Opinión

#1deDiciembre

El gran reto de la nueva administración será lograr transformaciones que tengan impacto en la vida diaria de las y los mexicanos en un breve plazo. | Carla Humphrey

  • 30/11/2018
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El sábado 1 de diciembre se llevará a cabo la ceremonia de cambio de poderes en nuestro país. La importancia de esta ceremonia protocolaria está en el hecho de que un presidente deja de ocupar el cargo y una o un ciudadano asume el cargo de titular del ejecutivo federal y, desde ese día, toma las riendas de la nación, frente a los ciudadanos y a los poderes de la Unión.

La transición parece haberse adelantado ya que el presidente todavía en funciones ha desaparecido del mapa nacional. Para la ciudadanía el presidente Peña en los hechos dejó de serlo el 2 de julio y el presidente electo ha colmado ese vacío generando atención mediática, ciudadana y de los partidos de oposición antes de asumir el cargo para el que fue electo.

La ceremonia de investidura, en la que la persona que deja de ser titular del Ejecutivo Federal se quita la banda presidencial y a través del presidente de la Cámara de Diputados, se la entrega al presidente electo quien se la coloca antes de hacer el juramento del cargo, no ha sufrido cambios importantes desde hace más de un siglo. Los últimos años el cambio de poderes se ha llevado a cabo en el recinto del Congreso de la Unión, donde lo han hecho todos los presidentes desde Carlos Salinas de Gortari; sin embargo, Luis Echeverría lo hizo en el Auditorio Nacional y Alemán, Ruíz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz tomaron protesta en Bellas Artes.

El día de la investidura presidencial el discurso del presidente que ha jurado el cargo, reviste mucha relevancia ya que desde ese momento pueden vislumbrarse las principales líneas de acción, prioridades y el sello que tendrá el nuevo gobierno federal.

Las ceremonias de investidura de Calderón y Peña Nieto suscitaron diversas protestas dentro y fuera del Congreso de la Unión, marcando una clara diferencia con la de Vicente Fox, primer presidente no priísta, cuya toma de protesta estuvo enmarcada por gritos de júbilo y alegría al ser el presidente de una transición democrática, pacífica y ordenada.

Como consecuencia de las reformas constitucionales en materia política y electoral en 2014, esta será la última ocasión en que un presidente rinda protesta del cargo el 1 de diciembre, ya que desde 2024, el cambio de poderes se realizará el 1 de octubre. El sexenio de López Obrador será más corto ya que durará 5 años y 10 meses.

Grandes expectativas ha creado el que un candidato presidencial que proviene de la izquierda, por primera vez, asuma el cargo como presidente de México. Las y los ciudadanos que votaron mayoritariamente por el presidente electo, esperan ver cambios y esperan verlos pronto. Las cosas no pueden cambiar de la noche a la mañana, no puede ser así porque hay que aprobar reformas, delinear políticas públicas, acabar de nombrar funcionarios públicos, redirigir el presupuesto para las áreas que el nuevo gobierno determine como prioritarias y una serie de modificaciones que no suceden a golpe de pluma ni de un momento a otro.

El gran reto de la nueva administración será conseguir un cambio de régimen, sobre todo en materia económica, que nunca fue modificado en las presidencias de transición ni en la última a cargo del PRI, pero también lograr transformaciones que tengan impacto en la vida diaria de las y los mexicanos en un breve plazo.

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@C_Humphrey_J  | @OpinionLSR | @lasillarota

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