Opinión

100 años de Rulfo

El reto que nos deja es hacer que Comala y Luvina vuelvan a ser ficción.

  • 28/05/2017
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Juan Rulfo cumple 100 años. El Llano en Llamas, su primer libro cumple 64 y su novela, Pedro Páramo, obra máxima de la literatura mexicana, fue publicada hace 62. En ese lapso el país en el que vivió se transformó. Hoy con tristeza podemos asegurar que México es Comala, ese lugar de fantasmas donde las ánimas son las que platican, donde la vida parece pesadilla.

Las historias de Rulfo que con avidez y asombro leímos en nuestra juventud, ese mundo que nos parecía desoladoramente fantástico y lejano está ahora en las páginas de los diarios. Hoy en México hay más fantasmas que niños felices, muchas comunidades campesinas son como la mítica Luvina sólo habitadas por mujeres, niños y ancianos, porque los hombres jóvenes se fueron, porque tuvieron que migrar ya que el campo está seco o, peor aún, porque la violencia ha dejado en esos pueblos sólo a los más desamparados, a quienes no tienen donde ir y están obligados a afrontar ese paisaje árido concurrido por fantasmas.

Es un lugar común hablar de autores visionarios en sus fechas importantes, pero Rulfo lo es. Con sólo dos libros definió la literatura mexicana de la época posrevolucionaria y se adelantó al llamado boom latinoamericano y puedo afirmar sin temor a equivocarme, que es el literato mexicano más influyente aún en nuestros días.

En su obra podemos encontrar rastros de vanguardias como el existencialismo y el surrealismo, pero también está el germen del llamado realismo mágico que tendría su auge latinoamericano casi una década después de que Rulfo publicara su obra.

En el Llano en Llamas y Pedro Páramo, Rulfo le da voz a la gente del campo. Lo hace cuando la atención estaba en la gran urbe, en el sueño del progreso, cuando los rascacielos robaron el protagonismo a las montañas y el concreto cubrió la tierra. Lo hizo con gran maestría, eludiendo la fácil tentación de lo pintoresco y lo folklórico. 

Con ello logró que sus historias, aunque situadas en el campo mexicano, fueran profundamente universales, pues descubrió que el hilo comunicante entre las y los campesinos mexicanos y el resto de los pobladores de la tierra estaba no en las expectativas de la modernidad, sino en el desencanto, en el sentimiento de orfandad y en la falta de esperanza.

Quizá por eso, Juan Rulfo elude hablar de la ciudad. Comprendió que mientras el mundo se fascinaba con las destellantes luces de las urbes y el ruido del progreso, en el interior de las personas había algo que las inquietaba, ya sea la nostalgia o el vértigo.

Más allá del contenido filosófico de su obra, hay otro detalle a destacar y es su estilo sencillo para escribir, que tiene como principal característica el uso de la oración directa (sujeto, verbo y complemento) y la brevedad de sus párrafos. Rulfo escribe tan fácil que a todos nos contagia las ganas de hacer literatura. Esta sencillez hace que sus textos sean obligados no sólo para comprender parte importante de la literatura mexicana, sino para aprender a leer bien y a escribir bien. Leer a Rulfo en voz alta es una gran experiencia porque en pocos minutos uno se descubre hablando con el ritmo y el acento de los campesinos mexicanos de la zona del bajío sin hacer nada más que darle sonido a las letras. 

Si bien la temática rulfiana es rural, hay una alusión a la Ciudad de México en el relato “Un pedazo de noche”, publicado en la Revista Mexicana de Literatura en 1959, que se desarrolla en el Callejón de Valerio Trujano, situado aquí, a un costado del edificio que hoy alberga el Museo Franz Mayer.

Hay que decir que Rulfo vivió, estudió y trabajó en esta ciudad. Fue vecino de la colonia Juárez, acudió como oyente a la carrera de Derecho a San Idelfonso y asistía también a clases de filosofía y letras en el edificio de Mascarones, en San Cosme. Durante mucho tiempo trabajó en el departamento de migración de la Secretaría de Gobernación.

En fin, a 100 años del nacimiento de Rulfo el reto que nos deja es hacer que Comala y Luvina vuelvan a ser ficción, que el mundo desolado que plantea en sus relatos deje de aparecer en os diarios o la televisión. Si hay un mensaje en la obra de Rulfo es que este país y su gente necesitan esperanza y en eso debemos trabajar todos.

@martibatres


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