Opinión

Bitácora Migrante • Rafael Pulido Lara

Un espacio para la reflexión sobre la gran riqueza de México.

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ADELANTOS EDITORIALES

 Este libro es una crónica cuyo propósito es conocer las historias de vida de un grupo de mexicanos con respecto al fenómeno de la migración; descubriremos sus batallas y caídas, pero también sus victorias y éxitos, todo ello dentro del contexto de un recorrido que se realiza por distintos puntos de la geografía de donde provienen sus raíces, haciendo de esta Bitácora Migrante un espacio para la reflexión sobre la gran riqueza que tenemos en México, a través de ciudades y paisajes, su cultura, colores, gastronomía, etc., pero sobre todo de nuestra gente.

Fragmento del libro "Bitácora Migrante", © 2020, Rafael Pulido Lara. Reproducción otorgada bajo permiso del autor y Universo de Letras de Grupo Planeta.

Rafael Pulido Lara. Nacido el 13 de marzo de 1982 en Tamaulipas, México, obtuvo una maestría en Sistemas de Gestión de Calidad por la Universidad Carlos III de Madrid y otra en Consultoría y Gestión de Empresa por la Universidad Politécnica de Madrid. En 2012 forma parte del proyecto Red Global de Mexicanos Calificados en el Exterior en España, en 2018 inicia su gestión como Coordinador para Europa.

Bitácora MigranteRafael Pulido Lara

#AdelantosEditoriales

 

 

Introducción

Nunca imaginé que al terminar aquel desayuno en el restaurante Las Mañanitas de Madrid un domingo de junio de 2010 empezaría a interesarme e involucrarme con temas relativos a la migración. En ese momento era una persona que radicaba en España, años atrás había realizado mi postgrado en Ingeniería de Calidad en la Universidad Carlos III de Madrid para, posteriormente, tener la oportunidad de trabajar dentro del sector de transporte, sin embargo, siempre estuvo presente la idea de conocer personas que tuviéramos en común la misma situación y así pudiéramos fortalecernos como comunidad, fue así que lancé una escueta convocatoria a través de una plataforma digital para reunirnos, con una idea muy simple, conocer compatriotas con formas de pensamiento similares e intereses comunes; recuerdo que a este primer intento de asamblea tuvimos la gloriosa asistencia de únicamente tres personas, Ramiro, Miguel y yo, de quienes hasta el día de hoy conservo su entrañable amistad. Con el paso de los meses llegó a nosotros la oportunidad de incorporarnos a la Red de Talentos Mexicanos, una iniciativa de la sociedad civil organizada y avalada por el Instituto de los Mexicanos en Exterior de la Secretaria de Relaciones Exteriores, cuya finalidad es transitar de la fuga de cerebros a la circularidad del conocimiento a través de la vinculación de la diáspora mexicana calificada en el exterior con México mediante proyectos de ciencia y tecnología, emprendimiento, industrias creativas y responsabilidad social.

Desde 2012 hasta este 2019 que está por terminar mi periodo como coordinador en Europa de la Red Global de Mexicanos Calificados, descubrí, sin darme cuenta, que había conocido un sinfín de personas que día con día honran la labor de los mexicanos en el extranjero, desde diversas áreas que van desde la ciencia y tecnología, el emprendimiento, la cultura, la parte comunitaria e inclusive hasta el religioso; con mucho de ellos las pláticas se realizaban en la sobremesa de una comida o un café cuando coincidíamos en algunos de los eventos a nivel local o mundial, y hacia mi interior reflexionaba sobre la necesidad de que sus vidas debían ser conocidas por el mundo para que estas no se perdieran en una simple conversación. Por ello, me di a la tarea de preparar un proyecto que recopilara sus vivencias, de modo que pudiera tener eco en aquel que estuviera viviendo una situación similar a la de los participantes de este libro, pero no bajo el típico formato de entrevistas, sino de una forma creativa en la que la imaginación fuera el único límite para la narrativa de cada uno de esos perfiles. Y es así como nace Bitácora Migrante, un viaje por México para conocer los lugares donde crecieron los protagonistas de las historias. En algún caso, es la única vía en la que el entrevistado puede estar de nuevo en casa, puesto que su estatus migratorio le impide volver a la tierra que lo vio nacer, en otro, su mismo desarrollo profesional le impide retornar hasta que termine su periodo de formación.

