Opinión

Demasiado odio · Sara Sefchovich

Una novela vertiginosa sobre la búsqueda de sentido en medio de las circunstancias más oscuras.

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ADELANTOS EDITORIALES

De todo te puedes esconder, menos de los problemas

Por Roberto Rock L. y Rocío Alvarado Aznar

La legendaria personaja de Sara Sefchovich, a 25 años de "Demasiado amor", reescribe su historia y nos muestra a la nueva Beatriz.

Los problemas nunca vienen solos, tras uno llega otro. Esto es lo que viene a nuestra mente al leer las páginas de la reciente novela de Sara Sefchovich.

La Beatriz de hoy, aclara Sara, es una mujer madura, segura de sí. "Demasiado odio" ¿es un reflejo de este mundo?. Sara agradece esta reflexión, y concuerda en que la novela refleja la cotidianidad hostil que, a veces, ya ni sorprende. Nosotros añadiríamos que también "Demasiado odio" es un cúmulo de "demasiados problemas".

El nombre mismo: "Demasiado odio" es duro. "Si, lo sé, lo pensé mucho, y por momentos se lo quité y le puse otro, pero lo que era importante para mí es que si alguna lectora o algún lector de mi novela "Demasiado amor" pensaba como muchos quisieron, y como muchos me pidieron: que esto iba a ser una continuación, había que decirles desde el principio que no es una continuación. Porque este mundo ya no es el mismo. No es posible construir historias como aquella en este momento y en este mundo. Entonces, sí hay historias de amor, y sí hay historias de afecto, pero no pueden ser iguales a las que eran, tienen que ser con el mundo que estamos viviendo hoy".

"No hay lugar del mundo donde te puedas esconder de los problemas", comenta Sara, y no podemos estar más de acuerdo con ella. En estos tiempos de covid la globalización nos escupe en la cara no sólo el encierro que todos vivimos, sino la violencia y el egoísmo del ser humano.

"A dónde sea que vayas, este mundo está lleno de problemas. Mis personajes van a Estambul, van a Tokio, van a Marrakech, y podían haber ido a Sudán, podían haber ido a 20 lugares más, pero por las razones novelescas no van ya a otros lugares, pero la idea es eso, a donde sea que vayas, ahí vas a encontrar lo mismo".

"La pandemia parece demostrar esta afirmación de decir, no hay lugar en el mundo del que te puedas esconder. En dónde sea que estés te van a llegar las cosas, las buenas, las malas, las feas y las bonitas, y es muy curioso cómo, de alguna manera, la novela lo prefigura, y fue prácticamente resultado de esa observación de lo que pasa en el mundo".

Aunque Sara afirma dejar de lado su faceta académica como socióloga, historiadora, escritora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista al estar dedicada a escribir la novela, la serie de eventos desafortunados por los que Beatriz transita son un retrato sociológico que, por supuesto, sólo puede venir de una estudiosa del comportamiento humano.

"Yo me quito el sombrero de socióloga, de historiadora, de académica cuando escribo novela. Durante dos años me dedico nada más a la ficción. Por supuesto, lo que ya aprendí, lo que ya sé, lo que leo, lo que escucho, está ahí, está metido en mí, pero trato de no hacerlo en ese sentido de académica o de estudiosa; sino realmente de lo que es posible desarrollar dentro de la ficción. Lo que le va a los personajes, lo que le puede dar una verosimilitud interna a la novela, aunque las cosas que cuente puedan parecer imposibles en la realidad, pero adentro de la novela tengan un tejido que las haga posibles y verosímiles".

De la "tranquila" y "pacífica" provincia, en Apatzingán, Michoacán; hasta la cosmopolita Tokio, Beatriz se descubre participando en actividades que jamás imaginó. "Yo creo que el gran valor de mi personaja, y lo que yo más le he admirado -y por la que regresó a mí- es por esa capacidad de ver el mundo como es, y adaptarse a él, y no siempre quererlo cambiar, regresando a otras cosas que ya no son posibles. Simplemente nos va llevando por este México, y por estos otros siete países en los que así se vive hoy, sin estarse planteando si es peor, si es mejor, si debiera ser de cierta manera, o si debiera ser de otra. Esto es lo que a mí me parece más increíble de Beatriz, y por lo cual, para mí es un personaje tan entrañable".

