¿Cómo entender el costo internacional que los estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, están teniendo para el gobierno de Enrique Peña Nieto? ¿Qué tiene el caso de Ayotzinapa que no han tenido el resto de los crímenes que han llevado a México a los números escandalosos de muertos, desaparecidos y desplazados durante los últimos ocho años? Más allá del simple repudio y/o del respaldo internacional al gobierno de Peña Nieto ¿qué es lo que está en juego?

 

El 3 de octubre la ONU condenó la desaparición de los 43 estudiantes y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) respaldó la demanda de organizaciones locales por dar protección urgente para el resto de los normalistas. El día 7, la CIDH emplazó al gobierno a determinar el paradero de los estudiantes desaparecidos. El 8 de octubre las manifestaciones de repudio en México estuvieron acompañadas por otras tantas frente a embajadas, consulados y plazas en varias ciudades del mundo. El 10 de octubre diputados de la Unión Europea plantean suspender las negociaciones para modernizar los Acuerdo Global y la Asociación Estratégica México-UE previstos para el próximo año hasta que no se restablezca la confianza en el gobierno mexicano por su respeto por los derechos humanos.

 

El día 13 de octubre, la Coordinadora Alemana por los Derechos Humanos en México, que agrupa a 15 organizaciones, publica un desplegado en el que solicita al gobierno alemán a suspender las negociaciones sobre un acuerdo de seguridad entre Alemania y México; y al Parlamento Alemán a denegar su aprobación en 2015. El 16 de octubre, el diputado verde alemán Ströbele se pronuncia en contra de apoyar dicho acuerdo de seguridad. El 17 de octubre, redes internacionales de mexicanos agrupados en tono a las agendas de Paz con Justicia y Dignidad formadas desde principios de 2011 y YoSoy132 desde mediados de 2012 convocan a intelectuales y académicos de todo el mundo a suscribir una carta abierta desde el extranjero exigiendo justicia, así como un comunicado dirigido a la Comisión del Parlamento Europeo denunciando la desaparición como un crimen de Estado y exigiendo que se paren las negociaciones del acuerdo.

 

El día 20, la ONU caracteriza las violaciones en Iguala como desapariciones forzadas. El 22, la acción global por Ayotzinapa llenó nuevamente embajadas, consulados y plazas públicas en ciudades alrededor del mundo. El día 23, el Parlamento Europeo resuelve condenar los sucesos en Iguala y reforzar su cooperación con México en materia de derechos humanos.

 

Este recuento no exhaustivo, sin duda muestra el repudio a la violencia ocurrida esa noche, pone de manifiesto las omisiones y negligencia en la investigación de caso, urge a que se resuelvan los crímenes, pone el dedo sobre la impunidad y la corrupción. Sin embargo, paradójicamente, ello no se traduce directamente en un costo político para Peña Nieto. ¿Por qué? La respuesta no es directa. Vamos por partes.

 

A primera vista podría pensarse que todo tipo de violencia incontrolable y de grandes cifras erosiona la buena imagen de cualquier gobierno y de cualquier Estado pues —independientemente de sus causas— el derecho a la vida de sus ciudadanos no está garantizado. En el horizonte de la legitimidad democrática como discurso normativo eso se sostiene. Sin embargo, para la construcción internacional de la imagen no da lo mismo cuál sea la fuente de la violencia.

 

Asumiendo lo que las interpretaciones tradicionales suelen asumir —que los grupos criminales y estatales son actores diferenciables y que por lo tanto la violencia puede venir de uno u otro lado, o a lo mucho ser producto de la colusión entre unos y otros— digamos que para la construcción de la imagen internacional de los gobiernos no da lo mismo si la violencia viene de los grupos criminales o del Estado.

 

El saldo es considerablemente más alto si se trata de violencia de Estado que si se trata de  violencia de la mafia. En el segundo caso, el Estado es visto como víctima del crimen, en el primero como su perpetrador. Esta interpretación es la que está en juego cada vez que los embajadores mexicanos cabildean con los parlamentarios nacionales y Europeos. Es la que está en juego cada vez que las expresiones de la sociedad civil y de los diputados Europeos rojos y verdes se pronuncian en contra. Para los embajadores, mientras se le pueda echar la culpa al “crimen organizado” la imagen se salva.

 

Ahora bien, pensemos en un segundo momento más allá de la imagen, esto es, en el establecimiento de alianzas para la cooperación entre países. La diferencia en el diagnóstico hace una diferencia en el remedio. Si vemos sólo el diagnóstico, hemos dicho que el costo de la violencia proveniente de la mafia es menor que el de aquella que viene del Estado. Pero ¿qué pasa si nos asomamos al remedio? El panorama cambia radicalmente, el saldo de la violencia percibida como criminal por los otros gobiernos e instancias internacionales no es menor a la estatal, cae en la zona de los números positivos.

 

Es por eso que la resolución de la Unión Europea es escandalosamente preocupante, pues si el Estado es víctima del crimen organizado, entonces el remedio es seguirle dando a cucharadas la misma estrategia de seguridad que nos metido en esta espiral de violencia. La estrategia de seguridad cuyos saldos se encarnan en la tesis de Fernando Escalante: a mayor intervención estatal mayor violencia. La estrategia de seguridad no es más que la misma que comenzaran Zedillo y Fox, que siguiera Calderón y que ahora continúa Peña Nieto.

 

El acierto político de los grupos y diputados de izquierda, pero sobre todo de los movimientos nacionales y extranjeros es el de frasear Ayotzinapa como crimen de Estado, como crimen de lesa humanidad. La interpretación de que se trata de violencia del crimen no es, paradójicamente, costosa para el gobierno de Peña, sino todo lo contrario. Termina por legitimar la estrategia de seguridad que hoy estrena a la Gendarmería como garante pacificador en los municipios en “conflicto” y que tiene a los militares extrañamente fuera de escena.

 

Así, cierro diciendo que paradójicamente para la izquierda en esta coyuntura específica sostener cierta diferencia entre Estado y crimen organizado—aunque no sea un acierto intelectual—lo es hasta cierto punto, político.

 

@sabymr @MexicoviaBerlin @institutomora



Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información