Opinión

Una mexicana, un español y un perro en Canadá

La sensación inexplicable de saber que tu meta de vida es real, que lo lograste. | Lorena Rico

  • 24/01/2019
  • Escuchar

Hace poco más de 4 años, conocí a Pablo e inevitablemente en la primera cita –sí, la primera- los dos nos hicimos preguntas cosas muy profundas y directas, una de esas preguntas fue: ¿Te n inexplicable de saber que tu meta de vida es real

Siguiente paso, conocer el proceso. Existen diferentes procesos para irse a vivir a otro país, pero encontrar el ideal requería tiempo y dedicación. Es vital entender todos los requisitos y

Hace poco más de 4 años, conocí a Pablo e inevitablemente en la primera cita –sí, la primera- los dos nos hicimos preguntas cosas muy profundas y directas, una de esas preguntas fue: ¿Te interesaría vivir fuera de México?

Y es que cuando irte a vivir fuera de tu país natal es uno de tus grandes sueños de vida, se vuelve tan importante que necesitas decírselo a quien potencialmente puede convertirse en tu pareja porque ‘bajo advertencia, no hay engaño’, diría mi mamá. Afortunadamente, Pablo no solo dijo que sí, sino que él ya había tenido una oportunidad de hacerlo en el pasado, pero por circunstancias ajenas a él, no se concretó.

En nuestro caso la decisión detrás del querer irnos de México respondía a una simple razón: calidad de vida. Y es que en México no importa el nivel de vida que tengas, la calidad en ámbitos generales va a ser la misma. Tomar la decisión a vivir fuera de tu país natal no es fácil y no solo emocionalmente hablando. Se necesita tiempo, dedicación, dinero y paciencia, bastante de estas últimas dos diría yo. Hago memoria y me acuerdo del primer día que Pablo y yo nos quedamos de ver en un Starbucks específicamente para hablar de nuestro plan de emigrar y me da risa como no teníamos NI IDEA de lo que nos esperaba. Esto fue a finales de 2014.

Nuestro primer reto fue decidir el lugar. Aunque ambos estábamos de acuerdo en que EU no era opción, el hecho de que Pablo tenga nacionalidad española, provocaba que en nuestras primeras conversaciones España se mencionara mucho, y en general Europa por ‘la facilidad’ de su nacionalidad”, sin embargo, en aquellos días el terrorismo se había hecho presente en varios países y eso nos hacía dudar. Seguido de Europa estaba Australia, luego Nueva Zelanda y finalmente Canadá. Nos pusimos como reto decidir eso en una semana luego de cada uno hacer su propia investigación. Durante esa semana, tuvimos una conversación con un amigo cercano que nos contó que un amigo suyo que vive en Alemania no había podido llegar a tiempo para ver su padre quien había fallecido. Y es que estés donde estés estas situaciones suceden, sin embargo, esto nos llevó a la conclusión de: queríamos estar cerca para poder llegar al menos el mismo día si una emergencia sucede. Y así fue como Canadá resulto ser el país elegido.

La sensación inexplicable de saber que tu meta de vida es real

Siguiente paso, conocer el proceso. Existen diferentes procesos para irse a vivir a otro país, pero encontrar el ideal requería tiempo y dedicación. Es vital entender todos los requisitos y condiciones que necesitas para emigrar ya sea como Residente, como Residente Permanente, para poder ejercer ambos, etc., y que además en nuestro caso varían de acuerdo con la provincia. Nosotros descubrimos luego de investigar que el proceso que más nos convenía por nuestro historial educativo y profesional era el “Express Entry”; sin embargo, desde el primer minuto en que empezamos a verlo a detalle supimos que necesitábamos hacer mucho trabajo por fuera para reunir todos los documentos necesarios y traducirlos. Y es aquí donde el tema económico se convierte en un factor importante. En nuestro caso todo documento que nos era requerido debía ser traducido al inglés solo con traductores certificados aprobados por el gobierno de Canadá, y cada documento que queríamos obtener de nuestras escuelas costaba dinero, porque así es en las escuelas privadas. Luego está el costo del envío del sobre de los documentos. Después, comprobar que tu nivel de inglés es suficiente para poder vivir allá, pagar el examen IELTS y obtener un mínimo de puntaje para que sea válido. Y así, con documentos escolares, profesionales y personales.

