Opinión

Lázaro Cárdenas, un mexicano del siglo XX • Ricardo Pérez

La biografía definitiva sobre un hombre que transformó un país: los años que definieron una vida y una idea de patria.

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ADELANTOS EDITORIALES

En este segundo tomo de Lázaro, se relata el periodo central en la vida del General: aquél que transformó nuestro país y lo catapultó a la historia.

Los años de su sexenio (1934-1940) y de su encargo como secretario de la Defensa Nacional -durante la Segunda Guerra Mundial, ni más ni menos- son analizados con una prosa rigurosa y ágil por Ricardo Pérez Montfort, quien desmonta mitos del michoacano, de la Expropiación Petrolera, de su visión de la política y de su existencia tras Los Pinos.

Así, en este tomo II de la biografía más documentada de Cárdenas del Río se presentan las coordenadas imprescindibles para entender el México de hoy, sus luchas y contradicciones.


La Silla Rota te regala un capítulo del libro Lázaro Cárdenas, un mexicano del siglo XX de Ricardo Pérez Montfort con autorización editorial de Penguin Random House.


Ricardo Pérez Montfort es historiador y trabaja en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) en México D.F. Ha estudiado procesos políticos, sociales y culturales de América Latina y México durante los siglos XIX y XX. En 2008 publicó Cotidianidades, Imaginarios y Contextos. Ensayos de historia y cultura en México 1850-1950.


Lázaro Cárdenas, un mexicano del siglo XX | Ricardo Pérez Montfort    

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II

Lázaro Cárdenas, presidente de México

1934-1937

Primera parte

Los primeros zafarranchos

Pero tengo fe en que podré resolver todo esto apoyado en el pueblo y en la confianza que sepa inspirar al país con mis propios actos.

Lázaro Cárdenas, diciembre de 1934

El general Lázaro Cárdenas del Río tomó posesión de la Presidencia de la República el 30 de noviembre de 1934, a mediodía, en las amplias instalaciones del Estadio Nacional Vistiendo el saco cruzado mandado a confeccionar para la ceremonia y que vino a sustituir el aristocrático frac, con todo y chistera, con que acostumbraban engalanarse sus antecesores en ceremonias oficiales, el nuevo mandatario aparecía un hombre de carácter discreto, “un tanto enigmático” aunque poco complicado, y sí bastante desconocido para muchos, incluso para quienes lo habían promovido hasta la primera magistratura Tampoco era muy renombrado en los ambientes populares y masivos, pues a pesar de la intensa labor de proselitismo político llevada a cabo durante prácticamente todo el año de 1934, una gran apatía permeaba a la sociedad mexicana, sobre todo a la hora de responder la pregunta de quién era quién en la administración pública Para la mayoría, Cárdenas era uno más de los que pertenecían al grupo que se enriquecía con el dinero del pueblo y que andaba de un lado a otro con sus jilguerillos prometiendo progreso y bienestar para todos además, su cercanía con el general Plutarco Elías Calles no le ayudaba a la hora de tratar de mejorar esa imagen El desprestigio, la sospecha y la suspicacia se habían apoderado de las percepciones populares sobre los que ocupaban el escenario de la administración pública, las altas jerarquías militares y los escaños de representación gubernamental.

