Opinión

Winston Churchill · Richard Toye

Una biografía colectiva.

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ADELANTOS EDITORIALES

Cómo Winston Churchill continúa siendo una figura conocida mundialmente en primer plano de la actualidad.

¿Cómo abarcar en una biografía una personalidad y una actividad política tan complejas como las de Winston Churchill?

Richard Toye, profesor de la Universidad de Exeter, ha tenido la idea de coordinar para ello a un equipo de especialistas que han investigado diversos aspectos de su vida, entre los cuales figuran historiadores de tanto relieve como Jeremy Black, Richard Overy o Chris Wrigley, para que cada uno se ocupe del período de la vida de Churchill, o del aspecto de su actividad política, que mejor conozca.

Tenemos así una sucesión de capítulos que, comenzando con sus primeros pasos en la política y con su discutida gestión al frente del Almirantazgo en la primera guerra mundial, van siguiendo su trayectoria hasta los años de la «guerra fría»; luego, otros capítulos están dedicados a temas específicos como su relación con el mundo islámico, con el imperio británico, con las armas nucleares o, en un plano muy distinto, con las mujeres que marcaron su vida.

Fragmento del libro Winston Churchill, de Richard Toye © 2019, Crítica. Traducción de Yolanda Fontal. Cortesía otorgada bajo el permiso de Grupo Planeta México.

Richard Toye es profesor de Historia Moderna en la Universidad de Exeter, Reino Unido. Ha publicado diferentes estudios sobre historia británica e internacional de los siglos XIX y XX.

Winston Churchill | Richard Toye

#AdelantosEditoriales

 

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Churchill: el joven estadista, 1901-1914

David Thackeray

Universidad de Exeter

Este capítulo analiza los primeros años de la carrera parlamentaria de Winston Churchill. Después de haber sido elegido diputado por el Partido Conservador, en 1904 se pasó a las filas del Partido Liberal y no tardó en convertirse en una joven promesa de la política. Tras la arrolladora victoria de los liberales en las elecciones de 1906, Churchill ejerció diversos cargos. Fue ministro de Comercio y se convirtió en uno de los principales arquitectos del programa de reformas sociales del nuevo liberalismo. Le seguiría un ascenso a ministro del Interior. El mandato de Churchill estuvo marcado por una serie de controversias, entre las que figuran una intensificación de la militancia sufragista y el estallido de conflictos en el sector industrial. Como primer lord del Almirantazgo desde 1911, supervisó la ampliación de la flota británica para responder al creciente desafío de Alemania. Los comienzos de la carrera política de Winston Churchill, cuya trayectoria fue pintoresca y diversa, brindan una oportunidad única para explorar el tumultuoso rumbo de la política eduardiana entre 1901 y 1914.

Cuando se describe la prolongada e ilustre carrera de Winston Churchill en la esfera pública, puede ser fácil pasar por alto el período eduardiano, pero fue una época fundamental que determinó tanto la visión política de Churchill como el rumbo político en general de Gran Bretaña en el siglo xx. Tras hacerse famoso por sus hazañas durante la guerra de los bóers, Churchill se incorporó a la Cámara de los Comunes en 1900. En una década se había afianzado como un destacado estadista y uno de los principales arquitectos del incipiente estado de bienestar británico. La ampliación de este sistema de gasto social suscitaría una de las principales controversias de los decenios siguientes. Irónicamente, Churchill, que en 1908 había invitado a William Beveridge a trabajar en el Ministerio de Comercio para supervisar la creación de bolsas de trabajo y un sistema de prestación por desempleo, se mostró reacio a apoyar el Informe Beveridge de

1942, que sentaba las bases para el estado de bienestar posterior a

1945 al propugnar la protección «desde la cuna hasta la tumba». El período eduardiano también fue determinante en las relaciones internacionales de Gran Bretaña, en parte como consecuencia de la expansión del poder industrial y naval de Alemania. Gran Bretaña, tras renunciar a su política previa de «espléndido aislamiento», forjó alianzas con Francia, Rusia y Japón en un intento de apuntalar su posición geopolítica. Fue un período importante que influyó en la relación de Churchill con Alemania; era muy consciente de los anhelos expansionistas del káiser y, como primer lord del Almirantazgo, procuró mantener la supremacía naval de Gran Bretaña sobre su principal rival. En un peculiar giro del destino, cuando Churchill, que era contrario al apaciguamiento, volvió a ocupar un cargo público en septiembre de 1939 tras sus famosos «años en el desierto», lo hizo como primer lord del Almirantazgo. Ocho meses más tarde sería nombrado primer ministro.

