Opinión

El gabinete de curiosidades del Dr. Zagal

Héctor Zagal | Pablo Alarcón

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ADELANTOS EDITORIALES

La colección de relatos que aquí se reúne no es una lección de historia, sino un paseo divertido (y un poco caótico) por los laberintos de la mitología, la gastronomía, la literatura y el paso del tiempo.

¿Quién es el crush del dios Apolo? ¿Cuáles eran los drinks de moda entre los escritores del siglo XIX? ¿Cinco consejos para llevar una dieta vegetariana en la antigua Grecia? ¿Los trending topics del Romanticismo? ¿Quieres conocer a #LordImperio? ¿De dónde proviene la palabra «joto»? ¿Qué dios inventó la turbochela?

Al modo de los gabinetes de curiosidades del Renacimiento y el Barroco, donde los coleccionistas atesoraban huesos de mamut, cocodrilos momificados y cuernos de unicornio, Héctor Zagal y Pablo Alarcón reúnen anécdotas para satisfacer cualquier curiosidad.

Por estas páginas desfilan personajes divinos como Tláloc y Thor; villanos como Darth Vader y Barbanegra; filósofos como Platón, y músicos como Mozart y Bob Marley; cuyas vidas se entrecruzan con los pitufos, Sherlock Holmes y la Mujer Maravilla.

Fragmento del libro El gabinete de curiosidades del Dr. Zagal, de Héctor Zagal y Pablo Alarcón  © 2019, Planeta. Cortesía otorgada bajo el permiso de Grupo Planeta México.

Héctor Zagal se licenció por la Universidad Panamericana, es maestro por la UNAM y doctor en filosofía por la Universidad de Navarra. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, profesor en la Universidad Panamericana, en la UNAM y en el ITAM.

Pablo Alarcón es licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana (2016). Tomó clases con el doctor Zagal quien lo invitó a trabajar en sus proyectos. Cuenta con una maestría en Sociología Cultural por la Universidad de Exeter (2019), en Inglaterra.

El gabinete de curiosidades del Dr. Zagal | Héctor Zagal | Pablo Alarcón

#AdelantosEditoriales

 

Fragmento El gabinete de curiosidades del Dr. Zagal de Pablo Alarcón y Héctor Zagal

Historias de homosexualidad

«Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida», escribió Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray, quizá la obra más conocida de Wilde, refleja este espíritu de refinado hedonismo. La vida es la búsqueda de la belleza, y al artista, experto en belleza, le está permitido todo, o casi todo...

En 1895 Oscar Wilde fue condenado a prisión por «crímenes de homosexualidad». Esto era castigado. Su gran amor, Alfred Douglas, fue el autor de unos versos que sirvieron para condenarlo a prisión: «Soy el amor que no puede decir su nombre».

Lord Alfred Douglas, Bosie para los amigos, tenía veintiún años cuando conoció a Wilde, quien tenía treinta y siete. El escritor, casado y padre de dos niños, quedó prendado del joven aristócrata. Wilde era la figura del momento: ingenioso, irónico y deliciosamente impertinente. Se permitía burlarse de la aristocracia en sus narices y, lo que es más importante, los aristócratas le aplaudían.

Muchos hubiesen dado su mano derecha por cosechar los éxitos de Wilde. Pero él tenía una debilidad, común entre los hombres del éxito: era orgulloso. Estaba muy seguro de sí mismo y estiró la liga demasiado, suponiendo que su prestigio lo protegería.

Wilde y Bosie no se preocuparon por ocultar su amor. Se les veía ir y venir por el teatro y los restaurantes más elegantes de Londres. Su comportamiento desafió a la hipócrita Inglaterra victoriana. El reino era una pestilente mezcla de buenas maneras, colonialismo, avaricia, religiosidad y sexualidad reprimida. La prostitución femenina y masculina se ejercía en barrios bien conocidos de Londres, al mismo tiempo que la reina proclamaba las buenas costumbres. Los mismos aristócratas y empresarios que condenaban la depravación eran clientes frecuentes de los burdeles.

Pero Bosie fue a más. El joven contrataba muchachos para llevarlos a los hoteles elegantes donde se alojaba con Wilde. El affaire enfureció al marqués de Queensberry, padre de Bosie. Él era un hombre violento, autor, por cierto, de las reglas del box moderno. Se rumoraba que Francis, el primogénito del marqués, había mantenido una relación amorosa con el primer ministro. Al parecer murió en un accidente de caza, pero se llegó a decir que el joven se había suicidado, víctima de la opresión paterna. Así que pueden imaginarse la cara del marqués-boxeador cuando su hijo Bosie le salió gay. Y no se lo perdonó a Wilde. El marqués documentó las aventuras de Wilde el sodomita para utilizarlas en su contra.

La relación entre Douglas y Wilde no terminó nada, nada bien. El escritor fue condenado a dos años de trabajos forzados. En la cárcel, sufrió toda clase de humillaciones. Durante su encierro, su obra Salomé se estrenó en París. Pero Oscar Wilde había perdido mucho dinero a consecuencia del proceso. Sus acreedores embargaron sus bienes y lo dejaron en la miseria. Su esposa e hijos se mudaron a Holanda y se cambiaron de apellido, para desvincularse de su triste fama. Wilde murió años después en París, casi sumido en la indigencia bajo un nombre falso. Se convirtió al catolicismo en el lecho de muerte. Bosie pagó el entierro y, después, intentó olvidarlo.

