Opinión

El traidor • Anabel Hernández

El diario secreto del hijo del Mayo.

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ADELANTOS EDITORIALES

El traidor es uno de los trabajos periodísticos más ambiciosos en la trayectoria de Anabel Hernández. Su historia se remonta a enero de 2011, cuando la contactó uno de los abogados de Vicente Zambada Niebla, mejor conocido como Vicentillo, quien enfrentaba un juicio en una corte de Chicago. La intención era compartir con la periodista documentos y hechos que ampliaban y esclarecían varios de los episodios que acababa de dar a conocer en Los señores del narco.

Entre los documentos a los que tuvo acceso se encuentran el inquietante autorretrato como payaso que aparece en la portada y los diarios realizados por Vicentillo durante las negociaciones para colaborar con el gobierno norteamericano, los cuales hasta ahora eran secretos. En ellos el capo reconstruyó su historia y la historia de una de las organizaciones de tráfico de estupefacientes más grandes del planeta.

A lo largo de estas páginas, la autora se adentra en el Cártel de Sinaloa a través del relato de Vicentillo, quien exhibe de manera descarnada cómo funciona el sistema interno que da vida a la organización criminal, la violencia, las mil formas de traficar droga y la complicidad entre políticos, empresarios y fuerzas del orden. Pero sobre todo devela el perfil de quien durante el último medio siglo ha sido el rey del narcotráfico. Quien nunca ha pisado la cárcel y quien desde su trono ha visto caer a amigos, enemigos, socios, competidores, familiares, empleados del gobierno y hasta sus propios hijos, sin que eso haga mella en su poder, el padre de Vicentillo: Ismael el Mayo Zambada.

La Silla Rota te regala un capítulo del libro “El traidor” de Anabel Hernández con autorización editorial de Penguin Random House.

Anabel Hernández es una destacada periodista con una carrera de 26 años, durante la cual se ha dedicado a investigar a los cárteles del narcotráfico en México, la corrupción, las violaciones de los derechos humanos, la desaparición forzada y el abuso de poder.

El traidor | Anabel Hernández

#AdelantosEditoriales


Fragmento El traidor de Anabel Hernández

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“Trabajamos para el gobierno”

Cómo se le paga al gobierno y en qué forma yo participaba ayudando a mi papá.

Se les paga por mensualidades, se le paga al comandante de la AFI [ahora Policía Ministerial Federal], que es el que manda en todo el estado, se les paga a los comandantes de la Policía Judicial del estado, a la policía municipal, a la PF. Para este tipo de cosas estaba encargado el Doctor y también Dámaso [López Núñez], y por par te de nosotros o de mi papá está el comandante Cordero que le paga a la judicial, y está Keta que es el que miraba a los de la PFP, a los de la AFI y a los judiciales.1

Como mi papá siempre está en la sierra, a mí me avisaba la Keta o Cordero, “oiga, ya llegó la mensualidad”, y yo le hablaba al de los encargados del dinero de mi papá, que lo tienen guardado. Por ejemplo, se le pagaba al comandante de Culiacán 50 mil dólares al mes, se le pagaba al comandante de Mazatlán

30 mil dólares, a los de la PFP de Culiacán, Mazatlán, La Cruz de Elota, 20 mil dólares a cada uno. Yo lo que hacía era hablarle al [Omar] Wiwi, muchacho mío, y a otro al que le digo Perico, y le decía “oye, ve y pide tanto allá donde está guardado el dinero y entrégaselo a Keta”, y cuando se le pagaba a la judicial del estado o a la municipal les decía lo mismo “entrégale tanto a Cordero”, y yo les decía que apuntaran la cantidad y fecha para que mi papá lleve sus cuentas.

Se les paga al [coordinador de la PF y AFI] de Sinaloa, al de Nayarit, al de Jalisco, al de Baja California, al de Chiapas, al de Chetumal. Cuando cambian de comandante en las plazas, antes de que el encargado se vaya, él mismo te presenta al nuevo. El Doctor y la Keta me hablaban a mí, y yo ya le avisaba a mi papá de que ya habían puesto nuevo comandante y que todo estaba bien. Y ya mi papá o el Chapo lo miraban en persona para saludarlo y ponerse a sus órdenes y mi papá me decía “te encargo que me recuerdes de la mensualidad o tú dale el dinero al Doctor o la Keta para que cada mes estén pagando”. Y era la parte de la función con la que ayudaba a mi papá, no siempre, porque yo al año me pasaba tres o cuatro meses fuera de Culiacán, me iba a la Ciudad de México, pero todo lo hacía por teléfono o Nextel.

Varias veces sí conocí a comandantes de la AFI por medio de mi papá, cuando estaba con él y en ese momento él les llamaba para saludarlos y me los presentaba. Mi papá siempre ve a los comandantes que van llegando o cuando los cambian, y ya después se encarga el Doctor o la Keta de estarles dando su mensualidad. Mi papá siempre los saluda y platica con ellos, más bien como una cortesía de él, no sé cómo llamarlo, pero él siempre los ve.

