienes proclaman la acción violenta” llamó a “una transformación revolucionaria que, con audacia y justicia promueva renovaciones reales y efectivas”.

A 50 años, transformación que no asfixie a la pluralidad

A cincuenta años de la tragedia, estamos llamados a consolidar la democracia, la libertad, el diálogo y el entendimiento; a desterrar la violencia como mecanismo de resolución de controversias; y a emprender los cambios que permitan concretar los anhelos expresados con generosidad en la rebeldía, el idealismo y la sed de justicia de los jóvenes de aquella y de todas las épocas.

Debemos mirar de manera objetiva y serena el pasado. Necesitamos conocer la verdad y hacer justicia para preservar la paz. La verdad y la justicia no sólo sirven para recordar los agravios y sanar las heridas, son también medidas de prevención para evitar los excesos violentos del autoritarismo y la intolerancia.

México exige un cambio democrático de estructuras, ese fue el mandato del electorado en las recientes elecciones. Una transformación que no asfixie a la pluralidad con el autoritarismo; a la crítica con la intolerancia; a la convivencia con la violencia; a la participación con la represión ni a la justicia con la impunidad.

Demos una mirada esperanzada hacia el futuro, para construir juntos la casa común, un México más humano, con paz y justicia, con libertad y responsabilidad, con democracia y diálogo en la pluralidad, con inclusión y equidad, con desarrollo y bienestar. Un México donde nos miremos de frente y sin reservas, nos escuchemos y resolvamos juntos los problemas y retos nacionales.

Que nunca más México sufra un conflicto así. Conocer la verdad y hacer justicia es el camino para la reconciliación y la paz. 2 de octubre, no se olvida.

Mayoría acrítica

@MarcoAdame | @OpinionLSR | @lasillarota


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