Manzanas y computadoras

¿Vieron la película El código enigma? El caso es real, Alan Turing fue un genio de la lógica y las matemáticas. Famoso por sus trabajos sobre computación, nació el 23 de junio de 1912. Durante la Segunda Guerra Mundial se aplicó arduamente en descifrar el lenguaje secreto del ejército alemán. Los nazis utilizaban para sus claves una máquina llamada enigma. Finalmente, con la ayuda de este hombre, los aliados descubrieron el secreto y, dicen algunos, el hallazgo acortó la guerra. ¿Imaginan ustedes la ventaja estratégica de saber lo que hará tu enemigo?

Pero Turing cometió un gravísimo delito: ser homosexual. El asunto explotó en 1952 y Turing no quiso defenderse ante la policía. Con un poco más de astucia, hubiese podido escabullirse de la acusación. Las autoridades, entonces, le dieron la «oportunidad» de elegir entre la cárcel o un tratamiento hormonal, una especie de castración química. Turing eligió lo segundo. Aquello, obviamente, amargó su existencia.

El 7 de junio de 1954, la empleada de limpieza encontró a Turing muerto en su cama, con una manzana a medio comer. Envenenamiento con cianuro. A él le gustaba mucho la historia de Blancanieves y no faltó quien dijera que el científico eligió morir con una manzana envenenada, como una especie de puesta en escena. Aunque la versión oficial dictaminó suicidio, su madre insistió en que fue una muerte accidental.

En 2009, el primer ministro del Reino Unido le ofreció disculpas post mortem por el trato que recibió del gobierno al que tanto ayudó. Sin embargo, le negó el indulto oficial, porque según las leyes vigentes en los años cincuenta, «la indecencia grave y la perversión sexual» eran un delito en aquel civilizado país.

Por cierto, la manzana de las computadoras, dicen, está inspirada en Alan Turing. Un discreto homenaje a un científico clave para la computación.

La jotería

¿Qué tiene que hacer un gobierno metiéndose en la cama de los ciudadanos? Las autoridades de todos los tiempos han sido muy entrometidas. Incluso ahora, algunos quisieran un policía de alcoba.

Lo peor es que hubo un tiempo en que a los homosexuales no solo se les encerraba, como a Wilde, o se les «trataba», como a Turing, sino que se les mataba. La Inquisición española quemaba sodomitas y las autoridades civiles de la Holanda del siglo XVIII los ahorcaban.

Nezahualcóyotl, señor de Texcoco, poeta y sabio, ordenó ejecutar a los homosexuales.1 Los mexicas tampoco eran muy tolerantes: «La palabra cuiloni, según Sahagún, significaba "puto, excremento, corrupción, pervertido, perro de mierda, mierducha, infame, corrupto, vicioso, repugnante, asqueroso, afeminado, el que se hacía pasar por mujer", e incluso, según otros autores, el "puto que padece", es decir, el que lleva el papel pasivo en el coito».2 Bastida, citando el Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana de fray Alonso de Molina, escribe: «Otro vocablo encontrado en el diccionario es el de yollococoxqui (enfermo del corazón), traducido por Molina como "loco desatinado", aunque la palabra cocoxqui, además de enfermo, también significaba homosexual o afeminado o "el que lo hace a otro", en clara referencia al ser activo en una relación carnal».3

Según fray Bernardino de Sahagún, profesor de latín en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y gran conocedor de la sabiduría mexica, la homosexualidad se castigaba con la muerte.

En el siglo XX, la situación de los homosexuales en México no era mucho mejor que en Inglaterra. Prueba de ello es la hiriente variedad de palabras para referirse al homosexual: marica, maricón, puto, puñal, mariposón, loca, manita caída, le hace agua la canoa, del otro lado, cachagranizo. Poco a poco, gay va desplazando algunas de ellas. No obstante, el odio está ahí, agazapado, esperando dar el zarpazo. En 2018, circuló en las redes el video de un joven boxeador mexicano que se quejaba de la «plaga» de los homosexuales. Incluso aplaudía que los asesinaran en los campos de concentración de Hitler.

¿Y de dónde viene la palabra joto? Según la Academia Mexicana de la Lengua, se originó de la penitenciaría de Lecumberri en Ciudad de México. Porfirio Díaz inauguró el Palacio Negro en 1900. Fue construida de acuerdo con la arquitectura panóptica —el ojo que todo lo ve— ideada por Jeremy Bentham. En Lecumberri había una «crujía J», donde encerraban a los homosexuales. Si te metían ahí, entonces eras un «joto».

¿Les suena Salvador Novo? Fue cronista de la Ciudad de México, gourmet, escritor, funcionario público y dandi. A su modo fue un rebelde. Le encantaba escandalizar a las buenas conciencias con su llamativo anillo de ópalo, sus gaznés, sus coloridos chalecos, su cara maquillada y uñas de manicure. A pesar de sus provocaciones, Novo gozó del favor de varios presidentes y secretarios de Estado.