Para muchos miembros de la élite política, así como para gran parte de la población mexicana, el binomio Calles-Cárdenas caracterizaba una especie de doble poder al que ya habían tenido varias oportunidades de conocer en el pasado Los espectros de las relaciones de conflictiva dependencia entre el Jefe Máximo y Ortiz Rubio, así como de la supeditación de Abelardo L Rodríguez a la voluntad política del sonorense, seguían muy presentes en el ámbito estatal, refrendadas, desde luego, por la capacidad de manipulación que el propio callismo demostraba a la hora de controlar las principales riendas del PNR. La voz popular le había otorgado a dicho partido la categoría de “Ministerio de la Imposición”, y sorprendentemente, aquella organización política y sus corifeos no habían generado las expectativas vernáculas de apoyo con las que se solía acompañar el mundo de los poderosos Muy pocos corridos, casi ninguna expresión lírica de homenaje, pero sí muchos chistes e ironías, acompañaron la existencia del PNR, con lo cual se evidenciaba cierto hartazgo del ciudadano común y del campesino o del ranchero provincianos Las manidas prácticas políticas de esos momentos habían logrado que el mundillo de diputados, senadores, gobernadores y caciques locales se impregnara del descrédito y el menosprecio de una buena parte de la población Un analista diría claramente: “La Revolución no estaba hecha más que de promesas cuando Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia” 1, sin embargo, el michoacano demostraría ser poseedor de convicciones sólidas y una singular habilidad política, a pesar de que gran parte de su herencia provenía del ámbito callista algunos estudiosos parecían acertar al decir que su proceder era sólo “la evolución del autoritarismo populista de Calles; su énfasis en la movilización de las masas sólo era una máscara para esconder las tácticas de hombre fuerte que aseguraban el poder del gobierno central” 2 sin entrar en la discusión específica sobre el populismo que por lo pronto no venía mucho al cuento, es cierto que en un principio se evidenciaba más la continuidad que la ruptura; pero el cambio de ropajes y de estilos de ejercer la presidencia se empezarían a reflejar paso a paso en prácticamente todas las manifestaciones políticas del régimen cardenista El deslinde entre el pasado y el nuevo régimen se haría, en un principio, sin mayores aspavientos sería hasta un año y medio después cuando las diferencias entre uno y otro llevarían a la ruptura definitiva.

En los inicios de su mandato el general Cárdenas comenzó rodeándose de personalidades que demostraban una marcada fidelidad al callismo. Algunos de ellos representaban el ala radical dentro de los parámetros de la Revolución. El nuevo gabinete estuvo formado por figuras como Narciso Bassols, que ocupó la secretaría de Hacienda y que gozaba de una bien ganada fama de socialista; el conocido operador político del general Calles, Juan de dios Bojórquez, fue el encargado de la secretaría de Gobernación En el departamento del Trabajo, Cárdenas designó a Silvano Barba González, quien había sido su secretario particular, y en el departamento agrario a Gabino Vázquez, quien ya lo había acompañado en varias hazañas agraristas durante su gobierno en el estado de Michoacán. El licenciado Emilio Portes Gil quedó como secretario de Relaciones y el general Aarón Sáenz, quien ya empezaba a ser conocido como “el rey del azúcar”, se encargó de los asuntos del departamento Central a la cabeza de la secretaría de agricultura quedó el cacique tabasqueño Tomás Garrido Canabal y en la secretaría de Comunicaciones dejó como titular a Rodolfo Elías Calles Todos ellos debían pleitesía al callismo, y la mayoría había recibido más de algún favor político o económico de parte del Jefe Máximo En la secretaría de la defensa el presidente Cárdenas nombró al general Pablo Quiroga y en salubridad al doctor Abraham Ayala En el departamento Forestal quedó el ingeniero Miguel ángel de Quevedo y en la Procuraduría General el licenciado silvestre Guerrero Tal vez los más afectos al general Cárdenas fueron Francisco J Múgica, al que se le encomendó la secretaría de Economía, e Ignacio García Téllez, que quedó en la secretaría de Educación 3.

Aun cuando su gabinete parecía estar formado en buena parte por fieles callistas, Cárdenas tuvo el cuidado de rodearse en la mayoría de los puestos subalternos con un grupo bastante extenso de personas más cercanas a él No en vano llevaba alrededor de tres lustros construyendo su propia clientela política a partir de alianzas personales e identificando las instancias en donde podía encontrar adeptos.

No había duda de que Garrido Canabal, Pablo Quiroga, Rodolfo Elías Calles y Abraham Ayala debían su presencia en el gabinete a su condición de callistas a ultranza sin embargo otros miembros del Poder Ejecutivo tenían sus propios méritos, desde el mismo Emilio Portes Gil o Francisco J Múgica y Aarón Sáenz, hasta Miguel ángel de Quevedo, a quien acusaban de viejo porfiriano.

