Opinión

Los clásicos en dos tierras

Los clásicos de la literatura aportan a la acción contemporánea una posibilidad para hacer un ejercicio de observación y auto-crítica. La historia, está viva

  • 02/11/2017
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 ¿Es Cataluña una Eneida? ¿México y Cataluña evocan la lucha de Antígona? ¿Ambas tierras tendrán la fuerza de los hermanos Hunahpú e Ixbalanqué? ¿Es posible equiparar las circunstancias de ambas en un argumento de comedia shakesperiana?

Es del todo lógico que los clásicos de la literatura universal tengan similitudes con la actualidad, a través de argumentos que se entrelazan y también en personajes que convergen y combinan entre sí. Antígona, la moderna activista revolucionaria, que se opone desde su acción individual a la fuerza implacable del Estado. Es en la obra de Sófocles que podemos observar la conjunción de dos posturas radicales: la de Creón, para el cual su “deber” está en hacer cumplir la ley, una ley caduca y al mismo tiempo, incuestionable. Es en aras de esta obligación asumida, que justifica la violencia, intimidación, agresión física, y psicológica. Por otro lado, Antígona, una heroína que se opone con todas sus fuerzas, miedos, tesón (o necedad), valentía, a esta ley arbitraria. Cataluña y México, Antígonas contemporáneas.

Una parte de Cataluña exclama la fundación de una nueva patria, propone una aventura colectiva, similar a la que Virgilio plantea en su obra La Eneida, la búsqueda de una tierra de oportunidades. Es Eneas también un personaje amalgamador de responsabilidades colectivas, sin dudas, ni tribulaciones, representa una figura capaz de unificar el sentir de grandes masas, guiando el largo camino de un pueblo. En México: una candidata indígena presidencial independiente.

El Popol-Vuh nos presenta una visión de los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, los cuales, a través de aventuras desafortunadas, enfrentan a algunos humanos presuntuosos que pretendían ser dioses. Son los hermanos quienes posteriormente a derrocarlos, labran ellos mismos la tierra que habitan. Una lectura cercana a una parte de México y Cataluña, con su necesidad por desbancar políticas y políticos ambiciosos, para ser labradores de sus propias tierras.

Es en Sueño de una noche de verano de W. Shakespeare, donde podemos encontrar una comedia coral, una comedia llena de enredos, en la cual existe una lucha entre viejos amantes, donde hay un halo de insensatez. Un argumento complicado, con embrollos amorosos, con racionalidad constructiva, con cambios de pareja, mutaciones del espíritu y revelaciones existenciales. Un argumento cercano a nuestras realidades, ya que, entre supuestos Estados de derecho, dimisiones, aprehensiones, liberaciones políticas, huídas, asesinatos ideológicos, e incluso humanos, Shakespeare nos revela una realidad cercana, una comedia casi fársica de las sociedades en las que vivimos. Es el espíritu dinamitador y enloquecido que caracteriza a esta comedia, multiplicado hasta lo inaudito, que se equipara el argumento de Shakespeare a la realidad en la que nos encontramos México y Cataluña. Con un desorden en el campo de los sentimientos, siendo el deseo el agente fundamental de la acción dramática. Es lo que deseamos, lo que nos motiva a caer en episodios cómicos y a la vez llenos de melancolía.

La noche de verano de Shakespeare es mágica, pero extraordinariamente densa. Todo ocurre en un tiempo lunar de exasperación emotiva que conduce a una madrugada agridulce. Algunos argumentos que transcurren en las pocas horas de una velada mantienen esta ambivalencia sentimental […] la noche es un espacio interior para las revelaciones, la emergencia de los amores y los odios, la caída glacial de las máscaras...

Jordi Balló.

Es preciso conocer la historia, solo de este modo será útil aprender de ella, solo de este modo evitaremos repetirla. Los clásicos de la literatura aportan a la acción contemporánea una posibilidad para hacer un ejercicio de observación y auto-crítica. La historia, está viva. 

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