Enemigos no le faltaron. El pintor Diego Rivera, comunista y macho, se burló cuanto pudo de él; lo pintó despiadadamente en uno de sus murales. Salvador Novo, pensaba Rivera, no solo era un escritor burgués, sino que para colmo era «puto». Los corifeos de Diego pidieron al gobierno que despidiera a Novo y amigos por degenerados.

Pero Salvador Novo no se calló y respondió escribiendo La diegada, un soneto mordaz. Claro que el poeta no salió indemne y, con el paso del tiempo, la gente se burlaría de «Nalgador Sobo»...

Vapores, termas y baños

Hoy en día muchos spas tienen la fama de ofrecer otros fines más allá de la relajación... si saben de lo que hablamos. En realidad, esa ambivalencia de los baños y los vapores no es cosa nueva.

Los antiguos romanos también tenían lo suyo. Ellos inventaron las termas, donde había baños fríos, tibios, calientes, tabernas, salas de masajes e, incluso, bibliotecas. Eran verdaderos clubes. Basta mirar las ruinas de las termas de Caracalla en Roma, construidas entre 212 y 217 d.C., para hacernos una idea de la sofisticación de los baños romanos. Pero una cosa lleva a la otra...

Según El Satiricón de Petronio, no era raro el ligue gay en las termas. En esta novela erótica, escrita en el siglo i d.C., que nos ha llegado incompleta, para tranquilidad de la Liga de la Decencia, Petronio cuenta las aventuras de un par de jóvenes, Encolpio y Ascilto, quienes se disputan el amor de Gitón, un esclavo adolescente. Algunas de las escenas más picantes del relato acontecen precisamente en una terma.

A principios del siglo XX, los baños termales del «Peñón de los baños», allá por el aeropuerto de la CDMX, ya gozaban de fama cuestionable. No eran un centro de perdición, de hecho sus aguas termales eran frecuentadas por la alta burguesía mexicana; pero corrían rumores de que no todos los clientes buscaban solo las propiedades curativas de sus aguas minerales.

Y ya que estamos hablando de baños, ¿sabían que el baño turco es de origen romano? La actual ciudad de Estambul fue Constantinopla, capital del Imperio romano de Oriente. Eso sí, ahí «nada de nada». El Islam castigaba con la muerte el sexo entre varones. Todavía hoy, países tan ricos y civilizados (sic) como Arabia Saudita consideran un delito grave la homosexualidad. ¿Cómo la ven?

Minions y chichifos

Todos amamos a los minions, esas criaturitas amarillas cuya finalidad es servir a los villanos más siniestros de la Tierra, desde los dinosaurios hasta el supervillano Gru, pasando por Drácula y Napoleón, entre otros. Los minions son leales, pero letales. Siempre terminan arruinando los planes del amo a quien sirven.

¿Qué es en realidad un minion? ¿Solo un ayudante? Minion es una palabra que el inglés tomó del francés. El término francés mignon tiene dos significados; por un lado, pequeño, exquisito, delicado, menudo. Pero también se puede aplicar a una persona amable y gentil. A finales de la Edad Media, mignon era el favorito de un rey o de un príncipe, era su amigo sentimental. Ambos solían ser de la misma edad, aunque de distinto rango nobiliario. Para enfatizar su cercanía, a veces vestían igual. Luis XI, quien reinó en Francia de 1461 a 1483, siempre estaba acompañado de un mignon que vestía exactamente como él. ¿Se imaginan a dos amigos llegando al antro vestidos con la misma ropa?

La convivencia entre el señor y su favorito era estrecha. Frecuentemente dormían en la misma habitación, incluso en la misma cama. No sean mal pensados. Esta amistad era pública, una verdadera institución de la corte y carecía de connotación sexual. La excepción fue el odiado Ricardo II, rey de Inglaterra de 1377 a 1399. A Ricardo II se le acusó de cometer el pecado nefando, la sodomía, con su mignon Robert de Vere, duque de Irlanda.

Sin embargo, a raíz de las guerras entre católicos y protestantes del siglo xvi, el término mignon cambiaría de sentido. Los protestantes decían que los mignons de los príncipes católicos eran varones afeminados que cometían con su señor el crimen nefandum. Para decirlo en terminología actual, se decía que eran los chichifos del rey.

Nosotros nos quedamos con el primer sentido de mignon. Nuestro favorito es el filete mignon, que se llama así por ser una pequeña delicadeza para el paladar. Y claro, un mignon así nunca viene solo. Lo acompaña una copa de tinto y unas papas fritas.

1 Cfr. Antonio Salcedo Flores, «El universo sociojurídico de los culhuas o antiguos texcocanos en <http://alegatos.azc.uam.mx/index.php/ra/ article/view/321/312>.

2 Leonardo Bastida Aguilar, «Lo nefando de la homosexualidad» en

<https://www.jornada.com.mx/2015/02/05/ls-central.html>

3 Idem.