Tal vez lo más novedoso de este gabinete era que estaba conformado por personalidades que en su mayoría eran civiles y con una edad pro- medio de 40 a 45 años. El propio Cárdenas no era el más joven, pero al asumir la presidencia tenía 39 años de edad. Con su llegada al poder, entró en el escenario político una generación constructora que había sido testigo de la Revolución y que aunque muchos no habían participado muy activamente en la lucha armada, sí la tenían íntimamente incorporada a sus vidas Varios podían ser identificados como partícipes directos, como Múgica o Sáenz, a otros les había tocado en su ámbito regional, como a Pablo Quiroga, o a Gabino Vázquez Pero llamaba la atención la cantidad de licenciados que se habían incorporado al gabinete: Portes Gil, Garrido Canabal, Juan de dios Bojórquez, Silvano Barba y silvestre Guerrero, todos habían pasado por las aulas de alguna facultad de derecho El único ingeniero era Miguel ángel de Quevedo, a quien Cárdenas había conocido gracias a su afición por los árboles y la reforestación sin embargo este gabinete fue tan sólo un punto de partida, debido a que su plana de colaboradores sufrió una larga serie de modificaciones a lo largo del sexenio.

El primer dolor de cabeza que le causó un miembro de su gabinete al presidente Cárdenas lo protagonizó nada menos que el licenciado Tomás Garrido Canabal en diciembre de 1934 El cacique tabasqueño era sin duda uno de los provocadores anticlericales más connotados del momento sus famosos Camisas Rojas tuvieron varios enfrentamientos con creyentes católicos desde que su líder arribó a la Ciudad de México para integrarse al Poder Ejecutivo Federal a las tres semanas de haber ocupado la secretaría de agricultura, el 19 de diciembre, Garrido Canabal, fanfarrón y envalentonado, fue a presumirle al general Cárdenas que en Cuernavaca sus “muchachos” habían derribado una imagen cristiana a la entrada de la ciudad El presidente lo reprendió y le pidió que no estimulara actos semejantes “que podrían traer graves consecuencias” según el propio Cárdenas, Garrido se retiró contrariado de la reunión 4.

Pero el episodio más sangriento se suscitó el 30 de diciembre de 1934 en el atrio de la parroquia de san Juan Bautista en el barrio de Coyoacán, cuando al salir de misa los Camisas Rojas empezaron a insultar a los feligreses, terminando el zafarrancho con un saldo de 12 católicos y un garridista muertos Este hecho le colmó el vaso al general Cárdenas e inmediatamente le pidió a Garrido que contuviera a sus Camisas Rojas y que frenara la andanada anticlerical si bien algunos Camisas Rojas fueron aprehendidos y puestos en custodia carcelaria, gracias a las gestiones del secretario de agricultura todos obtuvieron su libertad a las pocas horas En cambio, el 1º de enero de 1935, 20 000 católicos marcharon detrás de los féretros de sus mártires y en la manifestación insistentemente se pedía justicia y castigo a los perpetradores de esa matanza.

El recién estrenado régimen cardenista intentó poner orden en los dos bandos 5. Nuevamente la policía aprehendió a los agresores garridistas provocando la furia de su líder, a quien el presidente, a partir de entonces, prácticamente no perdió de vista, aunque le mantuvo un puntual respeto Cierto que seguía admirando el proyecto social y económico del tabasqueño, pero no dudó en pedirle su renuncia cuando fue necesario El propio Garrido se pondría del lado del general Calles, una vez que la tensión entre el michoacano y el sonorense llegó a su máximo nivel de cualquier manera, al parecer la relación entre Garrido y Cárdenas siguió siendo afectuosa y firme 6.

Por el lado de la Iglesia católica, poco tiempo después del zafarrancho coyoacanense la policía arrestó y encarceló a monseñor Pascual Díaz Barreto, el arzobispo de México, por haber violado la ley de cultos de 1932 oficiando misa y luciendo los hábitos sacerdotales fuera del recinto de culto El encarcelamiento del arzobispo provocó una seria protesta internacional, que incluso pretendió que se atendiera a través de una intervención del presidente Franklin D. Roosevelt, quien por cierto se encontraba en plena campaña para reelegirse El general Cárdenas logró sortear la situación y le comentó al embajador Josephus Daniels que el gobierno de Estados Unidos podía contar con la colaboración del gobierno mexicano, y que le asegurara a su presidente que en México no había persecución religiosa 7. Pero justo es decir que el clero católico mantuvo su postura antirrevolucionaria durante buena parte del sexenio y, desde luego, los conflictos dentro del gabinete estaban lejos de haber terminado.

