Opinión

México fuera de México

Si alguna vez la soledad nos alcanza en el extranjero, nos reconfortará encontrar en nuestros compatriotas un poco de nuestro país. | Ernesto Cruz Ruiz

  • 20/06/2019
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Todos los mexicanos llevamos a México dentro de nosotros. Si alguna vez la soledad nos alcanza en el extranjero, nos reconfortará encontrar en nuestros compatriotas un poco de nuestro país. Pero de igual forma la mexicanidad puede cegarnos y hacer olvidar que hay algo más allá de México. Ese ultramar seguro nos dará nuevas perspectivas para valorar lo que somos y lo que no. Por ello jamás negro o blanco, hay que saber y aprender de matices, tanto en colores, como en el ser mexicano. Amar a México no debe excluirnos del mundo.

Esta columna trata acerca de la mexicanidad y a la par es un agradecimiento a los mexicanos que me han enseñado a ser mexicano y a olvidar ser uno de ellos. Y este texto, particularmente, es una correspondencia a los mexicanos con quienes en las últimas semanas he compartido ese significado.

Entre otras razones, esta nostalgia fue el resultado de la hospitalidad del hogar mexicano entre la montaña y el mar. Resultado de escuchar de nuevo lo anecdótico de nuestras conversaciones, la magia de buscar lo incontable, allá en montañas, allá en la historia que nos precede. Y entonces estuve seguro de que nuestro misticismo nos distingue, aún en esas ciudades que son como un “Polanco grandote”. Sentí muy intensamente la pasión mexicana, pues ésta iluminó lo verde de los árboles que toman agua del cercano río que cruza selvas negras. Sentí lágrimas, y ofrecí ayuda. Caí tanto como cayó mi reflejo mexicano al derrumbarse. Y los nombres de los mexicanos referidos no necesito mencionarlos, pues este texto, de una o de otra forma lo leerán. Como uno de ellos lo mencionó entre los restaurados muros de un mítico restaurante de ciudad independentista: “uno escribe para ser leído, principalmente por su familia y sus amigos”.

Pero fue en esa ciudad en la que soplan aires revolucionarios que recordé que los mexicanos siempre tienen tiempo para ayudar a los amigos en toda situación. Que si un amigo falta, el otro aparece. Y si no es el amigo, es la familia. Y así se continua. Uno tras el otro. Pero también me sentí triste pues hoy en día esa ayuda se ha convertido en pleitesía y en un eterno solapar. Amigos y familiares confunden significados de palabras y lazos emocionales. Quizás todo sea temporal y todo en México vuelva a girar en torno a la familia y amigos, pero sin que esas familias se conviertan en clanes, sin que esos amigos se conviertan en alienados.

Más aún, no es necesario salir del país para comparar una cultura con la otra y saber que nuestras familias ahora son sectas. Que muchos de nosotros los mexicanos estamos perturbados por las circunstancias violentas y nos aislamos del mundo exterior. En nuestro anhelo de superarnos a nosotros mismos, nos hemos convertido en autómatas. Aunque las causas son seguramente múltiples, se tiene que empezar con aceptar el yerro personal. Pero a pesar de que en México adolecemos de injusticias, violencia, entre otros, nuestro carácter innato de ayuda al prójimo nos permite ser más humanos que otros humanos en otros países. Y no es que los humanos en otras culturas sean menos humanos, sino que son más independientes. Precisamente por ello, si nuestra naturaleza mexicana tiene que ver con el ser social, tenemos que recuperar lo social en nosotros. Si esa es nuestra fortaleza, esa es la que nos ayudará a salir adelante. Luego entonces, reencontrémonos con esa fuerza.

Pero no exijamos paciencia, compañía o tiempo del otro, si no hemos sido antes nuestros propios críticos. Ayudémonos como mexicanos que somos, pero empecemos por nosotros mismos. Nuestra familia y amigos están ahí, ellos siempre nos ayudarán, pero evaluemos nuestras propias limitaciones. Veamos nuestros defectos, pues parece que dejamos de ver hacia dentro, por ver pantallas y monitores. Vivamos pues nuestra realidad como mexicanos, ya sea fuera o dentro, ya sea eso en nuestro país, o en nosotros mismos. Seamos nuestros propios jueces. Veamos con ojos abiertos y con ojos cerrados. Afuera y adentro.

Múnich, 14.06.2019