Opinión

¡En esta la traigo, pero en esta no!...

La ciudad de México, al igual que Barcelona trata de contrarrestar lo negativo e impulsar nuevas formas de convivencia entre iguales. | Miguel Ángel Orduño

  • 07/03/2019
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Hace ya muchos años al cumplir los dieciocho y siendo yo un provinciano que no conocía más allá de sesenta kilómetros de mi lugar de origen, recuerdo que en una ocasión me dijo mi padre me dijo “Hijo, el día que domines vivir en la Ciudad de México, a donde quiera que vayas, todo te resultara más fácil”, claro él lo decía porque había tenido esa oportunidad, la que yo tendría después, cuando tuve que asumir el reto de cambiar mi residencia a la gran jungla urbana por motivos de estudio. La gran ciudad por fin me dio la bienvenida, donde el Instituto Politécnico Nacional fue mi alma mater. Esa ciudad que no duerme, esa ciudad donde son más los buenos que los malos, donde hay violencia; robos, asaltos, secuestros, violaciones y todo tipo de ilícitos que tienes que sortear buscando alargar que no te toque el turno que puede marcar toda tu vida y que en todo caso vivirán en tus recuerdos, donde éstos también literalmente te asaltan cuando te vienen a la memoria.

Pues bien, después de haber vivido en muchos lugares de México, desde hace casi seis años me he establecido en Barcelona, una ciudad impresionante por la dinámica que le imprimen sus espacios de actuación, un lugar donde conviven casi tres millones y medio de personas incluyendo su zona metropolitana, y que a finales del año pasado con motivo de la “Smart City Week” convirtió sus barrios en sitios abiertos a su gente, todas las personas que quisieron participaron con sus opiniones, reflexiones y charlas amenas, ¿y cóomo no? si el principal objetivo era debatir los desafíos, límites y todas aquellas oportunidades que puede brindar una ciudad inteligente como la Olímpica Barcelona, la ciudad Condal, capital de Cataluña, una región del Norte de España que tiene su propia cultura, tradiciones y personalidad.

Sin embargo, aunque la percepción pareciera que es positiva, Barcelona es una ciudad que también vive su propia problemática; terrorismo, vandalismo, robo en unidades de transporte, problemas de desempleo y enfrentamientos caóticos son ahora el diario vivir, como el que escenifican los taxistas enfrascados en discusiones legaloides y de derechos laborales que han vuelto común la afectación a los derechos de los usuarios de la ciudad y atenta contra su seguridad.

Ahora, a tantos años de distancia de aquel primer día en que llegue a la gran ciudad de México; viviendo primero en la colonia Industrial, caracterizada en mis recuerdos por su tianguis dominical, la iglesia de la Pasión y la extinta fábrica Ford, luego al crecer la familia junto con mis hermanos pasamos a vivir a la colonia Bondojito y posteriormente a la Gertrudis Sánchez, donde los bailes son comunes y el escenario siguen siendo las calles y, aunque usted no lo se crea, jamás hubo un solo pleito, eran otros tiempos, siempre se privilegió la sana convivencia. En 1991 me tocó vivir en la conflictiva colonia Cuauhtémoc y por último viví en un departamento de la colonia Narvarte, sin duda, me invade la nostalgia cuando pienso en la Ciudad de México. Hoy, intercambio puntos de vista con profesionales y amigos comunes, y me doy cuenta de la grandeza y fortaleza de la magnánima ciudad que, a pesar de sus grandes problemas sociales y de convivencia, no la cambio por ninguna otra en el mundo. La ciudad se transforma, y al igual que en Barcelona también hay un enorme esfuerzo en temas como innovación, ciencia y tecnología, movilidad, redes sociales y, además, se trabaja arduamente por ganar espacio público para un territorio cada vez más complejo, tratando de contrarrestar lo negativo e impulsar nuevas formas de convivencia entre iguales.

Agradezco a La Silla Rota por su invitación a colaborar con mis modestos comentarios, tratando de expresar a los lectores mi punto de vista acerca de nuestra visión del Mexico que siempre llevamos en lo más profundo de nuestro ser, a pesar de la gran distancia que nos separa.

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