Opinión

De contingencia a ordenamiento

Podríamos aplicar el ordenamiento territorial en vez de mejorar la infraestructura vial automovilística. | Flavio Díaz Mirón Rodríguez

  • 06/06/2019
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En la última semana, las condiciones atmosféricas en la capital mexicana mostraron el grado de ineptitud en que nos encontramos al momento de pensar en transportación y movilidad. No hay duda de que el clima fue un factor crucial sin embargo las contingencias ambientales se han declarado más y más veces desde su concepción en la megalópolis. Quizá es porque nos hacen falta más vecinos con quien compararnos, pero nuestra decisión a la hora del transporte es ruidosa, insegura, anti-social, contaminante y lenta.

Siendo la ciudad más grande del hemisferio oeste, con una población flotante de más de veintitrés millones, ¿por qué no hemos auspiciado la creación de corporaciones metropolitanas para el desarrollo progresivo del sistema de transporte colectivo metro? La disminución en la concentración de partículas 2.5 es algo positivo pero tampoco es alentador. De hecho, las partículas de menor tamaño son aún más dañinas y esas no las puede medir la dirección de monitoreo atmosférico de la Ciudad de México debido a la falta de inversión tecnológica y de investigación que debería auspiciarse en los centros de educación y/o de emprendedurismo; podrían conjeturarse programas académicos con becas nacionales e internacionales, no obstante, nos aferramos en el caduco manejo de energías petroquímicas. Mientras que en otras capitales del mundo, Ámsterdam por ejemplo, se desplazan a los automóviles fuera de sus centros urbanos para dar lugar a trenes ligeros, peatones, bicicletas y vehículos eléctricos. Hay una coordinada sincronía aparentemente desorganizada porque en una vía de comunicación conviven trenes ligeros, peatones, automóviles y bicicletas, sin embargo, no hay accidentes, ni atropellos, ni embotellamientos, ni demoras.

Nuestro matrimonio con el automóvil nos está costando año con año más caro, es por aquello que debemos divorciarnos de esos espacios individuales para invertir en más y mejor transporte masivo, ¿por qué no que toda la red de transporte de pasajeros de la Ciudad de México sea eléctrica? ¿Por qué no instalar rieles en el centro histórico y demás barrios culturales para trenes ligeros, limpios y menos ruidosos que el transporte automotor? ¿Cuántas más muertes ocasionadas por accidentes automovilísticos o por pésima calidad del aire de nuestra querida capital, la ciudad más interesante del mundo? ¿Para cuándo la contingencia ambiental se convertirá en una normalidad urbana?

En una librería pública en la ahora alcaldía de Miguel Hidalgo, encontré un libro acerca de cómo fue descrita la Ciudad de México desde que fue habitada por los grandes mexicas, transformada por los novohispanos y modernizada por los revolucionarios del siglo veinte. Acompañantes de Hernán Cortés describieron a la Tenochtitlán de Moctezuma como una ciudad en que se podía caminar descalzo sin ensuciarse. Convertida en la capital de la Nueva España, los novohispanos conservaron los canales para transportar bienes en trajineras. Y en el siglo veinte la ciudad se expandió convirtiendo nuestros ríos en viaductos y periféricos para acomodar más transporte motorizado. En vez de mejorar la infraestructura vial automovilística podríamos aplicar el ordenamiento territorial a favor de nuestra salud y del transporte masivo.

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@OpinionLSR | @lasillarota