Opinión

Simplemente Luis

Para mi madre huíamos de la miseria, de la soledad, de una vida de aguante. Yo no huía de nada | Nasheli Resendes

  • 22/03/2018
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Al llegar a cada nueva ciudad, el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más, te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos

Italo Calvino 1923-1985, escritor Italiano

Aquella noche salimos de casa con dos cajas en mano; contenían nuestras vidas.

Era una noche en la que el rocío de la bruma acariciaba mi rostro. Mi vestimenta de verano se limitaba a una bermuda de color café hasta las rodillas, una playera roja de manga corta, mis calcetines blancos, un suéter ligero para cubrirme, y mis compañeros de vida de ese momento: mis desgastados tenis blancos.

Aún conservo el recuerdo de mi madre cuando me tomó de la mano y me dijo: Empezaremos en un Mundo nuevo con la Idea de Girar nuestras vidas en 360°, para Reanudarlas y Aprender a  Romper los paradigmas. Una frase muy profunda y que por supuesto a mis cinco años no entendí, pero que quedó grabada en mi memoria. En aquel entonces la traduje como: me sacan a media noche de mi cama calientita para salir “escapando” de una vida y llevarme a otro “planeta”. Cosa que no quería y, sobre todo, nadie me preguntó.

Esto sucedió hace 45 años, cuando yo era un niño al que le gustaba ensuciarse los pantalones con tierra; jugar a las canicas y comerse la paleta de caramelo llena de colores que doña Chulí siempre le regalaba. Era mi más grande tesoro.

Ahora soy un hombre maduro con una actividad comercial fructífera, que continúa recordando aquella noche que salimos como fugitivos.

Para mi madre huíamos de la miseria, de la soledad, de una vida de aguante. Yo no huía de nada. Yo abandonaba mis canicas y la tierra donde me revolcaba día a día. No volvería a tener la paleta que iluminaba mi vida. A esa edad nunca entendí por qué tenía que dejar todo. Ese que era todo mi mundo y que no se comparaba con ningún otro, porque allí yo vivía contento, en mi país.

Todo para llegar a un lugar donde yo no era lo que fui, era otro; me convertía en “il nuovo arrivato” o “il bambino”, ese al que con un abrir y cerrar de ojos le fue cancelado su pasado con un boleto de tren, que ni siquiera yo mismo compré.

Nunca comprendí cómo empacar en una caja de cartón el color de mi tierra, el olor del río que pasaba cerca de la casa, los sabores de mi comida, mis dulces preferidos y a mis mejores amigos: Chava y Pecas.

Hoy recuerdo mucho mi país de origen. En mi pueblo no importaba cómo me vestía, cómo hablara, cómo me movía. Allí la única cosa que importaba es que era yo, por el hecho de existir, no tenía una etiqueta.

El paradigma de ser pobre, pero quedarnos, como pensaba mi madre, logramos romperlo. La vida nos giró 360°.

Ahora quiero romper el paradigma de ser Luis Pares, el empresario de Padua, quiero ser como era a mis 5 años, cuando existía por ser y no por lo que hacía. Hoy compraré mi billete y me voy a buscar a Chava y Pecas a mi antiguo barrio, me voy a jugar canicas para revolcarme en la tierra y a revivir todos esos sabores y colores que son parte de mí y que en todos estos años han estado sepultados.

A las 9:30pm del 12 de junio de 2012, Luis Pares tomó su tren. Desde entonces no lo hemos vuelto a ver aquí en Padua. Se fue dejando todo, todo lo que tenía para recuperar todo lo que era.

Texto Finalista del Premio Literario Internacional “Juan Montalvo” 2015

Università degli Studi di Milano Bicocca y Consulado de Ecuador en Milán.

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