La política británica en la época eduardiana

Gran Bretaña entró en el siglo xx sumida en la incertidumbre sobre su posición internacional y tardó tres años en derrotar en Suráfrica a un ejército de granjeros bóers con escasos recursos. La guerra de los bóers de 1899-1902 planteó a los contemporáneos serios interrogantes sobre la capacidad de Gran Bretaña como nación imperial. En algunas ciudades, como Mánchester, hasta la mitad de los reclutas del ejército fueron rechazados por razones de salud. Esto, junto con las encuestas sociales sobre la población urbana pobre realizadas por Charles Booth y Joseph Rowntree, generó una demanda de reformas sociales en todo el espectro político. Pero ¿cómo iba el gobierno a satisfacer la demanda de un aumento del gasto? Para Joseph Chamberlain, que había sido uno de los principales arquitectos de la guerra de los bóers como ministro de las Colonias, la respuesta se hallaba en gravar los productos extranjeros. En 1903, propuso poner fin al sistema de libre comercio de Gran Bretaña y elaboró un plan para establecer un sistema de aranceles sobre los productos de importación, ponderado para favorecer el comercio con el imperio. Lord Salisbury había presidido desde 1895 un gobierno unionista con mayoría del Partido Conservador, aunque también contaba con el apoyo de los unionistas liberales, que se habían escindido del Partido Liberal por discrepancias sobre el Home Rule (estatuto de autonomía) de Irlanda de 1886. Sin embargo, la campaña a favor de la reforma arancelaria de Joseph Chamberlain provocó divisiones en ambas partes del gobierno unionista y contribuyó a la arrolladora victoria de los liberales en las elecciones de 1906. Los partidarios de la reforma arancelaria intentaron aprovechar la inquietud por la posición mundial de la nación y alegaron que la Gran Bretaña librecambista ya no podía competir eficazmente con sus rivales industriales. La ampliación de la armada del káiser, a las órdenes del almirante Tirpitz, desafió la supremacía marítima británica y dio pie a una serie de novelas sobre espías e invasiones que exacerbaron los temores a la creciente amenaza alemana.

En los asuntos internos, el período eduardiano fue una época de efervescencia de la vida política. Fue un período de electoralismo bullicioso y sensacionalista, propiciado por el auge de la prensa popular y la pervivencia de tradiciones de indisciplina y alboroto en la política pública. Durante esos años las mujeres llegaron a desempeñar un papel sin precedentes en la vida política, sobre todo en la lucha militante de las sufragistas, pero también en el debate sobre la reforma del libre comercio/los aranceles, que situó al ama de casa en el centro de la controversia política. Puede que el laborismo siguiera siendo un grupo con intereses sectoriales para los sindicalistas en 1914, pero aún fue capaz de desafiar el statu quo existente. Una oleada de huelgas después de 1911 alarmó a los miembros de la élite británica y algunos de ellos expresaron su temor al potencial revolucionario de los conflictos laborales. Además, los intentos del Partido Liberal de aprobar la autonomía de Irlanda después de 1912 desencadenaron una feroz resistencia entre los unionistas. En 1914 ya se habían organizado milicias paramilitares rivales en Irlanda y la guerra civil parecía una posibilidad real.

La carrera de Churchill brinda, tal vez más que ninguna otra, una buena oportunidad para reflexionar sobre la agitación política en la época eduardiana. Winston, un conservador al principio del período, se cambió de bando y no tardó en convertirse en un prominente nuevo liberal, combinando el compromiso con el libre comercio con el respaldo a un programa de reformas sociales. Con su nombramiento como ministro de Comercio en 1908 se convirtió en el ministro más joven desde 1866 y entabló una estrecha relación laboral con David Lloyd George, a la sazón ministro de Economía. Le seguiría un ascenso a ministro del Interior en enero de 1910, lo que le obligó a afrontar una serie de retos, como la lucha de las sufragistas y la escalada de los conflictos en el sector industrial. La amenaza militar que representaba Alemania pasó a ser una de las principales preocupaciones políticas de finales de la época eduardiana y Churchill tuvo que enfrentarse a ella directamente desde el cargo de primer lord del Almirantazgo después de octubre de 1911. Durante todo el tiempo que Churchill estuvo al frente del Almirantazgo, estuvo preocupado por mantener la supremacía naval de Gran Bretaña sobre Alemania. En un memorando extraordinario que elaboró en abril de 1913, «The timetable of a nightmare» (Cronología de una pesadilla), expresó su preocupación por la posición militar de Gran Bretaña y abordó las posibles consecuencias de una invasión alemana.

