Opinión

100 años de la revolución de octubre

Un justo equilibrio entre los derechos sociales y los derechos individuales.

  • 12/11/2017
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La revolución rusa de 1917 fue uno de los grandes acontecimientos que marcaron el Siglo XX. En su momento significó la esperanza para millones de personas en el mundo que buscaban salir de la miseria y la pobreza y construir sociedades igualitarias y justas.

Dicho movimiento adquirió trascendencia internacional. Se convirtió en el estandarte de los trabajadores en todo el mundo y estableció un contraste con la política y la economía imperantes en occidente en aquel entonces.

Los revolucionarios soviéticos lograron que su país pasara del atraso semi feudal al desarrollo de una potencia económica, tecnológica y militar.

En el plano social, los bolcheviques crearon el primer sistema de salud universal público del mundo, lograron la alfabetización del país e implantaron un sistema de educación público y gratuito y, en los primeros 18 años de la revolución, acabaron con el desempleo.

También establecieron un sistema de jubilaciones en el que las mujeres se retiraban de la actividad laboral a los 55 años y los hombres a los 60. La población femenina conquistó derechos que parecían inalcanzables en los países de occidente, como el voto y la maternidad voluntaria, y se despenalizó la homosexualidad, por citar algunos avances en materia de libertades.

De forma colateral, la existencia del régimen soviético provocó que alrededor del mundo, los trabajadores conquistaran derechos sociales que fueron reconocidos por los Estados capitalistas para evitar una escalada de revoluciones sociales en todo el mundo.

No obstante, el talante autoritario del Estado soviético fue su gran talón de Aquiles. En México, por ejemplo, Ricardo Flores Magón recibió con gran entusiasmo las noticias de la nueva revolución, pero con el transcurso del tiempo no pudo ocultar su decepción ante “la implantación de un régimen socialista autoritario”.

Esto provocó un fuerte debate entre los intelectuales de la época, muchos de los cuales no dudaron en reconocer los avances en materia social de la Unión Soviética sin dejar de señalar la represión y la ausencia de libertades.

Al final, el experimento soviético sucumbió, por las presiones económicas de la carrera militar y la ausencia de libertades económicas y políticas. Los pobladores de la extinta URSS gozan ahora de una democracia y libertad limitadas, pero se enfrentan a problemas que no existían en el régimen socialista como el desempleo, la desigualdad, la pobreza, la inseguridad y la falta de expectativas.

Sin embargo, la extinción de la URSS no significa, como lo proclamaron los ideólogos del neoliberalismo, el final de la historia, ni el final de la utopía. Representa sí la necesidad de buscar la construcción de una sociedad donde la igualdad social vaya emparejada de las libertades. Igualdad y libertad son un binomio indivisible del bienestar, uno y otro concepto no pueden existir por separado si se trata de la felicidad de la humanidad. 

En la Unión Soviética, en aras de la igualdad se sacrificó la libertad. En el mundo occidental, bajo la influencia del neoliberalismo, con el pretexto de defender la libertad económica se sacrifica el bienestar social. 

El gran reto de las fuerzas políticas y sociales más progresistas y avanzadas es construir y un Estado de Bienestar y Democracia, una sociedad con igualdad social y libertad. Un justo equilibrio entre los derechos sociales y los derechos individuales.

A 100 años de la revolución de octubre vale la pena recordar una interesante cita de Bakunin: "libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; socialismo sin libertad es esclavitud".

@martibatres | @OpinionLSR | @lasillarota

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