Opinión

D.C. en desconfinamiento y a favor de más derechos

Aunque todo pareciera acercarse a la normalidad, en las calles nada se siente normal. | Aura Guerrero

  • 19/06/2020
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Este 19 de junio Washington D.C. pasará a la segunda etapa de reapertura de actividades. La alcaldesa de la capital estadounidense, Muriel Bowser, dio a conocer los lineamientos que la población y el sector empresarial deben seguir a efecto de evitar un incremento de casos de covid-19, y a la vez reactivar las actividades cotidianas y económicas en la ciudad. Esto es posible gracias a una disminución sostenida de casos, a pesar incluso del leve aumento de infecciones ocurridas con motivo de las protestas del movimiento Black Lives Matter. Adicionalmente, en este mes está por votarse una propuesta que permitiría que D.C. adquiera mayor autonomía, y se convierta eventualmente en estado.  Estos eventos se dan también cuando la Suprema Corte estadounidense está emitiendo criterios históricos en materia de derechos de las personas LGBTTTI y migrantes.

Durante esta segunda fase de desconfinamiento el gobierno local continuará operando de manera remota. Bajo las reglas emitidas, están prohibidas las reuniones de más de cincuenta personas, y los negocios considerados como no esenciales pueden tener clientes siempre que operen a una capacidad no mayor del 50%. Algunos servicios que requieren mayor contacto físico deben ser brindados sólo si existe una previa cita, y si hay una distancia mínima de alrededor de dos metros entre estaciones de servicio, mesas y/o sillas. Los centros religiosos podrán, bajo ciertas condiciones, proporcionar servicios presenciales, pero el gobierno quiere alentar a las iglesias a seguir llevando a cabo sus actividades en línea. Todavía no será posible ir a teatros o cines y sólo algunos de estos establecimientos podrán obtener un permiso gubernamental especial para reabrir.

Si bien el gobierno busca lograr que la población comparta responsabilidad y que, por ejemplo, las personas usen cubre bocas, por lo menos la mitad de quienes caminan por las calles no cuentan con esa protección. Algunos washingtonians parecen olvidar el todavía existente riesgo de contagio. Además, muchos, los afortunados que todavía tienen trabajo, siguen laborando desde su hogar. Es incluso raro ver a gente vestida con ropa que no sea deportiva o casual, como pasaba antes de la pandemia.

Aunque todo pareciera acercarse a la normalidad, en las calles nada se siente normal. Se respiran otros aires, y no sólo por lo que ha pasado con la crisis sanitaria y las protestas raciales. A raíz del descontento de varios sectores ante el uso por parte del gobierno federal de tropas y de la Guardia Nacional para contrarrestar las protestas; y de la inequitativa distribución de recursos federales para hacer frente a la pandemia, la Cámara de Representantes (conformada mayoritariamente por demócratas) votará el 26 de junio una propuesta para hacer de Washington D.C. el estado 51 de Estados Unidos.

Esto sería algo histórico y de ser el caso, la Casa Blanca y el presidente tendrían menor injerencia en la vida de la capital. De acuerdo con el orden constitucional estadounidense, corresponde a los estados dictar las medidas a aplicar internamente en temas de salud y seguridad. Washington D.C., como ahora la CDMX, tendría más independencia de la federación y contaría con la oportunidad de consolidarse como una ciudad progresista.

Hace algunos días también la Corte Suprema estadounidense emitió una sentencia en la que dictaminó que despedir a alguien por su orientación sexual o identidad de género es inconstitucional en todo el país. Es una resolución histórica que hizo que muchos salieran con la bandera del arcoíris a caminar por las calles. La Corte también publicó su decisión de mantener el programa migratorio denominado DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals) argumentando que el plan de Trump de eliminarlo no estaba suficientemente justificado. De esta forma, los miles de migrantes nacidos en el extranjero que llegaron a Estados Unidos. durante su niñez continuarán viviendo y trabajando en el país, sin que todavía cuenten con una opción para adquirir la ciudadanía estadounidense.

La Corte Suprema estadounidense hace historia durante esta crisis sanitaria al proteger los derechos de los grupos sociales que más se han visto afectados por las políticas conservadoras: los migrantes y la comunidad LGBTTTI. Ojalá también que las fuerzas políticas se alineen para que D.C. se convierta eventualmente en un estado y cuente con los mismos derechos que los otros integrantes de la federación. De esto D.C. podría aprenderle mucho a la CDMX.