Churchill el conservador

Churchill se incorporó al Parlamento como diputado conservador por la circunscripción de Oldham, Lancashire, tras las elecciones generales de 1900. Sin embargo, su relación con el partido se volvió cada vez más tensa en los años siguientes. Aunque Churchill criticó los planes para reformar el ejército del gobierno de Salisbury, fue su compromiso con el libre comercio lo que precipitó su ulterior salida del Partido Conservador. En mayo de 1902, el Partido Liberal consiguió derrotar a una mayoría de unionistas liberales en las elecciones parciales de Bury, situada a pocos kilómetros de Oldham. El tema central de las elecciones parciales fue la decisión del gobierno de Salisbury de imponer un gravamen al maíz importado con objeto de aumentar los ingresos tras la guerra de los bóers. Churchill tenía pocas dudas de que el impuesto supondría una pérdida de votos y manifestó en privado su firme oposición al proteccionismo.

No es de sorprender que Churchill acogiera con consternación la decisión de Joseph Chamberlain de solicitar la adopción de la reforma arancelaria en mayo de 1903. Lancashire, que dependía de la industria algodonera, se opuso rotundamente a la campaña de Chamberlain. En una carta que Churchill escribió a lord Hugh Cecil en octubre y que nunca envió, expresaba su sentimiento cada vez más profundo de animadversión hacia sus colegas de la bancada oficialista: «Soy un liberal inglés. Detesto al Partido Tory, a sus hombres, sus palabras y sus métodos. No siento ninguna simpatía por ellos, salvo por mi propia gente de Oldham». En ese momento, la campaña a favor de la reforma arancelaria estaba creando división entre los conservadores y los unionistas liberales. La familia de Churchill también se vio afectada. En noviembre, la madre de Churchill, Jennie Cornwallis-West, protestó por los planes para que el secretario de la Liga para la Reforma Arancelaria hablara en una reunión de la sección Randolph Churchill de la Liga Primrose. Al cabo de unos meses decidió abandonar esta organización que su marido había ayudado a fundar. Churchill, al igual que varios parlamentarios partidarios del libre comercio, decidió abandonar en mayo de 1904 las filas del Partido Conservador y tomar asiento en la bancada liberal.

El nuevo liberal

Churchill regresó como diputado del Partido Liberal por la circunscripción de Mánchester Noroeste tras la aplastante victoria electoral del partido en 1906 y asumió el cargo de subsecretario del Ministerio de las Colonias en el gobierno de sir Henry Campbell-Bannerman. En este puesto, desempeñó un papel importante en la reconciliación de Suráfrica, apoyando la autonomía para el Transvaal y la colonia del Río Orange, donde los bóers constituían la mayoría de la población blanca. El interés de Churchill por la reforma social fue en aumento gracias a su amistad con David Lloyd George y, en marzo de 1908, fue ascendido a los treinta y tres años a ministro de Comercio en la nueva administración de Herbert Asquith. Churchill se vio obligado a presentarse a la reelección al convertirse en miembro del Gabinete y perdió Mánchester Noroeste tras verse perjudicado por una depresión industrial que permitió a los partidarios de la reforma arancelaria obtener una serie de victorias en las elecciones parciales de ese año. Sin embargo, en otras elecciones parciales celebradas en mayo, logró un escaño por Dundee que mantendría hasta 1922. Churchill también se casó en septiembre de 1908 con Clementine Hozier, quien sería una importante confidente durante toda su carrera política.

Churchill, ya convertido en uno de los líderes de los nuevos liberales, declaró su apoyo a la creación de una red de seguridad social como la que existía en Alemania. Como ministro de Comercio, introdujo una serie de reformas sociales, entre las que figuraban las bolsas de trabajo estatales, el seguro obligatorio de desempleo y la Ley de Consejos Profesionales de 1909, que fijaba salarios mínimos en trabajos duros que empleaban una mano de obra muy mal pagada, en su mayoría mujeres. El relieve público de Churchill aumentó considerablemente durante su ejercicio en el gobierno de Herbert Asquith. Respondió a la decisión de la Cámara de los Lores de rechazar el «Presupuesto del Pueblo» de Lloyd George en 1909 atacando a los pares por su egoísta defensa de sus intereses de clase. Churchill fue nombrado presidente de la Liga del Presupuesto, que celebró una serie de mítines por todo el país para protestar contra la decisión sin precedentes de los lores. Gracias a un donativo de 10.000 libras de James Caird, un empresario de Dundee, y sin duda escarmentado tras su derrota en Mánchester Noroeste, Churchill se convirtió en un apóstol de la causa del libre comercio y supervisó la organización de una campaña a gran escala a favor de este que incluyó conferencias, exposiciones y, algo más inusual, una serie de mítines en centros costeros populares.

