Opinión

Contrastes belgas

¿Qué tipo de similitudes pueden tener la capital de la Unión Europea –y no de Europa– con la Ciudad de México? | Fernanda Fernández

  • 28/11/2019
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Bruselas posiblemente invoca con mucha mayor facilidad a sus pertenecientes coles que a una ciudad. Negar la existencia de ese posible vínculo, es negar que desconocemos a nuestros semejantes.

¿Qué tipo de similitudes pueden tener la capital de la Unión Europea –y no de Europa– con la Ciudad de México? Mi cabeza, de forma ingenua quizá, decidió realizar una primera toma de contacto como quien va al cine solamente teniendo sesgadas ideas sobre lo que se le presentará a la vista gracias a sus conocidos.

Tomo nota de lo gris de la ciudad. Tomo nota de los precios en la ciudad. Tomo nota de la oferta gastronómica en la ciudad. Tomo nota de no hablar en idiomas que contrapongan identidades para evitar conflictos. Todas estas notas, salvo los idiomas, las asumo como estandarizables en el contexto mexicano.

Consciente de la condición de viajera, estudiante y extraterritorial en Bélgica, nada más llegar a la Estación Norte de la ciudad, llevo automatizado un modus operandi por el cual nos regimos las personas que usamos transporte público en México. El teléfono, sacarlo lo justo. El dinero, aún menos. Por si llegara a no funcionar el internet y para cumplir el primer paso en el modus operandi al movilizarme a pie, memorizo el camino hasta el hostal. Se complica la tarea, pues además de contar giros a diestra y siniestra, hay que mantener en mente también nombres de calles que en el navegador se leen en neerlandés, y una vez plasmados en los letreros primero se muestran en francés. La única que recuerdas sin problema alguno, excepto que no tienes que pasar por ella, es el Boulevard Simon Bolivar/Simon Bolivarlaan. Este vínculo más evidente con América Latina no es el único que te encuentras.

Hacer una analogía al pie de la letra entre estaciones norte y ciudades sería cegarse ante otros factores que las rodean, sin embargo es común además de encontrar viajeros en los puntos de salida, personas cuyo viaje se ve varado. Quizá en algún momento intentaron irse a otro lugar que no fuera Bruselas, o siempre fue este su destino final. Su color de piel, difícil para hablar entre algunas personas, puede guiarnos hacia algunas suposiciones. Aún así, no depende de una decidir si estas personas que cargan en bolsas de rafia su vida se van o se quedan, si vienen de lejos o si vienen de cerca.

La analogía de la pobreza no es algo que muchos se esperan viniendo de México hacia Europa. Sin embargo, esta gran capital cuya población apenas supera el millón de habitantes también enfrenta una problemática que es más que evidente si tan sólo se camina unas cuantas calles, no necesariamente en su centro. Los niños, acurrucados sobre los regazos de sus madres y padres o entre mantas y forros polares que no van a juego entre sí, difieren poco de aquellos que se encuentran en las calles de México. Tan sólo en la región de Bruselas, cuatro de cada diez niños viven en condiciones de pobreza. En la totalidad del país, según StatBel, es un 16.4% de su población.

Hablando con residentes en Bruselas, les es intolerable pasar por ciertas calles donde la gente pide dinero, sean infantes o no. Sencillamente no saben emocionalmente gestionar una realidad que en México tenemos demasiado asumida, tanto que se nos vuelve invisible a los ojos. Una comienza a cuestionarse qué hacemos como mexicanos para ayudar a aquellas personas que de milagro tienen sólo suelo en nuestro país, o si de una forma u otra ese 41.9% de personas en situación de pobreza son tantas que nos hemos desensibilizado a la vista. Casi 20 millones de niños en México, según el CONEVAL, viven en situación de pobreza: dos veces Bélgica siendo pobre.

¿Es peor evitar el puente subterráneo de la Gare Centrale para no ver otra realidad de Bélgica o indicar con el brazo reposado en el volante un incesante ‘no’ ante la demanda de dinero de un ciudadano en condiciones de pobreza en la avenida de los Insurgentes? El Paseo de la Emperatriz, de la Reforma, desde México puede ser la vinculación más lógica que encontremos por Carlota, Impératrice du Mexique, y su Bélgica, pero tanto en esta avenida principal como en las no tan altas construcciones bruselenses, mirar a nivel del suelo es mirar que la realidad contrastante en la penuria y la abundancia, son vínculo también.


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