Opinión

Crónica catalano-purépecha V

Tiempos de excepcionalidad. | Elvira García Mora

  • 02/04/2020
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Barcelona, España. El jueves 12 de marzo se anunció en los medios de comunicación públicos de Cataluña, España, la determinación de confinar cuatro comunidades de la provincia de Barcelona: Igualada, Vilanova del Camí, Santa Margarida de Montbui y Òdena para evitar la propagación del coronavirus. Las cuatro poblaciones forman parte de la Conca de Òdena, que es una zona intermunicipal formada en 2001 para dar atención a la ciudadanía de siete poblaciones: las cuatro mencionadas, así como Jorba, la Pobla de Claramunt y Castellolí. En particular, Igualada, Vilanova y Santa Margarida forman una mancha urbana donde la separación entre ellas es un puente o una calle. 

A partir de las 21 horas del jueves 12 de marzo se colocaron miembros de la policía autonómica, los mossos d´escuadra, para notificar a las personas que se dirigían hacia el interior de estas poblaciones que una vez dentro del perímetro que abarcan estas regiones se les permitirá la salida hasta después de 14 días... En el caso de las personas que circulaban en el sentido contrario, es decir quienes salían, la revisión se centraba en garantizar que las personas que marchaban no presentaran síntomas de contagio. 

Pero, ¿cómo se lleva esta medida dentro de la zona confinada? Según el tipo de actividad laboral, la contingencia sanitaria puede ser más o menos llevadera. En el caso del personal que colabora en centros educativos es más accesible, ya que las escuelas de estos cuatro municipios se cerraron desde el miércoles por la noche y la medida se adoptó al día siguiente en las comunidades vecinas. Para los profesionales de otros ámbitos se buscaron las estrategias para desarrollar el trabajo desde casa. Pero también se dieron los casos solidarios donde los trabajadores ofrecieron sus periodos vacacionales para apoyar a las empresas en las cuales colaboran. 

En Igualada, comunidad donde resido, la serenidad y colaboración han sido los distintivos. Los vecinos de la ciudad salimos a comprar alimentos y productos de primera necesidad al mercado o a los supermercados. Las compras que he visto que se realizan son en cantidades normales, hasta ahora no he visto actitudes egoístas de acumulación o compras de pánico. Todos compramos las mismas cantidades que acostumbramos llevar cada fin de semana. Las filas en los establecimientos también tienen las mismas extensiones. Únicamente no he encontrado patatas en el supermercado que está cerca de casa. Este es el primer fin de semana de confinamiento y todo parece normal. Se escuchan las pelotas y las voces de los niños jugando dentro de los pisos de los vecinos. Las calles están vacías y puede pasar hasta una hora para que pase un automóvil por la calle. El ayuntamiento ha dicho que está garantizado el abasto de alimentos y productos de primera necesidad de los habitantes y ha pedido la colaboración de los ciudadanos. La población ha respondido tal como se le pidió. Estamos a dos días del inicio de esta etapa, deseo tener la confianza que tienen mis vecinos pero la experiencia que tengo como mexicana sobre la falta de cumplimiento por parte de las autoridades me hace mantenerme alerta y nerviosa, pero mi marido no me deja hacer compras de pánico. Él confía y me invita a confiar. Me encuentro tranquila porque el ayuntamiento ha dado muestras de responsabilidad. Cito el caso concreto: el viernes mi marido llamó al ayuntamiento para solicitar la documentación necesaria para su permiso de trabajo y le dijeron que ellos realizarían los trámites necesarios y que se comunicarían con él. El sábado recibió una llamada para darle seguimiento y hoy, domingo por la mañana, recibió una parte de la documentación por correo electrónico.

Parece que puedo confiar en la autoridad. Entonces, atiendo a las instrucciones del ayuntamiento que indican salir de casa exclusivamente para hacer compras de alimentos o medicinas. Mi familia y yo nos quedamos en casa. Diosï meyamu ("muchas gracias", en purépecha) y fins aviat ("hasta pronto", en catalán).

Breve aclaración: las crónicas catalano-purépechas son una secuencia de relatos de experiencias y reflexiones vividos en primera persona que comparto para tratar de explicar cómo veo México como mexicana residente en Cataluña.  El eje de estos escritos son la lengua y cultura tanto catalanas como purépechas, esta última para hacerme presente a mí misma mi tierra: Michoacán, "lugar junto al agua" en purépecha (INAFED, 2018).