Ministro del Interior

Churchill fue nombrado ministro del Interior tras las elecciones de enero de 1910, cuando el Partido Liberal regresó al poder con una mayoría sustancialmente reducida. Una de las principales polémicas que persiguieron su ejercicio como ministro del Interior fue el trato que dio a la lucha sufragista. Al ser un prominente ministro liberal, Churchill fue uno de los blancos principales de las interrupciones de la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU, por sus iniciales en inglés). En 1908, durante las elecciones parciales de Dundee, una sufragista interrumpió varios de sus mítines tocando una gran campana y, en el otoño de 1909, sufrió el ataque de una activista de la WSPU que empuñaba una fusta en la estación de ferrocarril de Temple Meads, en Bristol. Aunque, en principio, Churchill apoyaba el sufragio femenino, estaba profundamente molesto por las tácticas de las sufragistas, y se terminó excluyendo a las mujeres de algunos de sus mítines para prevenir nuevos actos de violencia.

En 1910 se presentó el proyecto de Ley de Conciliación, cuya finalidad era conceder el derecho a voto a aproximadamente un millón de mujeres que debían cumplir los requisitos de propiedad. El proyecto de ley suscitó críticas tanto en la bancada liberal como en la conservadora, así como en la WSPU. Christabel Pankhurst, furiosa por la limitación del sufragio femenino, consideraba que el proyecto de ley era «simplemente una maniobra perversa por parte del señor Lloyd George y del señor Churchill». El propio Lloyd George estaba preocupado por las disposiciones contenidas en el proyecto de ley; al igual que muchos liberales, temía que los requisitos de propiedad favorecieran al Partido Conservador, ya que serían principalmente las mujeres acaudaladas las que podrían beneficiarse del derecho a voto.

Churchill adoptó una postura ambigua respecto al proyecto de Ley de Conciliación. En abril de 1910 accedió a que se mencionara que recibía con agrado la formación del Comité de Conciliación para el Sufragio Femenino, pero expresó su deseo de no comprometerse con una medida específica. Sin embargo, posteriormente se opuso al proyecto de ley en el Parlamento, afirmando que las mujeres propietarias no habían mostrado suficiente interés por las oportunidades que habían tenido para votar en las elecciones municipales.

Pese a que el proyecto de Ley de Conciliación obtuvo un respaldo considerable en la Cámara de los Comunes, fue aparcado tras la convocatoria de las elecciones generales. Las relaciones entre Churchill y la WSPU empeoraron como consecuencia del «Viernes Negro» de noviembre de 1910, cuando varias partidarias del sufragio femenino marcharon hasta el Parlamento tras el fracaso del proyecto de Ley de Conciliación. Muchas de ellas resultaron heridas como consecuencia del duro trato de la policía. Aunque la WSPU había suspendido su violenta campaña mientras se presentaba el proyecto de Ley de Conciliación en el Parlamento, el Viernes Negro contribuyó a desencadenar una escalada de la militancia sufragista. El sufragio femenino continuó siendo un asunto relevante en la política y, en noviembre de 1911, el primer ministro, Herbert Asquith, anunció que el gobierno iba a presentar un proyecto de ley a favor del sufragio universal masculino, que se podría enmendar para conceder el voto a algunas mujeres. Churchill acogió este anuncio con inquietud y comentó en privado que le preocupaba que pudiera caer el gobierno si intentaba conseguir que se aprobara el sufragio femenino. En 1912 se presentó el proyecto de Ley de Sufragio, que preveía el sufragio universal masculino, pero logró escasos progresos.