El giro más severo en materia de restructuración del Poder Ejecutivo Federal se dio a mediados del primer año del sexenio cardenista El 17 de junio de 1935 el general Cárdenas, tras haber comprobado que muchos de los miembros de su gabinete no le manifestaban una fidelidad confiable, y después de escuchar que el general Calles anunciaba su re- tiro de la política, tomó la decisión de sustituir de tajo a los elementos callistas y escogió en su lugar a personalidades más próximas a su con- fianza Un mes antes había escrito en sus Apuntes: “Distintos amigos del general Calles, entre ellos algunos de los que forman parte del gabinete, vienen insistiéndole en que debe seguir interviniendo en la política del país”. El sonorense le había dicho a Cárdenas: “Ya me canso de decirles a estos… que me dejen en paz”, pero bien se sabía que al propio Calles le gustaba la idea de seguir manipulando a sus allegados 8. De cualquier manera, el presidente Cárdenas tomó la resolución el 14 de junio y reportó eufemísticamente en su diario: “A las 19 horas reuní al Gabinete en Palacio Nacional manifestándoles que considerando embarazosa su situación por la amistad que los liga con el general Calles, aceptaba que presentaran su renuncia, lo que desde luego hicieron” 9. Entre los secretarios confiables quedaron Silvano Barba González, quien pasó a Gobernación; Francisco J Múgica fue puesto en Comunicaciones y Transportes; Gabino Vázquez se quedó en el Departamento Agrario, lo mismo que Jenaro Vázquez en el Departamento del Trabajo. También permanecieron en su lugar silvestre Guerrero, Luis I Rodríguez y Miguel ángel de Quevedo En Relaciones Exteriores saldría Emilio Portes Gil y quedaría primero Fernando González Roa y más tarde Eduardo Hay; en la secretaría de Hacienda saldría Narciso Bassols y quedaría Eduardo Suárez; el general Andrés Figueroa y después Manuel Ávila Camacho sustituirían a Pablo Quiroga en la secretaría de Guerra, y el licenciado García Téllez fue remplazado por el veracruzano Gonzalo Vázquez Vela en la secretaría de Educación En las secretarías de Economía y de agricultura quedaron los generales Rafael Sánchez Tapia y saturnino Cedillo.

Por cierto que este último se había mostrado particularmente in- quieto por no haber sido llamado para formar parte del primer gabinete en diciembre de 1934 desde enero del año siguiente, el general Cárdenas le encargó a Francisco J Múgica que visitara a Cedillo para que no hiciera caso “del canto” de sus opositores y esperara a que eventual- mente se le ofreciera un cargo dentro de la administración En marzo Cárdenas se enteró de los rumores de un posible levantamiento que preparaba el potosino con apoyo de la compañía petrolera El águila y del clero católico, y por eso mismo decidió incorporarlo a la secreta- ría de agricultura en el primer cambio de gabinete. Los objetivos del presidente eran claros: “Me interesa más mantener al país sin el menor disturbio, para llevar adelante el plan económico a favor de los trabaja- dores, que realizar una campaña militar” 10.

El licenciado Narciso Bassols fue invitado por Cárdenas para continuar en el gabinete, en gran medida porque ambos compartían posiciones respecto a la educación socialista, y porque además ninguno de los dos les temía a los cambios radicales sin embargo, Bassols prefirió mantener su alianza con el general Calles y a cargo de la secretaría de Hacienda quedó entonces Eduardo Suárez, quien resultó ser una persona a quien Cárdenas le tuvo particulares deferencias desde que lo había conocido como funcionario de la secretaría de Relaciones Exteriores El propio presidente le dijo el día en que le ofreció el puesto: “Mire licenciado… yo le tengo confianza por referencias de personas que conozco bien Trate usted de conservarla, porque el día que la pierda, tiempo me faltará para despedirlo” 11. Bajo la dirección de Suárez quedaron entonces varios economistas que después destacarían en el propio gobierno cardenista y en los siguientes, como Jesús silva Herzog, Ricardo Zevada, Efraín Buenrostro y Antonio Carrillo Flores.

