Opinión

100 años del primer Congreso feminista

Legislar y juzgar con perspectiva de género debe ser ahora una prioridad.

  • 15/01/2016
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El miércoles 13 de enero de 2016 se conmemoró en el Congreso de Yucatán el centenario del primer Congreso feminista en México. Ese mismo día se inscribió en letras de oro el nombre de Elvia Carrillo Puerto en el Congreso del Estado.

 

Ha pasado un siglo desde aquel primer Congreso feminista de Yucatán en el que se reunieron 700 mujeres en el Teatro Peón Contreras. En esa entidad también fueron electas las primeras tres mujeres diputadas locales en nuestro país: Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche Barrera y Raquel Dzib Cícero. En Yucatán se formó la primera liga feminista en 1922. Pasaron 37 años para el reconocimiento legal del derecho a votar y ser votadas para las mujeres y 38 para que una mujer, mediante una elección extraordinaria en Baja California, fuera electa como diputada federal.

 

¿Dónde nos encontramos después de un siglo de aquel Congreso feminista? Sin duda hemos avanzado, sobre todo en la integración de mujeres a los órganos de representación popular derivado de la reforma constitucional en materia político electoral de 2014, que introdujo el principio de paridad para las postulaciones a estos cargos.

 

El Poder Judicial y el Ejecutivo se han quedado rezagados. La composición de la Corte; el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y sus Salas; los Tribunales Electorales de las Entidades Federativas son ejemplo del poco avance de mujeres en esos espacios. Las gubernaturas de los Estados, en los que solamente una mujer ocupa el poder ejecutivo, y la integración de los gabinetes en los que las mujeres ocupan entre el 10 y el 15 por ciento de los espacios dan cuenta de lo mucho que falta por avanzar para garantizar la igualdad.

 

Lo que ha quedado claro hasta ahora cuando hablamos del tema de paridad, es que si no está establecido en la ley, los partidos políticos, dirigentes de partidos y servidores públicos no tienen como prioridad que un mayor número de mujeres se integren a los espacios de decisión pública. Únicamente cuando existe una obligación legal y una sanción por incumplimiento, intentan acatar la norma.

 

El siguiente paso que debe darse es incorporar a la ley el principio de paridad aplicable a los municipios así como a la integración del Poder Judicial y en la Administración Pública. No puede dejarse a la voluntad de los legisladores en turno, de los gobernantes o presidentes de partidos políticos la incorporación de las mujeres en esos espacios.

 

¿Qué hace falta para lograrlo? Algo que suena simple, pero que en los hechos no ocurre con mucha frecuencia: Mujeres trabajando por mujeres.

 

Mujeres trabajando, negociando y materializando las reformas que se requieren. Las mujeres son ya más del 42% en la Cámara de Diputados, si con ese porcentaje no es posible aprobar las iniciativas que se requieren para seguir avanzando en el acceso a los derechos para las mujeres, debemos repensar las formas, los mecanismos, las agendas y trabajar con un solo objetivo para lograrlo.

 

A cien años del primer Congreso feminista, el trabajo realizado ha sido arduo pero los resultados mediocres. Los relatos en torno al desarrollo de aquel Congreso y los que escuchamos cien años después, no son muy distintos. La unión de aquellas mujeres tuvo resultados tangibles. Sus creencias e ideología política no fueron un obstáculo para lograr sus objetivos, tampoco deben serlo ahora. Legislar y juzgar con perspectiva de género debe ser ahora una prioridad.

 

Los temas pendientes no sólo tienen que ver con más mujeres ocupando espacios públicos sino con el pleno ejercicio de sus derechos. Para lograrlo, necesitamos la unión de las mujeres pero también a los hombres como aliados para conseguirlo. A cien años del Congreso feminista las cosas no han cambiado mucho para las mujeres. La cerrazón, los obstáculos, la discriminación y la violencia siguen marcando la pauta en la vida de las mujeres.

 

Es este el momento de dar un paso adelante y asegurar las reformas legales que permitan garantizar a las mujeres el pleno ejercicio de sus derechos. Igualdad ya, nada más pero tampoco nada menos.

 

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