Con los comandantes de la Policía Judicial del estado es el mismo mecanismo, se les paga cada mes. Se le da al director, al subdirector, al de los operativos y al de cada partida, las partidas son las que hay en cada ciudad del estado, por ejemplo, se le da al de Mazatlán, La Cruz, El Salado, Costa Rica, El Dorado, Escuinapa, El Rosario, Navolato, Pericos, y yo lo que hacía era hablar para que le entregaran el dinero a Cordero, o a veces también les pagaba otra persona. Mi función a veces era sólo agarrar el teléfono, hablar y decir “entrégale tanto a fulano” y ya era todo, y así para todos los gastos hablaba yo.

La PGR tiene delegados regionales y subdelegados. Todos los delegados y subdelegados son amigos de mi padre y Chapo, y de todos los demás. Cada delegado que llega a Culiacán, si no es conocido, el delegado saliente lo presenta. Todos ellos en toda la República son amigos.

El 99% de la PGR es corrupta y nosotros les damos todo el dinero. Cada año o cada determinados meses son rotados en toda la República. Pero son los mismos y se conocen entre ellos. Y a cualquier estado que van, ellos reportan a quien esté encargado en el estado. Si ellos están en Culiacán, entonces mi padre y Chapo les dan dinero, si se mueven a otro estado como Tamaulipas, entonces es lógico que con quien se reportan es con los Zetas o el Cártel del Golfo. Pero no hay ni un solo funcionario que no tome dinero.

Nosotros le damos dinero al director de la policía municipal, policía estatal y al de la Policía Federal. Estaban dando un pago mensual al comandante de Guadalajara de la PGR y la PF. Lo mismo en Nayarit, Sonora y Baja California igual. Y en esos estados les dan dinero no porque mi padre o Chapo tengan gente, sino se lo dan en caso de que pase un cargamento por el estado o en caso de que necesiten alguna cosa.

Yo sé que les dieron dinero a muchos de la PF. Lo sé por boca de mi padre y Chapo. El que manejaba todo eso era el Doctor y Keta.

 

* * *

 

El Mayo acuñó dos refranes que Gaxiola le escuchó decir varias veces. Son la regla de oro que le ha permitido al capo ser líder de las drogas en México durante medio siglo sin jamás haber pisado la cárcel: “Con suficiente dinero todo se puede” y “El gobierno siempre va a tener más balas, no tiene caso pelearse con ellos”.

“La infraestructura del cártel está compuesta por […] recursos marítimos, en aire, tierra, también recursos humanos, también territorios y también las autoridades corruptas Los funcionarios del gobierno de alto rango son muy importantes para la infraestructura del narcotráfico”, dijo Rey en su testimonio ante la corte estadounidense.2

Si bien el Doctor, Keta y Cordero eran en aquel tiempo los responsables de pagar la mayor parte de los sobornos, cuando se trataba de un funcionario de máximo nivel, el Mayo enviaba directamente a su hermano Rey.

Según Rey, quien durante años fue pieza integral del Cártel de Sinaloa, el aparato de funcionarios corrompidos que año con año cobran dinero por proteger al cártel formaba parte de los activos de su empresa criminal.

Entre más alto era el funcionario público sobornado, más valioso y útil era el “activo”. En los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, el Mayo, el Chapo y los Beltrán Leyva llegaron hasta el máximo nivel Los sobornos salpicaban a todos.

Por ejemplo, durante la administración de Fox, el responsable de la AFI, Genaro García Luna, recibió 3 millones de dólares de sobornos por parte del Mayo. Se los entregó Rey en mano propia. El objetivo era, entre otros, que se nombrara a Norberto Vigueras Beltrán como jefe regional de la AFI en Culiacán.3

El Mayo obtuvo lo que quería Vigueras Beltrán, quien había trabajado en la AFI (antes Policía Judicial) desde 1986, se encontraba en Hidalgo y en el periodo de García Luna lo transfirieron como jefe regional a Culiacán, donde estuvo de 2003 a 2006 Rey dijo que el Mayo lo quería ahí porque “lo tenía en el bolsillo”. Luego lo enviaron como jefe regional de la AFI en Durango, otro territorio del Mayo y el Cártel de Sinaloa, donde sirvió de 2006 a 2011. En octubre de 2019 Vigueras Beltrán fue nombrado secretario de Seguridad Pública de Cuernavaca.

Durante su gestión en la AFI, García Luna y su equipo de colaboradores más cercano: Luis Cárdenas Palomino, Francisco Javier Garza Palacios, Facundo Rosas Rosas, Édgar Millán Gómez, Roberto Velasco, Armando Espinoza de Benito, Igor Labastida, Luis Manuel Becerril Mina, Gerardo Garay Cadena, Ramón Pequeño, entre otros, fueron señalados en la unidad de asuntos internos de la PGR por corrupción y vínculos con el Cártel de Sinaloa.