La cartera de Economía, que antes había ocupado el general Múgica, le fue ofrecida entonces al general Rafael Sánchez Tapia Este último había competido con Cárdenas por la nominación del PNR a la candidatura presidencial, para después alinearse con los designios callistas sin embargo pronto fue nombrado jefe de la zona militar de Michoacán, y comprobó ser fiel a Cárdenas ante los embates del gobernador Benigno serrato éste murió en un accidente aéreo a finales de 1934, y Sánchez Tapia ocupó provisionalmente la gubernatura de Michoacán al nombrarlo secretario de Economía, tal vez Cárdenas prefirió tenerlo más cerca, de la misma manera como lo había hecho con Cedillo.

El licenciado Emilio Portes Gil pasó de la secretaría de Relaciones a la presidencia del PNR si bien el tamaulipeco se había distanciado de Calles, su afán por influir subrepticiamente en las decisiones de Cárdenas demostró que no era del todo confiable y que, por lo general, sólo velaba por sus propios intereses Por eso Cárdenas no sólo lo removió del gabinete, sino que una vez colocado en el primer puesto del PNR, le puso como segundo a bordo a uno de sus hombres de mayor confianza, el licenciado Ignacio García Téllez, quien había dejado la secretaría de Educación al veracruzano Gonzalo Vázquez Vela Como ya se ha visto, este último había hecho buenas migas con el presidente desde que el michoacano anduvo de gira como candidato por tierras jarochas.

Y finalmente otro nombramiento que resultó por demás acertado fue dejar al doctor José Suirob la responsabilidad del departamento de salubridad Este médico liberal, además de reorganizar el departamento a su cargo y de incentivar cambios importantes en materia de salud pública, se convirtió en un hábil operador político cardenista en el ámbito de los profesionistas, los médicos, los técnicos y los servidores públicos en su ramo.

Pero haciendo a un lado la renovación del gabinete, habría que señalar que ésta se dio en medio de una agitación laboral sin precedentes después del estallido de una huelga impulsada por el sindicato de Trabajadores del Petróleo, seguida por otra de los ferrocarrileros, los primeros meses de 1935 se vivieron como una cascada de paros solidarios, ceses justificados de labores y manifestaciones callejeras que mantenían, sobre todo a la Ciudad de México, en un estado de efervescencia que parecía imparable La escasez de gasolina, el paro de tranviarios y electricistas, aunados al descontento de los universitarios y las clases medias, provocaron una situación de caos que se presentaba bastante fuera de control Fue entonces cuando varios miembros del gabinete, junto con algunos diputados y senadores, a los cuales se sumaron ciertos gobernadores, acudieron al general Calles buscando apoyo y “vías de solución”, identificándolo nuevamente como el imprescindible poder tras el trono desde la perspectiva de la prensa, de la élite política, de buena parte de los empresarios y de no pocos líderes laborales, el general Cárdenas parecía no poder dominar la situación sin embargo, para él estaba claro que la conducta de las organizaciones de trabajadores al estallar sus huelgas era “consecuencia lógica de la explotación que sufre la clase obrera”, y que era justo que lucharan a su favor y en contra del capital 12 su argumento era puntual: “si los obreros siguieran una actitud anárquica seguro que se vendría la depresión económica; pero no ocurre así Los obreros planean, pulsan su propia situación, estudian el estado económico de las empresas y cuando la investigación les es favorable van a la huelga” 13.

Lo que Cárdenas no parecía estar dispuesto a tolerar era la intromisión de Calles en asuntos de su gobierno y desde luego no tenía la menor intención de permitir que sus colaboradores lo hicieran a un lado para ir en pos de la consigna callista Mientras la inquietud laboral aumentaba y las huelgas se multiplicaban sin mayor contención, la finca El Tambor, en Sinaloa, donde se encontraba Calles, parecía una romería de políticos oportunistas en busca de orientación.

Las primeras escaramuzas entre el Jefe Máximo y el presidente tu- vieron lugar, así, entre abril y junio de 1935 El general Calles llegó a principios de mayo a la Ciudad de México y se retiró a su casa de Cuernavaca El general Cárdenas fue por él al aeropuerto, y en la conversación que tuvieron en el camino a la casa de su hija y su yerno en la colonia Roma habían quedado en que el sonorense se retiraría de la política y que no interferiría más en los asuntos que le competían al gobierno en turno sin embargo, a los pocos días, reunido en la capi- tal del estado de Morelos con una docena de senadores, entre los que se encontraba el camaleónico Ezequiel Padilla, el general Calles hizo declaraciones en contra de “lo pernicioso de las huelgas y los líderes obreros” que estaban afectando a México en aquel momento Tales declaraciones se publicaron en el Excélsior y El Universal, y aunque se conocieron en El Nacional, los directivos del periódico y del PNR decidieron no incluirlas en su edición del 12 de junio al no aparecer en el órgano oficial del PNR las declaraciones de Calles parecían claramente una provocación En uno de los párrafos publicados en la prensa independiente el general Calles decía:

