Era el año 2006, a un mexicano en Alemania le preguntaban los universitarios alemanes y de otras nacionalidades acerca de la comida picante de su país, de las azules playas del Pacífico, las arenas blancas del Caribe, los mariachis y del tequila. En el año 2011, al mismo mexicano, otros universitarios, le preguntaban acerca de la guerra contra el narcotráfico y todas las vidas que había costado. Ya para el año 2017, las preguntas acerca de comida típica y costumbres características de los mexicanos parecían un recuerdo muy lejano.

Ahora que corre el año 2018, los alemanes buscan confirmar con el mismo mexicano como el narcotráfico mexicano ha permeado todas las estructuras sociales y políticas. También buscan saber más acerca de Trump, de su muro, del Chapo, pero sobre todo buscan todavía tener una conversación acera de la violencia que se vive en todo el país. Todos los alemanes saben que el terror en el país ha dejado de estar focalizado en ciertas zonas y en ciertos estados de la República Mexicana. Ahora mismo, se habla de la fallida estrategia frontal contra el narcotráfico, se preguntan cómo es que no se ha ponderado, o discutido abiertamente, la legalización de las drogas o de algunas de ellas para poder mermar de alguna forma el flujo de recursos financieros a los grandes cárteles.

Específicamente, los alemanes universitarios quieren saber qué fue lo que pasó, qué es lo que ocurrió en el país que ahora todo parece perdido. Se preguntan y te preguntan acerca de las causas de tanta violencia. Quieren saber el porqué de los cárteles. Tienen tantas preguntas y tan pocas respuestas. Y parece que todos o muchos mexicanos tienen todas las réplicas, pero pocas acciones. Y es cierto. Todos tienen las respuestas. Todos los mexicanos tenemos las respuestas. Porque es cierto eso que se dice acerca de nuestro país: México está sobre-diagnosticado. Y este análisis es tan válido hoy, como siempre. Se ha dicho de mil y una formas lo que es sabido por muchos. Todos sabemos en dónde radica el problema, pues es particular, además de general. Y no hace falta escribir aquí es donde radican las complicaciones.

Transformación en manos de los mexicanos

No obstante, ahora mismo, en 2018, se cuestiona mucho más al mexicano acerca de los sicarios del narco. La mentalidad alemana no puede concebir su crueldad, la ausencia de humanidad en sus actos. Algunos alemanes buscan entender los videos de ajustes de cuentas o de simple propaganda de sangre que aparecen en internet: esos de desmembramiento, esos de decapitaciones. Esos videos catalogados como gore, que superan a la misma ficción. Los alemanes no entienden esa ausencia de humanidad, ese simple cumplir órdenes, sin la menor vacilación, esa forma mecánica de hacer lo que se ha mandado hacer. Los alemanes se preguntan cómo es que el gobierno se queda cruzado de brazos en tales situaciones, por qué los ciudadanos no podrían hacerles frente a tales actos. Y es que el Estado, en su papel de administrador, como la organización social que tiene a su mando el monopolio del uso legítimo de la fuerza física, parece estar ausente.

Y si se compara al Estado Mexicano con el Estado Alemán, obviamente los ciudadanos alemanes pueden tener la certeza que éste está presente en todo momento. El Estado Alemán se hace patente protegiendo a las minorías, fomentando la participación ciudadana y su formación cívica, así como creando diálogos entre contrapartes para lograr el entendimiento entre opuestos. El Estado Alemán se ocupa de las nuevas generaciones a través de la educación de calidad, el Estado Alemán se ocupa de lograr pensiones dignas para sus adultos mayores.

Y a pesar de lo proactivo del Estado Alemán, hay que subrayar que también ese gobierno tiene fallas: no hay perfección. Sin embargo, la pregunta consecuente para el caso mexicano sería: ¿dónde está el Estado Mexicano? La réplica sería: cualquier Estado se forma con base en la voluntad de los que serán sus ciudadanos, de su sociedad. Y considero relevante lo último, pues en este momento histórico de alternancia política en nuestro país, es necesario recordar que no hay héroes. Una administración no hará un cambio radical, es sano que haya cambio, pero la verdadera transformación surgirá de los propios mexicanos. En este momento de escisión, todos y cada uno de los mexicanos son la pieza fundamental de la transformación. Todos los mexicanos sabemos qué está mal, sólo tenemos que corregirlo.

El nuevo aeropuerto: los agravios y los sesgos

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