García Luna y su gente desquitaban los sobornos. Durante la guerra del Cártel de Sinaloa contra el Golfo y los Zetas, la AFI fue un brazo armado del Mayo, el Chapo y Arturo Beltrán Leyva en más de una ocasión.

En el sexenio del Felipe Calderón, el propio presidente recibió millones de dólares en sobornos cuando públicamente decía tener una guerra contra los narcotraficantes en México. Habría recibido dinero del Mayo y de los Beltrán Leyva, según confesó al gobierno de Estados Unidos el narcotraficante Álex Cifuentes, estrecho colaborador de ambos grupos.4

Esto fue incómodamente ventilado al público durante el juicio de Chapo en Nueva York en 2018 y 2019. Aunque Calderón dijo que no era cierto, el gobierno de Estados Unidos no desmintió la acusación porque viene directamente de uno de los testigos colaboradores más importantes del Departamento de Justicia.

En 2012 Édgar Valdez Villarreal señaló públicamente que el presidente Calderón llegó a presidir reuniones con narcotraficantes para llegar a acuerdos.5

Rey afirmó al gobierno de Estados Unidos que en 2007 entregó directamente a García Luna 5 millones de dólares en efectivo: a mayor rango mayor pago. Y aseguró que el mismo García Luna aceptó 50 millones de dólares de Arturo Beltrán Leyva, la Barbie y su socio José Gerardo Álvarez, el Indio.6

En el otro nivel de funcionarios federales de diversas instituciones, Rey confesó que gastaba mensualmente cerca de 300 mil dólares en sobornos. Pero si se trataba de un director de alto rango de la PGR o de un general del ejército, los pagos ascendían a medio millón de dólares por cada uno.

No fueron pagos estériles, el dinero sucio fue el abono que hizo crecer la eficaz colaboración entre los policías y el Cártel de Sinaloa. Los “activos” de la SSP y la PF, como los llamaba Rey, daban servicios útiles. No sólo les ayudaban a combatir a los Zetas, cuando estaba la guerra contra ellos, sino también a mover droga tanto en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México como vía terrestre.

Álex Cifuentes, el narco colombiano cercano al Mayo, contó que en una ocasión el Cártel de Sinaloa envió maletas cargadas de cocaína en un vuelo comercial de Argentina a México. La PF recuperó las maletas en el aeropuerto. Para no fallar, le enviaron las fotos de las maletas que debían buscar, no fuera que se trajeran la valija equivocada.7

Al final, la SSP de García Luna y la PF llegaron a estar tan compenetradas con el Cártel de Sinaloa que hasta se volvieron clientes. Sí. Les compraban droga que luego los propios mandos de la PF vendían por su cuenta.

Cifuentes comentó que esos servicios de recuperar maletas y vender droga no sólo se lo brindó la servil gente de la SSP a él, sino también a la Barbie.

 

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Gaxiola me contó que en el sexenio de Vicente Fox la colusión con el Cártel de Sinaloa tuvo diversas facetas, pero la que él conoció de Vicentillo fue respecto a los hijos de la primera dama Marta Sahagún.

“Los hijos de Marta Sahagún tenían controladas todas las aduanas y ellos vendían el precursor químico [pseudoefedrina] al cártel para producir las metanfetaminas, el dinero de Zhenli Ye Gon era de ellos”, me afirmó Gaxiola. Y aseguró que Vicentillo habló directamente sobre esto con la DEA a pregunta expresa de la agencia en 2011 y 2012.

Aunque no era la primera vez que se relacionaba a los hijos de Sahagún con Zhenli Ye Gon, sí era la primera vez que alguien directamente vinculado con el cártel lo confirmaba al gobierno de Estados Unidos.

“Los hijos de Marta no sabían qué hacer con el dinero, sótanos llenos de billetes”, abundó el abogado haciendo énfasis en su voracidad.

Durante el sexenio de Fox, a los hijos de su esposa los señalaron por múltiples actos de corrupción. En México han permanecido impunes, pero en Estados Unidos, en la Corte del Distrito Sur de California, se abrió un expediente criminal en 2008 contra Manuel Bribiesca Sahagún por haberse hecho pasar por propietario de una empresa de gas, y se giró orden de arresto en su contra. En 2012.

Manuel se presentó en ese tribunal y se declaró culpable. No tenía muchas opciones, quien estaba tras de él era la dura fiscal Laura E Duffy, casualmente experta en temas de narcotráfico.

El caso del empresario farmacéutico de origen chino Zhenli Ye Gon traspasó las fronteras de lo bizarro. En marzo de 2007 la PGR hizo un cateo en una residencia de un lujoso fraccionamiento en Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México, y lo que encontró fueron metros cúbicos de billetes que sumaban 205 millones de dólares, 17 millones de pesos y 11 centenarios, según informó el gobierno de Felipe Calderón.