éste es el momento en que necesitamos cordura El país tiene necesidad de tranquilidad espiritual […] Hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas Las organizaciones obreras están ofreciendo en numerosos casos ejemplos de ingratitud Las huelgas dañan mucho menos al capital que al gobierno; porque le cierran las fuentes de la prosperidad de esta manera, las buenas intenciones y la labor incansable del señor presidente están constantemente obstruidas, y lejos de aprovecharnos de los momentos actuales tan favorables para México, vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre y es injusto que los obreros causen este daño a un gobierno que tiene al frente a un ciudadano honesto y amigo sincero de los trabajadores, como el General Cárdenas 14.

Veladamente Calles establecía que esta situación era solapada y tal vez incluso promovida por el propio Cárdenas Esto provocó una inmediata reacción política a nivel nacional No tardaron en hacerse públicas las felicitaciones a Calles, dada “su preocupación por la tranquilidad del país” al mismo tiempo, cundieron los rumores que presagiaban la inminente renuncia del presidente Los obreros rechazaron las insinuaciones del Jefe Máximo y salieron a la calle con consignas en contra del sonorense sin embargo, el 14 de junio el general Cárdenas pidió la renuncia de varios miembros de su gabinete y vio con impasibles ojos la campaña de manifestaciones contrarias al Jefe Máximo Calles anunció nuevamente su retiro de la política y se fue una vez más del país Pero aún faltaba el La interferencia del sonorense en la orientación que Cárdenas es- taba tratando de darle a su gobierno recién iniciado fue criticada por dos de sus excolaboradores más cercanos: Narciso Bassols y Manuel Puig Casuaranc. En septiembre de 1935 Bassols le envió una carta al general Cárdenas en que lo felicitaba por la actitud asumida frente a Calles El exsecretario de Educación y de Hacienda opinaba que el general Calles no debía regresar a México a “encabezar descontentos o desplegar en cualquier otra forma actividades políticas”, y remataba su carta diciendo: “El gobierno de usted al obrar como lo ha hecho es congruente consigo mismo, clarifica el ambiente y deja a cada quien en su sitio” 15.

Manuel Puig Casauranc fue más allá y a finales de año le envió desde Buenos aires, en donde fungía como embajador de México ante el gobierno de la República argentina, un telegrama abierto al general Calles, con copia al general Cárdenas, en el que le recriminaba su intromisión en la política cardenista Entre otras cosas le decía al sonorense: “Independientemente del juicio a distancia posteridad, no tiene Ud derecho, aun tratándose de Ud mismo, de comprometerse en aventura política confusionista con carácter histórico cuya hora ya pasó” Y le insistía al final: “su deber es aislarse, alejarse, no introducir nuevos gérmenes de confusión” 16.

El general Calles le contestaría muy molesto, y en forma particular- mente agresiva le aclaró que sólo “se estaba defendiendo ante las injurias” que le habían hecho y que si Puig Casauranc fuese consecuente también debería hacerse a un lado, puesto que él había formado parte del gobierno cuando el sonorense fue presidente de México El ir y venir de recriminaciones agitó el ambiente a tal grado que hasta un viejo porfiriano como el escritor Federico Gamboa destacó en su diario cómo tales andanadas lo habían sacado de sus pacíficas cotidianidades para causarle una “sorpresa mayúscula” y para externar una impresión particular de la situación que era compartida por muchos “Esta política nuestra con olor a cloaca” le molestaba puntualmente, tal como lo anotó en sus escritos personales 17.

