Opinión

En el discurso de la migración

El diálogo entre los actores políticos y la sociedad debería partir, sin excepción, del respeto a los Derechos Humanos. | Verónica Yazmín García Morales

  • 05/07/2018
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Todos, alguna vez, nos hemos ido. Hay preguntas en las que uno se constituye. No es lo mismo responder a la pregunta ¿de dónde eres? que ¿de dónde vienes? La pertenencia como resultado del azar es siempre cuestionable. Hoy vivimos una crisis humanitaria, el drama de la migración. La política migratoria está sostenida en un discurso político que confronta a las personas, que excluye los valores que una sociedad democrática debería procurar, que vulnera la dignidad humana.

La política muestra en estos días sus gestos más toscos. Así, el Ministro de Interior de Italia, Matteo Salvini, con un relato racista y xenófobo, cerró los puertos italianos para el desembarco del Aquarius, nave en la que se encontraban 629 migrantes rescatados, entre ellos 123 niños que viajaban solos. Por fortuna, la política también tiene gestos ejemplares, donde valores como la solidaridad, la responsabilidad y la justicia son protagonistas. El Gobierno de España ha actuado en esta dirección al acoger al AquariusSólo así se materializa el discurso de los Derechos Humanos.

El discurso político de Donald Trump sobre la migración, sin duda, se asemeja a las expresiones de odio que destilan las palabras y acciones de Matteo Salvini. Las políticas migratorias del actual Gobierno de Estados Unidos de separar a cerca de 2000 niños de sus padres y mantenerlos detenidos en la frontera con México es una de las más lacerantes. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, ha señalado que: “La idea de que un Estado intente disuadir a los padres [de entrar indocumentados al país] cometiendo este abuso contra los niños es inadmisible. Insto a Estados Unidos a poner fin inmediatamente a esta práctica”.

El debate sobre la política migratoria, en todas sus direcciones, se vive de cerca en México. Sin embargo, las políticas migratorias que el Gobierno de México adopta tampoco responden a los estándares de protección de Derechos Humanos. El discurso político en México, ahora impregnado por la coyuntura electoral, se centra en “defenderse” del país vecino del norte. La invitación a dialogar desde esta tesitura es tentadora, por su marcado carácter nacionalista, pero ni aborda los verdaderos problemas estructurales del país ni plantea soluciones.

Respeto a los Derechos Humanos

El diálogo entre los actores políticos y la sociedad debería partir, sin excepción, del respeto a los Derechos Humanos. Si nos instalamos en un discurso político que responde a la migración a través de la retórica del odio, del miedo, del rechazo al otro, al “distinto”, también contribuimos a esa deshumanización al discriminar por razones de origen étnico, religioso, de género, de orientación sexual, entre otras. La situación de vulnerabilidad de los migrantes en la frontera de México con Estados Unidos no es distinta de la que viven los migrantes centroamericanos en estados como Chiapas, la frontera sur de México. Por qué el discurso político en México no se ha dirigido a esta realidad tan evidente en este entorno. ¿Acaso no vemos a los niños migrantes que “trabajan” en nuestras calles y viven marginados?

¿De dónde venimos? es, a mi parecer, la explicación que daremos ante los que hoy son niños. Todos aquellos que aprenden de nuestros actos, gestos y  palabras, sabrán que venimos de un discurso de rechazo al otro. Cómo ser sin el otro cuando necesariamente éste nos define. Quizá sería ir muy lejos suponer qué habita en el diálogo interno de un niño. Mas imaginar siempre nos abre la posibilidad de reflexionar. Carson McCullers dice que “el niño distingue dos capas de realidad: la del mundo, que se acepta como una inmensa confabulación de todos los adultos; y la no reconocida, la escondida y secreta, la profunda”. ¿Cuáles serán las capas de realidad del niño migrante?  

Así veo México

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