Zhenli Ye Gon estaba entonces en Estados Unidos, desde donde declaró que miembros del pan, partido al que pertenecían Fox y su esposa, lo habían amenazado de muerte. Específicamente acusó a Javier Lozano, secretario del Trabajo en 2007, quien le habría dicho el célebre “cooperas o cuello”.

Ye Gon fue detenido ese mismo año en el estado de Maryland. Se le acusó de importar pseudoefedrina que luego se entregaba a cárteles de la droga para la fabricación de metanfetaminas. Su caso se anuló en la corte norteamericana y fue extraditado a México en 2016, donde está en prisión bajo proceso.

“Si yo denuncio los nombres [de los políticos] uno por uno para mí no es bueno porque yo enfrento una extradición y si regreso me van a hacer pasar muy mal”, dijo el empresario en 2015.8

En septiembre de 2019 Juan Luis Gómez, el abogado del empresario chino, reveló que no eran 205 millones de dólares, sino 275 millones, además de que había lingotes de oro que fueron sustraídos de la casa durante el cateo y que el gobierno de Felipe Calderón nunca presentó ante la PGR.9

 

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Vicentillo reveló muchos de los nombres de la gente de García Luna que estaba al servicio del Cártel de Sinaloa, dijo Gaxiola.

El jefe policiaco Armando Espinosa de Benito, reveló el hijo del Mayo, era el contacto entre la DEA y la Policía Federal Personalmente escuchó hablar “cientos de veces” sobre él en conversaciones del Mayo y el Chapo Dámaso era el contacto entre el policía y el cártel.

Sabía que Gerardo Garay Cadena, comisionado de la Policía Federal en 2009, tenía contacto con el Mayo. Cuando se desató la guerra con los Beltrán Leyva, el propio Garay le envió al Mayo una grabación para probar que Beltrán intentó matarlo por los servicios que le prestaba al capo.

“Grabaciones de llamadas telefónicas interceptadas fueron enviadas a Culiacán”, dijo Gaxiola. “En ellas se escuchaba la voz de Mochomo tratando de calmarlos para que no mataran a Garay. Después nos enteramos de que Garay también recibía dinero de los Beltrán”. El encargado de pagar los sobornos a Garay Cadena por parte del Mayo era el Estudiante, quien también pagaba sobornos a otros altos funcionarios.

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La estructura de pagos del Cártel de Sinaloa era una cascada que corría de arriba abajo Rey explicó que los blancos de los sobornos eran muy claros:

Si estamos hablando de los estados, principalmente el gobernador y el procurador general, el director de la Policía Judicial, el director de la policía estatal y municipal. En el nivel nacional el procurador general de la República, y para los diferentes departamentos de la PGR, la Policía Federal y la SIEDO […] en el tiempo que estuve trabajando para el cártel éste era el grupo más importante de inteligencia y operaciones de la PGR.10

El hermano del Mayo detalló que la mayor parte de los funcionarios corruptos prefería su pago en dólares.

* * *

En 2015 Gaxiola me explicó que gran parte de los acuerdos del Cártel de Sinaloa con el poder Ejecutivo se establecen desde los tiempos de las precampañas o campañas electorales. El abogado señaló que el cártel financiaba recurrentemente las campañas políticas de diversos candidatos a gobernadores y presidentes municipales, incluso de diferentes partidos políticos, porque así ganara uno o el otro, la organización nunca perdía.

Gaxiola aseguró que en 2010 el Cártel de Sinaloa apoyó la campaña de Mario López Valdez (Malova), candidato de la coalición PAN-PRD-Convergencia, a la gubernatura de Sinaloa. En aquella ocasión el candidato del PRI era Jesús Vizcarra, amigo muy cercano del Mayo, dueño de SuKarne, secretario de Economía de Sinaloa de 2005 a 2006 y alcalde de Culiacán de 2007 a 2010.

Malova ganó las elecciones, convirtiéndose así en el primer gobernador proveniente de un partido diferente al PRI en la historia del estado, y dirigió los destinos de la matriz del cártel de 2011 a 2016.

El nuevo gobernador colocó en puestos clave de su gabinete a hijos de dos exgobernadores del PRI: Juan S Millán y Francisco Labastida Ochoa Nombró como subsecretario de Agricultura a Óscar Félix Ochoa, sobrino de Manuel Torres Félix, consuegro del Mayo, pues su hija Ellameli Torres Acosta estaba casada con Serafín Zambada Ortiz. El principal negocio legal que el Mayo tiene en Sinaloa está justamente relacionado con agricultura y ganadería.

Malova también nombró como comandante de la Policía Ministerial de Culiacán a Jesús Aguilar Íñiguez, a quien en el Cártel de Sinaloa llaman afectuosamente Chuy Toño Chuy ya había ocupado el cargo en el gobierno de Millán, y el Mayo pidió que Chuy estuviera ahí, me dijo Gaxiola, según sus conversaciones con Vicentillo Duró en el cargo de 2011 a 2016.