¿Es una apuesta a describir a una mujer diferente? "Mira la apuesta no la hago yo, la hace la propia Beatriz porque es el mundo en el que vive. Cuando Beatriz sale por primera vez en "Demasiado amor" el feminismo estaba realmente cambiando la manera de ver la vida de las mujeres y hacia las mujeres. Ahora ya es evidente para todos nosotros y ha logrado, en efecto, muchos cambios; pero Beatriz no lo hace desde una perspectiva feminista o por entender todo eso de una manera teórica, o porque vea lo que está pasando en México, lo hace porque eso es lo que puede pasarle a la mayoría, evidentemente no a todas, pero a la mayoría de las mujeres ya. En los países occidentales y en muchos otros también, esa situación de la mujer efectivamente ha cambiado y lo que la mujer puede hacer, lo que puede pensar, como se puede mover, es resultado de ese cambio".

Te invitamos a leer un fragmento de "Demasiado odio" aquí, y a ver la entrevista completa. 


1

Querida Beatriz,

México no es para ti, México ya no es para nadie. Por favor piénsalo bien, por favor ¡no se te ocurra venir!

No cabe en mi cabeza que te quieras salir de ese país hermoso en el que naciste y en el que tienes hecha tu vida, para instalarte en éste en el que todo está muy revuelto. Te lo digo yo que lo recorrí de punta a punta, que fui feliz por sus caminos y senderos y playas y mares y ríos y montañas y ciudades y pueblos, te lo digo porque hoy ya no se puede ir a ninguna parte, nunca sabes lo que te puede suceder ni quién se te va a atravesar.

Y menos cabe en mi cabeza que te quieras quedar con mi negocio. Te lo digo yo que fui feliz con los muchos clientes que tuve, con sus historias de dicha de frustración de miedo de aventura de secreto, y te lo digo porque hoy ya no son ésos los que llegan, y nunca sabes quién se te va a atravesar ni lo que te puede suceder.

Si no cerré, es porque no puedo dejar de trabajar, no tengo a dónde ir ni cómo ganar dinero para comer. Lo que había guardado durante toda mi vida, se perdió cuando el gobierno acusó de lavado de dinero al banco en que lo tenía depositado y lo intervino como dijeron en la televisión, pero a los ahorradores no nos devolvieron ni un centavo de lo nuestro.

Lo que me salvó fue un cliente que decidió protegerme. Yo lo conocía, pues cuando era muchacho y sin un centavo, lo inicié en las artes amatorias aunque no me pagara, sólo porque me inspiraba ternura. Él se quedó con buen recuerdo de mí y cuando se hizo rico, regresó. En adelante yo voy a mantener este lugar y voy a mantenerte a ti dijo. Y así fue. Puso dos tipos con pistola en la puerta y se convirtió en mi único visitante.

Hasta que un día no volvió más.

Fue entonces, cuando estaba yo tratando de reorganizar mi vida y de retomar mi trabajo, que apareciste tú. No puedo olvidar la cara de sorpresa que pusiste al verme y ver el departamento, seguro que imaginabas todo de otra manera, seguro creíste que las cosas seguían siendo como las leíste en mi cuaderno, sobre el hombre amado el país amado los clientes mi vida y hasta sobre mi apariencia. Y es con esa idea que pensaste que podrías repetir mi historia. Pero como te digo, eso es ya imposible.

Así que por favor, no vengas para acá, no vengas a México.

2

Sobrina adorada,

Vengo entrando del aeropuerto. Acabo de encontrar el sobre que dejaste encima de la mesa y casi me desmayo. ¡Tanto dinero sólo para mí! ¡Y un boleto de avión para irme a la playa!

He llorado mucho, demasiadas emociones se me juntaron. Gracias a ti podré dejar atrás esta vida, gracias a ti podré cerrar para siempre la puerta detrás de mí.