Churchill recibió críticas por su conducta en ocasiones irascible como ministro del Interior, sobre todo durante el incidente de Tonypandy. En noviembre de 1910 se produjeron disturbios y saqueos durante una huelga de los mineros del carbón del valle de Rhondda tras los enfrentamientos entre los huelguistas, decididos a impedir la introducción de mano de obra esquirol, y la policía. Tras algunas dudas iniciales, Churchill autorizó el despliegue de soldados para reprimir los disturbios. En enero de 1911 suscitó otra polémica cuando decidió supervisar personalmente las actuaciones de la policía para capturar a un grupo de anarquistas, liderados por «Peter el pintor», que se habían escondido en una casa en Sidney Street, en el East End londinense. La intervención de Churchill durante el «asedio de Sidney Street» quedó registrada en un noticiario cinematográfico y Churchill recibió críticas por ponerse a sí mismo en la línea de fuego.

Primer lord del Almirantazgo

Tras ser nombrado primer lord del Almirantazgo en octubre de 1911, Churchill se apresuró a declarar su compromiso con el mantenimiento de la supremacía naval de Gran Bretaña sobre Alemania. Como respuesta al incremento del gasto en la marina y el ejército del káiser en febrero de 1912, dijo ante una audiencia en Glasgow que «la Marina británica es para nosotros una necesidad y, desde algunos puntos de vista, la Marina alemana es para ellos más bien un lujo [...]. Es la Marina británica la que convierte a Gran Bretaña en una gran potencia». Churchill estaba convencido de que Gran Bretaña necesitaba responder a la Ley de la Marina Alemana mediante la formación de una nueva escuadra de batalla en aguas territoriales y era partidario de retirar a los buques del Mediterráneo para reforzar a la Home Fleet.

La cooperación naval con Francia se fortaleció con la firma de un acuerdo en febrero de 1913.

La insistencia de Churchill en el fortalecimiento del programa de reconstrucción naval causó fricciones entre destacados miembros del Gabinete liberal, como John Simon, Reginald McKenna y David Lloyd George. En 1913-1914, el Partido Liberal sufrió una serie de derrotas en las elecciones parciales, debido en parte a la habilidad de los conservadores para sacar partido de la animadversión popular hacia la Ley del Seguro Nacional, que se presentó como una ley que imponía cargas injustas a las empresas y a los trabajadores, de quienes se esperaba que aportaran contribuciones. En medio de este clima, era muy probable que un aumento considerable del gasto público resultara impopular, sobre todo cuando se tenían que convocar elecciones generales antes de finales de 1915. En diciembre de 1913, Churchill distribuyó un memorando que proponía un incremento del presupuesto naval de cerca de tres millones de libras esterlinas y varias medidas de modernización, como el aumento de las reservas de combustible para la flota y la creación de la sección aérea de la Marina. Tras una serie de tensas negociaciones, Churchill logró llegar a un acuerdo sobre el presupuesto naval, pero la controversia lastró su relación laboral con Lloyd George, quien había intentado sin éxito obtener la promesa de que los futuros presupuestos serían más bajos que los propuestos para 1914-1915.

Pese a la crisis en torno al presupuesto naval, fue la cuestión irlandesa, más que las amenazas provenientes de Europa, lo que dominó la política a finales del período eduardiano. Aunque su padre Randolph Churchill había sido un gran defensor del unionismo en el Úlster, Churchill se convirtió en uno de los partidarios más prominentes del proyecto de Ley de Autonomía de Irlanda, presentado en

1912. Decidió, de un modo provocador, pronunciar un discurso en el Ulster Hall de Belfast, el mismo edificio en el que su padre había criticado el estatuto de autonomía de Irlanda en 1886. Churchill se apresuró a declarar que la elección del lugar no pretendía ser un desafío a los unionistas, pero se objetó que corría el riesgo de sufrir una agresión si hablaba en el Ulster Hall. Aunque Churchill no hizo caso de las peticiones de que no llevara a su esposa a Belfast por temor a los disturbios, al final se cambió el lugar del acto por miedo a los desórdenes.

La primera guerra mundial propinaría el primer gran revés a la carrera política de Churchill. Se le llegó a asociar con la desastrosa campaña de los Dardanelos y, tras ser degradado al puesto de canciller del ducado de Lancaster, dimitió del cargo en noviembre de 1915. Sin embargo, al ser uno de los principales artífices de las reformas sociales de los nuevos liberales, se había consolidado como un destacado estadista reformista durante la época eduardiana. Posteriormente, cuando Churchill regresó al Partido Conservador en 1924, Stanley Baldwin, que tenía mucho interés en que se asociara a su gobierno con las reformas sociales moderadas, le ascendió a ministro de Economía.