Opinión

Las redes sociales arden ¿Qué pasó con la utopía digital?

Necesitamos encontrar nuevas formas de hacer del foro público digital un lugar para confluir y co-crear. Los retos del siglo XXI lo demandan. | Gloria J. Guerrero

  • 21/03/2019
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Un argumento a favor de internet como un espacio público digital es que conecta a las comunidades y expande la democracia al permitir que se escuchen más voces[1]. Nadie puede negar que las redes sociales tuvieron un efecto de empoderamiento en la discusión en línea y el acceso a la información. Las plataformas digitales como Facebook y Twitter se convirtieron en un espacio natural para la creación de contenido. Esto, hizo de internet un medio interactivo donde el contenido creado por los usuarios es el combustible de las redes sociales.

La diversidad y el gran volumen de discusión están presentes en las plataformas de los medios sociales, y es posible recordar la teoría de Habermas sobre el papel de la esfera pública y la participación de los ciudadanos en el debate público.

Las redes sociales han desempeñado un papel central para destronar a los dictadores y regímenes autoritarios en diversos lugares del mundo. Después de la Primavera Árabe, nadie dudó del poder democratizador de internet y el potencial masivo de las plataformas de medios sociales como herramientas para proteger y luchar por la democracia.

¿En qué momento se terminó la utopía digital?

Lo que vemos hoy en las redes sociales es la pérdida del debate constructivo. Si bien, las redes sociales representan un espacio de libertad de expresión y diálogo, estamos perdiendo la habilidad y el interés de generar debates constructivos como una manera de formar la opinión pública.

Recordemos que diversos autores defienden que la democracia necesita de controversia para florecer. Un enérgico y provocador debate es la base para la formación de la opinión pública y para encontrar ideas de soluciones constructivas.

El debate de fondo se extingue en Twitter y es reemplazado por opiniones endurecidas cuyos defensores vemos a diario en las redes sociales y hasta en los programas de televisión. Esta lucha resulta sumamente dañina para la democracia. Agrediéndose unos a otros con hechos no verificados e información sin control, hay pocos incentivos para llegar a acuerdos y otorgar concesiones.

Esto ha creado una atmósfera de "nosotros vs. ellos" en la que todos pelean por atención y autoafirmación. Las redes sociales son un nuevo campo de batalla en el que todos tenemos un altavoz en la mano. Esto es un arma de dos filos y por ahora, no parece que estemos aprendiendo de ello. El ruido y la interferencia matan la libertad de expresión.

En la era de Twitter desacreditar a los oponentes se ha convertido en la norma. Todos tenemos algo que decir, el problema es que sólo estamos dispuestos a escuchar nuestra propia versión. El principio básico del círculo de la comunicación se ha roto y es una carretera de un solo sentido.

Aun con eso en mente, no es posible negar que la conectividad a internet y las plataformas de redes sociales permiten cambios sociales, políticos y económicos en todo el mundo. No todo está perdido pero debemos empezar a hacer las preguntas pertinentes:

¿Cómo podemos fomentar el debate público dónde sea posible que aquellos con diferencias de opiniones se desafíen entre si sin ser divisivos? ¿Discutimos de los temas equivocados o en la forma equivocada?

Necesitamos encontrar nuevas formas de hacer del foro público digital un lugar para confluir y co-crear. Los retos del siglo XXI lo demandan.

[1]Green, L. (2010). The internet an introduction to new media: Berg New Media Series

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