Mientras escribo estas palabras, tú vas por las nubes cruzando el mar, y quién sabe en qué estás pensando.

Hace muchos años le escribí una frase como ésta a tu madre, cuando se fue para Italia a cumplir nuestro sueño de poner allá un hotel, y yo me quedé en México para conseguir el dinero con el cual llevarlo a cabo.

Pero sucedió que nunca la seguí. Ella se casó y vivió allá hasta su muerte y yo me quedé acá porque me enamoré de un hombre con el que viví una pasión tal, que de sólo recordarla aún me estremezco, y con el que conocí y aprendí a amar cada rincón de mi patria.

Entonces no imaginábamos lo que serían nuestras vidas, mucho menos que nunca nos volveríamos a ver. Y peor todavía, que hasta perderíamos todo contacto.

Catorce años han pasado desde la última vez que tuve comunicación con mi hermana. Tú eras una niña y ahora eres una mujer que casi me provocó un infarto cuando te me paraste enfrente, tan parecida a ella. Fue como si el tiempo no hubiera transcurrido o la muerta hubiera regresado de su sepulcro.

Te escribo para darte las gracias por haberme venido a visitar, las gracias por los días maravillosos que pasamos juntas, las gracias por contarme sobre ella, sobre su vida buena y su muerte tranquila, con todo y que tenía esa terrible enfermedad, las gracias por ser como eres, y las gracias por hacerme ver lo importante que es escribir, porque algún día, en alguna parte, alguien lo leerá y tal vez eso servirá para un encuentro un reencuentro un cambio, como me sucedió a mí contigo.

Me parece increíble que te hubieras acordado de tu tía, con todo y que nadie te habló nunca de mí. Me emociona pensar que allí siguen las hadas buenas que siempre me han acompañado. ¿Te imaginas si no hubieras encontrado el cuaderno que alguna vez le mandé a tu madre diciéndole que era para ti? ¡Fue un milagro que ella no lo destruyera con todo y lo muy enojada que estaba conmigo!

Tal vez lo que sucedió es que quería conservar algún recuerdo de mí, aunque fuera escondido en el último rincón de la casa, como dices que estaba cuando te topaste con él.

También es un milagro que hayas sido tú quien lo encontró y no alguno de tus hermanos, porque a saber lo que habría pasado de caer en sus manos. Por lo que me platicaste, no son muy dados a guardar nada, así que menos lo habrían hecho con unas viejas hojas de papel escritas a mano por alguien cuya existencia ignoraban.

Quiero que sepas, aunque no me alcancen las palabras para expresarlo, lo grande que es mi cariño por ti y lo grandes que son mis deseos de lo mejor para ti, adorada sobrina y ahijada, que llevas mi nombre, el que te pusieron por el amor que me tuvo mi hermana y por el que las dos le tuvimos a nuestra madre.

Estas líneas son las últimas que te escribo. Muy pronto mi viaje habrá de comenzar. Te prometo que seguiré escribiendo todo y que algún día te haré llegar el nuevo cuaderno. Tal vez lo querrás leer y quizá hasta servirá para que nos volvamos a ver, si las hadas buenas me siguen acompañando.

Te mando mil besos.

3

Necesito contarte algo para que entiendas por qué no quiero que vengas a México: me preparaba para irme, empacando algo de ropa y algunos recuerdos, cuando se presentó en la puerta uno de los empistolados que siempre acompañaban a mi excliente, ése del que te platiqué que me tuvo en exclusiva para él y que luego desapareció sin dejar rastro. Y así sin más, se me vino encima y me empezó a golpear. Entrégueme usted los billetes que le mandó mi jefe gritaba furioso, los que le trajo mi compañero que cuidaba conmigo su puerta, los necesito ahorita mismo.

¿De qué dinero hablaba? No tenía yo la menor idea. ¿Y por qué me lo pedía de manera tan violenta? Tampoco tenía yo la menor idea. Pero no dije ni una palabra, porque sabía que cualquier cosa que dijera en lugar de calmarlo lo alteraría más.