El 29 de abril de 2017 se celebró en Culiacán la boda de Doris Antonia Aguilar, hija de Chuy Toño Toñita, como la llaman, había trabajado en el registro civil de Mazatlán, otro territorio del Mayo, mientras su padre había sido jefe policiaco. Como si de toda una celebridad se tratara, en el evento se dieron cita desde el exgobernador Antonio Toledo Corro, señalado en informes de la DEA de 1986 de proteger al Cártel de Sinaloa, hasta el exsecretario de Seguridad Pública del estado, Genaro García Castro, y el exsecretario de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros, quien fue el padrino de bodas. Al final no podía faltar Malova, quien no llegó a la misa, pero sí al alegre festejo.11

* * *

Yo pagaba a muchos policías en el estado de Sinaloa, y tenía amigos que eran militares, en la Policía Federal, en la PGR.

A comandantes de la Policía Judicial del estado, policías municipales, los directores de las fuerzas públicas. Estos pagos se hacían para recibir protección para nosotros, me refiero para mi papá, para mi compadre Chapo, para mí, para gente del Cártel de Sinaloa.12

Nos pasaban información acerca de cualquier operativo de la policía en el estado, y cuando recibíamos cargamentos, para que esos cargamentos estuvieran a salvo. Muchas veces al final del mes mi papá enviaba un regalo extra, cuando un cargamento de cocaína llegaba bien a Culiacán.

Para la Policía Federal teníamos el código “Los Azules”, Yankee era el comandante de la PGR en cada estado. “Zapatones” les llamábamos a los militares.

En la Policía Judicial del estado [Sinaloa] había muchos comandantes que protegían al Cártel de Sinaloa. De hecho, ellos estaban en esos puestos por mi papá. Ellos lo protegen, ellos ven por él.

Uno era Chuy Toño, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez. Él era muy amigo de mi papá. Él estaba a cargo de toda la Policía Judicial del estado de Sinaloa, nos daba información y protección acerca de cualquier operativo policiaco en el estado.

Tuve reuniones con él y mi padre. Mi padre le dijo que quería que ubicaran a comandantes amigables que él conocía en las zonas donde él estaba: El Salado, Costa Rica, El Dorado, Cruz de Elota [la zona donde el Mayo tiene su refugio y bienes económicos].

Si había cualquier información, si había algún operativo en contra de mi padre en esas áreas, entonces los comandantes de la Policía Judicial nos avisarían.

El pago mensual era, con todo, de más de un millón de dólares.

* * *

En uno de sus encuentros con el Mayo, una noche Gaxiola pudo conocer exactamente cómo funciona su sistema de corrupción, con la precisión del robot quirúrgico Da Vinci.

Era un camino de los muchos que hay hacia el poniente de Culiacán El Mayo viajaba acompañado de un puñado de sus escoltas Iban en carros comunes y corrientes, nada de blindaje, pues consideraban que la zona no estaba “caliente”. De repente y sin el menor aviso se encontraron con un retén militar. Al menos eso parecía por el tipo de uniformes y las armas que portaban los oficiales en el puesto.

En realidad, eran integrantes de un grupo especial de la policía estatal antisecuestros. Equipados y entrenados militarmente. El convoy del Mayo tenía el retén de frente y a un grupo cuidando la retaguardia para cerrar las vías de escape. De inmediato el jefe de escoltas tomó una decisión y se bajó de su carro dejando a bordo al Mayo. Avanzó a pie hacia el retén y se enfrentó al grupo militarizado.

Cuando el jefe de escoltas narró después el episodio, entre risas, dijo que pensó para sus adentros que iba a ser el fin de su vida: “Estos sardos me van a partir la madre”. Cuando llegó a donde estaba el retén respiró con alivio. Se percató de que eran policías.

Pidió hablar con el comandante y explicó que venía desarmado, lo demostró alzando la camisa por encima de su abultada barriga. Esperó la respuesta. Después de un larguísimo silencio, un hombre dio unos pasos al frente, se quitó el pasamontañas y le espetó: “¿Qué quiere?”. El gordo, aún con la camisa arriba, pero con más calma, le preguntó quién era y para quién trabajaba. El oficial respondió que era el comandante del grupo.

De pronto el jefe de escoltas recordó que este individuo tenía a su cargo a 300 hombres armados y entrenados en tácticas militares. También le vino a la memoria que el comandante, hasta ese momento, no era propiedad de grupos enemigos. Enseguida el jefe de escoltas le confesó al comandante que en el convoy que acababan de detener iba el Mayo Zambada. Sorprendido, incómodo por la situación, el comandante le dijo que no era él al que buscaban.

Para evitar futuros problemas, acordaron que la gente del Mayo le daría al comandante un radio para comunicarse directamente con él y avisarle de antemano si iban a entrar en su área de acción. El comandante no quería problemas con el Mayo ni el Chapo. No era policía pagado por ellos, pero simplemente quería libertad para hacer su labor sin mayores sobresaltos ni contratiempos.