Recuerdo que quisimos mantener nuestro plan ‘en secreto’ porque no sabíamos cuánto tardaría, porque según nosotros no somos supersticiosos pero ‘estas cosas se salan si las andas contando’, sin embargo, como al año de haber empezado recibimos uno de los mejores correos del gobierno confirmando que habíamos aprobado otro paso del proceso, y Pablo muy emocionado escribió un párrafo entero de pura emoción en WhatsApp que yo no contesté en horas porque lo escribió en un chat grupal de amigos (ja, ja, ja) –en aquellos días no existía aun la función de borrar cosas en los chats- y entonces recibió respuestas inesperadas y fue ahí donde lo contamos a ciertas personas, etc. Vale la pena mencionar que hasta este punto nuestras familias no sabían nada. ¿Por qué? Por miedo, a que nos hicieran flaquear los comentarios sentimentales en el proceso, por miedo a que no se hiciera y fuera ‘una derrota’ pública, etc.

Un momento importante fue cuando llegó el correo donde nos solicitaban el Acta de Matrimonio. Nosotros siempre aplicamos como ‘esposos’, porque era parte del compromiso que ambos queríamos dejar claro que tendríamos mutuamente al tomar esta decisión tan grande y más allá de eso, aplicar como esposos nos permitía tener los mismos privilegios de Residentes Permanentes incluyendo el ejercer profesionalmente. Cuando llego ese correo, el primer comentario de Pablo fue “Necesitas un anillo” y el mío fue “Voy a invitar a mi mamá a tomar un café…” Y así fue, en un café le dije a mi mamá que me quería ir a vivir a Canadá, que llevaba más de un año ya en el proceso junto con Pablo y que tenía 30 días para casarme, traducir el acta y enviarla. Por supuesto fue el café más largo de la vida. Y una semana después Pablo y yo éramos marido y mujer, habíamos logrado tener una fiesta pequeña pero muy linda e ingenuamente creíamos que estábamos a unos cuantos meses de irnos… De nuevo no sabíamos nada.

Por lo mismo rentamos un departamento amueblado y chiquito porque ‘no estaríamos ahí mucho tiempo’, solo era mientras nos mudábamos. Finalmente, un año y tres meses después, ahora con Gin –una Golden Retriever de 6 meses- en nuestras vidas, y estando de vacaciones en el puente de Día de Muertos tomando Mojitos a las 10:30am #PorqueVacaciones, recibimos el correo de confirmación por parte del gobierno de Canadá donde de las cinco hojas que eran nos fuimos hasta el final donde decía “April 14th, 2018”, la fecha límite que teníamos para llegar.

A partir de ese momento todo se volvió color de rosa, toda reunión era de despedida y toda conversación empezaba con un ‘Ahora que nos vayamos/se vayan” o terminaba con “Ya los visitaremos”. Era increíble como después de casi 3 años, cerca de 20 mil pesos y muchos momentos de desesperación e incertidumbre, lo habíamos logrado. Es una sensación inexplicable saber que tu meta de vida es real, que lo lograste y que vas a emprender el viaje que muchos nunca hacen por falta de coraje, dinero o interés.

Luego de casi 10 meses de haber llegado a nuestro nuevo hogar, Saint John, New Brunswick, y a un par de semanas de ir de visita a CDMX, estamos más que convencidos que ha sido la mejor decisión de nuestras vidas y si Gin hablara, estoy segura que estaría de acuerdo.

Duelo migratorio, mi nueva realidad

@LoretaRicO | @OpinionLSR | @lasillarota