Me esculcó toda, volteó de cabeza los pocos muebles que quedaban, rajó con una navaja el colchón y el sillón, abrió cajones y puertas del armario y la cocina, hasta que se percató de que no había lo que buscaba. Yo estaba segura de que me mataría, pero lo que hizo fue sentarse en la cama, cabizbajo y desolado. Y se soltó hablando: necesito de verdad ese dinero, necesito independizarme, ser mi propio jefe, dejar de obedecer a otros. Voy a formar un grupo que hará muchas cosas pequeñas, de esas que nadie tiene tiempo ni ganas de perseguir y que me harán rico en muy poco tiempo.

Pero la emoción con que explicó eso se convirtió de repente en enojo. Se puso de pie y se me acercó tanto, que creí que empezaría otra vez a golpearme. Pero no fue así, sólo siguió hablando: mire señora, si no me lo entrega tendré que matarla. Y no quiero hacerlo porque usted no me desagrada, nunca fue grosera conmigo. Así que mejor flojita y cooperando. Y otra cosa: debe largarse ahorita mismo de acá, porque yo me voy a quedar a vivir en este lugar.

Debo de haber puesto cara de sorpresa porque dijo: ni modo que toda su vida se va a quedar en el mismo sitio. Seguramente está absolutamente harta de eso.

Otra vez no dije ni una palabra, porque después de todo, ese departamento no era mío y además ya estaba por irme, pero también porque sabía que cualquier cosa que dijera en lugar de calmarlo lo alteraría más.

El momento fue difícil, pero el sujeto por fin se fue. No te imaginas el estado de nervios en que quedé. Afortunadamente Dios es grande y el tipo no se dio cuenta de que el dinero que tú me habías dejado, estaba encima de la televisión, envuelto en la vieja mascada que me había regalado mi primer novio, una que no me quitaba nunca, aunque él se burlaba y decía que parecía yo retrato, diario con lo mismo.

Pero entonces tuve clara conciencia de que mi decisión era la correcta. Porque si antes lo dudaba, ahora estoy segura de que no podría seguir en este negocio, y si antes lo dudaba, ahora estoy segura de que no podría soportar más esta vida mía que había sido el paraíso, pero ahora ya era nada más y todo el tiempo el infierno, el puro infierno.

Demasiado odio | Sara Sefchovich

#AdelantosEditoriales

Treinta años después de Demasiado amor, vuelve Beatriz para contar una historia desgarradora sobre el mundo que se nos ha caído encima.

En sus andanzas por cuatro continentes, Beatriz conocerá el vértigo de la violencia en algunas de sus formas más descarnadas, y se entregará de lleno a un mundo que recompensa los actos más vacíos y egoístas y castiga la inocencia y la solidaridad. Sara Sefchovich presenta una novela vertiginosa sobre la búsqueda de sentido en medio de las circunstancias más oscuras.

Si en Demasiado amor Sara Sefchovich nos llevó al lado luminoso de nuestro país, en Demasiado odio nos conduce a su rostro más oscuro. Cuenta la transformación radical del mundo desde el dolor y el pasmo, con una necesidad profunda por creer en el ser humano y en el amor, segundos antes de despeñarnos hacia el odio. GUILLERMO ARRIAGA

Una novela inteligente, divertida, que usa espectacularmente el pliegue de la farsa para hacer crítica social y cultural sin caer en el didactismo. Sus páginas son muy ágiles, llenas de humor negro y peripecias. JULIÁN HERBERT

Fragmento del libro "Demasiado odio" de Sara Sefchovich. Cortesía otorgada bajo el permiso de Océano México.

Sara Sefchovich es autora de los ensayos La suerte de la consorte: las esposas de los gobernantes de México; País de mentiras: la distancia entre el discurso y la realidad en la cultura mexicana; ¿Son mejores las mujeres?; ¡Atrévete! Propuesta hereje contra la violencia en México; El cielo completo: mujeres escribiendo, leyendo; Vida y milagros de la crónica en México; La marca indeleble de la cultura; Del silencio al estruendo: cambios en la escritura de las mujeres a través del tiempo, y de las novelas Demasiado amor, La señora de los sueños y Vivir la vida.