El acuerdo de mutuo beneficio se pactó ahí mismo. Ese día, que podría haber sido el último en su carrera como narcotraficante, fue tan sólo uno más en las labores del Mayo. Sin abrazos ni saludos de mano, el jefe de escoltas regresó al carro del Mayo y el retén se abrió para dejarlos seguir su camino sin más contratiempos.

Todo esto —recordó Gaxiola— se logró por la rápida y razonada intervención del jefe de escoltas aunado con la inteligencia sobre las operaciones de policías y enemigos en el área. Un analista equivocado alegaría que el jefe de escoltas del Mayo es un simple sicario más del Cártel de Sinaloa. Pero no, y por esta razón este hombre es el jefe de escoltas. El Mayo escoge a su gente con cuidado y es por eso que goza de su libertad después de este día.

* * *

Muchos militares también recibían dinero. Lo sé porque conocí al licenciado Carlos. Yo lo conocí en Culiacán a través de un amigo mío y dijo que quería conocerme o conocer a mi padre porque tenía muchos amigos en el ejército con quienes podía hablar; y que los miliares querían hacer un trato con mi padre, ya que ellos iban a ser los que iban a estar en las calles haciendo los operativos y que ellos no querían hacer tratos con nadie más, sólo con mi padre, por su modo de ser y el tipo de persona que es.13

Los militares querían que mi padre y Chapo trabajaran con ellos para ayudarlos con los Zetas, con Arturo y con Vicente Carrillo, porque ellos eran quienes tenían al país en el caos. Y que sabían que ellos, me refiero a mi padre y Chapo, eran personas diferentes.

Llevé al licenciado Carlos con mi padre y ellos hablaron y el licenciado Carlos era quien tenía contacto con los militares. Yo algunas veces recibí órdenes de mi padre de darle dinero al licenciado Carlos para hacer los acuerdos con los militares. Digo esto porque en una ocasión [2008] un mayor o capitán del estado de Chiapas estaba en Culiacán y se lo presentaron a mi padre, así pudimos comprobar que el licenciado Carlos no estaba mintiendo y que no se estaba robando el dinero. Pero siempre era difícil contactar a mi padre cuando estaba en la montaña; le informé y mi padre me dijo que por qué no me encontraba con ellos, así el licenciado Carlos podía ver que los atendemos y que confiamos en él, por eso yo me encontré con ellos.

Había dos militares y ellos me dijeron que estaban adscritos al estado de Chiapas, en Comitán, el cual era el nombre de la ciudad. Dijeron que estaban disponibles para lo que mi padre necesitara. Ellos me preguntaron que si nosotros podíamos ayudarlos con los Zetas, porque sabían que estaban en ese lugar y que estaban secuestrando, robando y asesinando personas, y que ellos [los militares] querían saber si nosotros tenemos las direcciones de sus casas de seguridad y ranchos en Chiapas, así podían atraparlos. Yo le informé a mi padre y él dijo que estaba bien, que él iba a ayudar a capturar a los Zetas con todo lo que necesitaran para lograrlo.

Mi padre me dijo que dijera al licenciado Carlos de presentarlos con Marcos, uno de los hombres de mi padre que están en Chiapas, así los militares podían tener contacto directo con él para que él les pagara y los ayudara a capturar a los Zetas. Establecieron contacto.

Asimismo, un mes antes de que yo fuera arrestado, el licenciado Carlos presentó con mi padre a un mayor de Durango que estaba en Santiago Papasquiaro. Todo el territorio donde estaba el rancho de Felipe [Cabrera Sarabia] estaba bajo su control, y como mi padre estaba allá, quería ver si el licenciado Carlos podía “hacerse cargo de eso”, es decir, contar con los servicios del militar. El licenciado Carlos dijo que sí, que él conocía al mayor; y fue a ver al mayor y lo presentó con uno de los hermanos de Felipe, así podían tener contacto directo y notificar a Felipe acerca de todo, si había un operativo o si algo pasaba por la zona donde estaban mi padre y Felipe.

Mi padre fue una vez a Culiacán porque el licenciado Carlos le dijo que quería presentarle a un general, que no quería ver a ninguna persona excepto a él. Mi padre dijo que sí y es como conoció al general. Yo estaba con él en el encuentro. Nadie más podía ver al general, sólo yo, Casillas, y su chofer, y el secretario de mi padre, así no estaría solo.

La reunión fue en la mañana, a las 9:30 a. m. El general viajó en un vuelo comercial de la Ciudad de México y regresó el mismo día. El licenciado Carlos fue al lugar acordado en la ciudad de Culiacán. [El general] llegó acompañado de tres hombres vestidos como militares. Entraron y el licenciado Carlos los presentó con mi papá. El general era un hombre de cerca de 70 años, blanco, con un poco de sobrepeso, se presentó a sí mismo y dio su nombre. Mi padre me llamó y me presentó al general. El general introdujo a otras dos personas.