El 20 de noviembre de 1935 otro zafarrancho, ahora en el zócalo de la capital, sacudió los ánimos del gobierno que todavía no acababa de cumplir un año de haberse instalado en el Palacio Nacional desde los primeros meses de 1935 la asociación Mexicanista Revolucionaria, mejor conocida como “Los Camisas doradas”, fue una de las actrices más renombradas en la marquesina de las luchas callejeras Esta asociación, comandada por el general Nicolás Rodríguez Carrasco, quien se autorreconocía como un antiguo miembro de los “dorados” de Francisco Villa, se manifestaba frecuentemente en el primer cuadro de la Ciudad de México con su caballería, con sus macanas y sus botas, y una que otra arma de fuego sus integrantes vestían unas imprescindibles camisas color azafranado y al grito de “Muerte al comunismo” y el clásico “¡México para los mexicanos!” trataban de demostrar sus pun- tos de vista nacionalistas e intolerantes Por lo general aparecían cuando grupos obreros o algunas organizaciones de izquierda querían dejarse oír en manifestaciones públicas o marchas de solidaridad siguiendo la moda de los Camisas Negras de los fasci di combattimento de Beni- to Mussolini, los Camisas Pardas del nazismo hitleriano, los Camisas azules del falangismo primorriverista español o los propios Camisas Rojas de Garrido Canabal, el grupo de choque de los “dorados” se distinguía por ser racista, antijudío, antichino y anticomunista Era una puntual expresión del extremismo obcecado de las derechas seculares de aquel momento, que se concentraban en pequeños núcleos con nombres como el Comité Pro-Raza, la Unión Nacionalista o la Liga anti-China 18.

El 20 de noviembre de 1935, cuando se conmemoraban los 25 años del inicio de la Revolución mexicana, los Camisas doradas arremetieron contra los obreros del Frente Popular, pero especialmente contra el sindicato de Trabajadores del Volante, los cuales, manejando sus taxis, confrontaron a los caballos con los que atacaban aquellos nacionalistas Una imagen del enfrentamiento, captada por el fotógrafo de prensa Enrique Díaz, que al día siguiente se publicaría en el periódico Excélsior, resumía la situación: mostraba un auto embistiendo a un corcel con las patas delanteras al aire, y el jinete tirado sobre el pavimento, intentando levantarse del golpe, en medio de una multitud expectante Era la dimensión simbólica de la modernidad versus el tradicionalismo: el poder del futuro contra la reacción del pasado.

1 Luis Javier Garrido, El Partido de la Revolución Institucionalizada. La formación del nuevo

Estado en México (1929-1945), siglo XXI Editores, México, 1982, p 172.

2 Jürgen Buchenau, Plutarco Elías Calles and the Mexican Revolution, Rowman and Littlef ield Inc , Maryland, 2007, p 177.

3 Lázaro Cárdenas, Obras. 1. Apuntes, 1913-1940, t 1, 3ª ed , unam, México, 1986 (1ª ed 1972), p 306.

4 Idem.

5 Carlos Martínez assad, El laboratorio de la Revolución. El Tabasco garridista, siglo XXI Editores, México, 1979, p 225

6 Cuauhtémoc Cárdenas, Cárdenas por Cárdenas, debate, México, 2016, pp 277 y 281, y Lázaro Cárdenas, Obras. 1. Apuntes, 1941-1956, t 2, 3ª ed , unam, México, 1986 (1ª ed , 1972), pp 105-106

7 Cárdenas, Obras. 1. Apuntes, 1913-1940, op. cit., p 325

8 Ibid., p 318

9 Ibid., p 321

10 Ibid., pp 312 y 317

11 Fernando Benítez, Entrevistas con un solo tema: Lázaro Cárdenas, unam, México, 1979, p 18

12 Cárdenas, Obras. 1. Apuntes, 1913-1940, op. cit., p 320

13 Ibid., p 317

14 Excélsior, 12 de junio de 1935

15 Cárdenas, Obras. 1. Apuntes, 1913-1940, op. cit., p 341

16 Manuel Puig Casauranc, Galatea rebelde a varios Pigmaliones. De Obregón a Cárdenas. El fenómeno mexicano actual (1938), Impresores Unidos, México, 1938, p 563

17 Federico Gamboa, Diario 1892-1939, siglo XXI Editores, México, 1977, p 267

18 Ricardo Pérez Montfort, “Los camisas doradas”, Secuencia, Revista Americana de Ciencias Sociales, núm 4, México, enero-abril de 1986, y Por la Patria y por la Raza. La derecha secular en el sexenio de Lázaro Cárdenas, México, Facultad de Filosof ía y Letras-unam, Colección seminarios, 1993