Opinión

¡Lejos, lejos!

Porque cuando te vas, más que moverte hacia un lugar, vas hacia un destino, el tuyo. | Mafer Álvarez

  • 27/12/2018
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¡Vámonos lejos, lejos, lejos! era la respuesta que cada domingo mi hermana y yo le dábamos a mis papás cuando nos preguntaba en donde queríamos ir a desayunar. Y bueno, supongo que al final le cumplí a mis papás la promesa de ir lejos, lejos.

Pero ¿qué tanto es tan lejos de México? Pues, lo suficiente para saber que debes de tener un corazón grande, tan grande que en él puedas guardar tantas cosas que dejas, alegrías y tristezas, expectativas y realidades, cultura y tradiciones, amigos y amores. Pero también un corazón que a veces teme que se hayan olvidado de él.

Tan lejos, que cuando tocas el piso de tu nueva ciudad pierdes todo sentido de pertenencia, porque el colchón en el que duermes por primera vez no tiene forma, no tiene tu forma y la almohada es completamente ajena a ti. Sin embargo, sabes que con esta experiencia aprenderás y crecerás.

Para mí, ir lejos, lejos, ha sido llegar a Madrid y fue como llegar a esa ciudad que te recibe con los brazos abiertos, te acoge, te cobija, te hace volver a reír, a sentir, y a creer en ti.

Pero una vez que ha cumplido con su cometido, una vez que el piso de la ciudad ya te pertenece, que el colchón ya tiene tu forma y que la almohada ya no es ajena a ti, te hace extrañar tus raíces, te hace añorar personas y tan ancha como lo es esta ciudad, te invita a volar de nuevo, con la única condición de regresar y de nunca olvidar lo aprendido, ni lo vivido.

Recuerdo que entre el café y una tostada aprendí a valorar nuestro café de olla y nuestros huevos a la mexicana, que en el aeropuerto comprendí el poder de una sonrisa, que en una cita los chicos no necesariamente te llevan flores, y un Ándalus me enseñó que el tiempo es tan relativo, que la improvisación muchas veces es tu mejor aliado y ¡olé!

Que las diferencias culturales no sólo radican en la comida, sino también entre el verbo y una actividad pro creativa, como coger; que el piso, no es lo que pisas, sino el lugar en donde habitas, que 1 euro equivale a 25 pesos mexicanos, pero que con esos 25 pesos puedes comprarte los mejores tacos de la ciudad y también aprendí que los locales de comida árabe, son en realidad los taqueros europeos.

Además, descubrí que por más lejos que estés de casa, siempre hay algo que te hará recordar ese lugar tan tuyo, porque a cualquier lugar del mundo al que vayas siempre encontrarás gente de tu país o alguien escuchando música que conoces a la perfección, como "El Cielito Lindo" que estoy segura que te hará llorar mientras lo cantas, y que es el anuncio de que hay un grupo de mexicanos reunidos, los mismos que muchas veces te mantienen de pie cuando el extrañar se convierte en tu modo de vida.

Después de todo, el mundo es muy grande para quedarse en un solo sitio, pero muy pequeño para los que tienen el corazón tan grande, tan grande, como lo tienen las personas que dejo aquí.

Como Martha, esa fotógrafa de moda mexicana que no solo pone en alto el nombre de México con sus grandes editoriales, sino con su gran valentía, porque ella, es de las personas más valientes que conozco, que sabe ir detrás de sus sueños aunque se encuentren lejos, lejos ¡y que gran maestra ha sido!

O como Patty, cuya paciencia, calidez y humanidad te enseña que a pesar de los momentos de soledad un ¡súper si! te cambia el día, y que los amigos son la familia que uno elige.

Sin dejar a un lado, las leyes, la igualdad y el empoderamiento de las mujeres mexicanas, de lo cual se encarga Marisol, y que su lucha constante no solo inspira, sino te invita a luchar de la mano con ella, porque como sabiamente lo dice "la vida no admite representantes" ¡y me pongo de pie ante ella!

Sin olvidar a Alicia, una mexicana que no solo es una gran persona, sino una gran anfitriona, ya que si me preguntaran de quien es la frase "mi casa, es tu casa" les diría que ella y su esposo Ernesto la hicieron. Porque su hogar, es un lugar en el que te hacen sentir que estás en familia, con una atención que sabes que solo un mexicano la podría dar.

Estas mexicanas que día a día se encuentran tan lejos de su familia, me enseñaron que la falta de amor se cura con más amor y que en muchas ocasiones tenemos que abandonar la vida que habíamos planeado, simplemente porque ya no somos las mismas personas.

Porque sí, siempre estará la luz interminable de París, la realeza de Londres, los gofres de Holanda, el vino en Oporto, las calles inclinadas de Lisboa, la Fontana di Trevi en Roma, la rectitud de Alemania, lo exótico de Marruecos, los paisajes de Suiza y la marcha de los gatos en Madrid.

Pero sabes que el corazón, la alegría, la picardía y la amabilidad de la gente, esa señores, esa se la ha quedado México y su gente. Y sabes que es ahí donde perteneces.

Así es como por última vez, me acuesto en el colchón que ahora sí me reconoce, la almohada ahora sí es más suave por ambos lados y me pregunto en quién me estoy convirtiendo y hacia dónde voy. Porque cuando te vas, más que moverte hacia un lugar, vas hacia un destino, el tuyo.

Y es como después de unos años "así veo México", como un país de gente valiente, como un país tan grande y no solo por su territorio, sino porque hasta ahora no he conocido a gente más alegre, más hospitalaria, con más calidez humana, que la mexicana ¡Y qué suerte!

De “Godínez” a Voluntaria Internacional

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