Uno era un capitán y el otro no dijo su rango, pero eran como una especie de escoltas del general. Ellos comenzaron a platicar con mi padre en la sala de nuestra casa. Nosotros nos apartamos. Lo que escuché es que era jefe en la Secretaría de la Defensa Nacional.

Después mi padre y él tomaron el desayuno juntos y es cuando mi padre me invitó a sentarme con ellos en la mesa.

* * *

El general con el que desayunaron el Mayo y Vicentillo era Humberto Eduardo Antimo Miranda, quien ocupó el cargo de oficial mayor de la Sedena durante el sexenio de Felipe Calderón. El secretario de la Defensa era Guillermo Galván Galván, quien tiempo después enviaría a su propio emisario con el Mayo.

Según Vicentillo, el Mayo le pagaba al general Antimo un soborno de 50 mil dólares al mes. El general ha negado públicamente su relación con el Cártel de Sinaloa.

* * *

También conozco a un teniente coronel. Lo conocí a través de mi padre en Culiacán. Fui a ver a mi padre una tarde y mientras estaba con él me dijo que iba a ver a una persona y no quería que nadie estuviera ahí. Quería que cuando la persona llegara entrara directamente a un cuarto en la casa y que sólo permaneciera su secretario Casillas en caso de que necesitara algo. Y que yo podía quedarme, por supuesto. Que no había problema conmigo. Yo le dije que mejor me iba, que era lo mejor, pero yo sabía que él no iba a aceptarlo porque yo soy su hijo y no había problema si me quedaba.14

Mi papá me lo iba a presentar para cualquier cosa que yo necesitara, y fue cuando mi padre me dijo que era un miembro del ejército que en ese momento trabajaba en Culiacán en la IX Zona Militar y que se lo iba a presentar su compadre Alfredo Beltrán. Esto fue antes del arresto de Alfredo y por supuesto en ese momento no había enemistad con Arturo. En aquella época todos ellos eran amigos. Y fue entonces cuando Alfredo llegó con el hombre que iba vestido de militar. Ellos entraron y Alfredo se lo presentó a mi padre. Alfredo nos saludó y le dijo a mi padre: “Compadre, dejo al hombre aquí, me voy, así ustedes pueden platicar. Tú lo puedes enviar de regreso a donde él indique”. Alfredo se despidió y se fue.

El hombre se quedó. Dijo que era teniente coronel, que él estaba ahí en Culiacán y había esperado conocer a mi padre durante mucho tiempo, pero que no había encontrado la forma, que era un placer verlo y conocerlo.

El militar y mi padre se hicieron amigos y se hicieron compadres, al menos así se decían el uno al otro, porque no había sido posible convertirse en compadres como debe ser, en una iglesia, pero así se decían.

Un mes antes de que me arrestaran, supe que lo mandaron a Sonoyta, Sonora, a cargo del regimiento. Mi padre lo contactó. Un día mientras yo estaba hablando con él me pasó el teléfono para saludarlo. Yo lo llamaba “tío” como código y él me llamaba “sobrino”. Mi padre lo contactó para que Gonzalo pudiera verlo en Sonoyta y así el encargado del regimiento pudiera ayudarlo en lo que necesitara para recibir mariguana que mi padre y Chapo iban a cruzar ahí. Y así trabajaban hasta el día que fui arrestado.

El licenciado Carlos también presentó a un coronel con Marcos. No sé el nombre del coronel, pero sé que en ese momento estaba en Cancún, Quintana Roo. Mi padre ordenó que se lo presentaran a Marcos porque él era el responsable en Chetumal y de toda la zona del sur. Estoy seguro, sé que el coronel recibía dinero de mi padre.

El licenciado Carlos era el encargado de ver a muchos militares. Cuando había operativos en Culiacán siempre había alguien que informaba, y siempre que llegaba alguien nuevo se lo presentaban. Él nos avisaba y nosotros le dábamos el dinero para los militares cada mes, dependiendo cuánto tiempo se quedaban en Culiacán. La mayoría eran sargentos o capitanes y se les daban 10 mil dólares al mes, y a los de menor rango 5 mil.

Mi padre les diría cuándo hablaban personalmente o cuándo enviaba a alguna persona en su nombre, como es el caso del licenciado Carlos. El acuerdo es que los militares le iban a decir dónde iban a estar, dónde iban a hacer cateos y dónde iban a poner los retenes, él no iba a pedir más información, él no iba a pedir lo imposible. Ellos sólo le debían dejar saber y nosotros teníamos que movernos y salir de ahí. No porque él les estaba dando dinero ellos iban a hacer lo que quisiera. El licenciado Carlos no quería problemas con el gobierno, y es lo mismo que mi padre siempre decía. Ése es el tipo de arreglo que mi padre siempre ha tenido con el gobierno.

Gonzalo [Macho Prieto] tenía otra persona que trabajaba con él de nombre Sergio. Al menos es así como me lo presentaron, no sé si ése es su verdadero nombre. Era un teniente del ejército y él también hacia acuerdos con otros tenientes y sargentos que él y yo conocíamos. Ellos participaban en los operativos y era lo mismo. Ellos nos hacían saber cuándo y en qué partes de la ciudad iban a estar patrullando o poniendo retenes, así nosotros no pasaríamos por la zona y ser detenidos en un retén. Ése era el acuerdo y por eso nos tenían que avisar desde antes, porque ellos no podrían hacer nada si alguno de nosotros era detenido en un retén. Y Sergio era cercano a Gonzalo y se encargaba de los acuerdos con militares.15

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Cuando llegó el momento de la guerra con los Beltrán Leyva, el Mayo y el Chapo tuvieron que aumentar sus pagos al ejército Álex Cifuentes narró que el Chapo pagó al menos de 10 a 12 millones de dólares a militares para que atraparan a su primo Arturo vivo o muerto.

Ha llegado a ser tan costoso el pago de sobornos a los diversos funcionarios públicos, desde el presidente hasta abajo, que el Mayo se ha quejado de que en realidad, a fin de cuentas, trabaja para el gobierno.

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Un día Felipe [Cabrera Sarabia] le dijo a mi papá que él tenía clientes en Chicago a los que les vendía mariguana, siempre le habían pedido coca, pero él, Felipe, pues no tenía cómo mandarles coca y mi papá le dijo que sí, que él iba a mandar, que también él, o sea mi papá, tenía mucho tiempo sin mandar coca a Estados Unidos, pero que quería mandar una tonelada para ganar un poco más porque apenas alcanzaba para pagarle al gobierno. Ésas fueron las palabras de mi papá: “Trabajamos para el gobierno, nos traen a la carrera y aparte trabajando para ellos”.16

Y en eso quedaron, que Felipe le iba a ayudar en Chicago y Germán [Magaña Pasos] se la iba a cruzar y traer a Chicago para entregársela a Felipe, y Felipe y Germán se pusieron en contacto para que ellos hicieran todo lo correspondiente. Y esto lo sé porque yo le di el teléfono de Germán a Felipe, así me lo indicó mi papá, que si podía conectar a Germán con Felipe para que ellos tuvieran comunicación y así no meterme en que yo estuviera de enlace entre los dos.

Y es que mi papá decidió enviar coca a Estados Unidos porque se había quedado sin gente que se la comprara en Culiacán. A finales de 2007 le mataron a Mario Aguirre, uno de los que le compraban, y en enero de 2009 mataron a Lamberto [Verdugo], que eran los dos más cercanos y socios de mi papá. Los mató el ejército a los dos, y los únicos que le compraban cosas ahí en Culiacán eran Germán y Juancho, pero no tanto como lo hacían Lamberto y Mario. Fue por eso que se ofreció Felipe a ayudarle.

Notas

1 Texto escrito por Vicente Zambada Niebla, entregado por Fernando Gaxiola a la autora

2 Testimonio de Jesús Zambada García en la Corte de Distrito Este de Nueva

York, 14/11/2018 La autora tiene la versión estenográfica oficial de la

Corte

3 Testimonio de Jesús Zambada García en la Corte de Distrito Este de Nueva York, 20/11/2018 La autora tiene la versión estenográfica oficial de la Corte

4 Testimonio de Hildebrando Alexánder Cifuentes Villa en la Corte de

Distrito Este de Nueva York, 15/01/2019 La autora tiene la versión estenográfica oficial de la Corte

5 Carta entregada por Édgar Valdez Villarreal a la autora, publicada en

Reforma el 28 de noviembre de 2012

6 Testimonio de Jesús Zambada García, 20/11/2018, loc cit.

7 Testimonio de Hildebrando Alexánder Cifuentes Villa en la Corte de Distrito Este de Nueva York, 15/01/2019 La autora tiene la versión estenográfica oficial de la Corte

8 Entrevista de Zhenli Ye Gon en Univisión, septiembre de 2015

9 Entrevista de Juan Luis Gómez con Azucena Uresti de Grupo Fórmula

10 Testimonio de Jesús Zambada García en la Corte de Distrito Este de Nueva York, 15/11/2018 La autora tiene la versión estenográfica oficial de la Corte

11 Cayetano Osuna, “Reúne a malovistas boda de hija de ‘Chuy Toño’”,

Ríodoce, 30 de abril de 2017

12 Testimonio de Vicente Zambada Niebla en la Corte de Distrito Este de Nueva York, 3/01/2019 La autora tiene la versión estenográfica oficial de la Corte

13 Texto escrito por Vicente Zambada Niebla, entregado por Fernando

Gaxiola a la autora

14 Idem

15 Idem

16 Idem