No pasa desapercibido cuando escuchamos la palabra migrante, de acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), “migrante es toda persona que se traslada fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de manera temporal o permanente, y por diversas razones”. En la actualidad existen discursos políticos que se centran justamente en la problemática que arraiga este fenómeno en las ciudades de acogida, ningún país está exento de escuchar esta dialéctica, pues la misma genera un gran botín con los electorados a la hora de las urnas, es común escuchar de un tiempo para acá acerca de agresiones de odio en países que curiosamente han sido establecidos por colonos migrantes, como en el caso de Estados Unidos de América.

En lo que refiere a México, los flujos migratorios siempre han estado presentes a lo largo de la historia, basta con adentrarse en los pasajes más antiguos de nuestro origen para saber que hemos sido conformados por pueblos migrantes. Desde la llegada de los Aztecas para la fundación de la antigua Tenochtitlan, tribu que se desplazaba desde Aztlán hasta lo que era el inmenso lago de Texcoco para, posteriormente, crecer como un importante centro de desarrollo y bonanza, teniendo la guerra como su actividad primordial, quienes a su vez fueron conquistados por otro grupo de migrantes que venían desde el antiguo mundo en busca de una mejor oportunidad, situación que favoreció el florecimiento de un gran imperio como lo fue el español durante mucho tiempo; está fusión de culturas conformó lo que hoy es México.

A mediados del siglo XVIII siendo una nación independiente, se recurrió a la migración de anglosajones para poblar aquellas zonas retiradas del centro del país que hoy conforman los estados del sur de la Unión Americana. Es importante recalcar que, al finalizar la guerra de intervención en 1848, multitud de mexicanos se desplazaron de los antiguos territorios mexicanos hacia nuevos centros poblacionales, ejemplo de ello es la conformación de la ciudad de Nuevo Laredo en Tamaulipas. Es justo en esta coyuntura histórica que en nuestro país surge la cultura de protección al migrante, enfocado a connacionales que decidieron quedarse en los nuevos territorios y por los que el Gobierno de México tenía que velar para que no fueran violados sus derechos, toda vez que sus propiedades formaban parte de un nuevo país.

Para la primera mitad del siglo XIX, y en plena Segunda Guerra Mundial, el flujo migratorio de México hacia Estados Unidos creció exponencialmente como consecuencia de la fuerte demanda de mano de obra para abastecer la economía industrial y agropecuaria de un importante actor de este conflicto bélico, permitiendo que se incrementara la población mexicana en ese país con todo lo que ello implica tanto en el ámbito económico como en el cultural.

Para inicio de los años ochenta y después de sucesos económicos complicados para nuestro país, el flujo migratorio de connacionales hacia Estados Unidos volvió a tener un importante crecimiento, obligados por la necesidad ante la pérdida de empleos, devaluaciones económicas y la pérdida del patrimonio personal.

Con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1992, se abre un escenario hasta ese entonces desconocido para una economía que durante mucho tiempo estuvo cerrada ante el entorno económico global, esto trajo como consecuencia la creación de conceptos como la visa de profesionales temporales, que hasta el día de hoy es uno de los instrumentos que regula el flujo migratorio de mano de obra calificada de México hacia distintos sectores de la economía de Estados Unidos. Sin embargo, con la crisis económica de 1994, la necesidad por mantener un patrimonio vuelve hacerse presente en la vida del mexicano, obligándolo a buscar un mejor bienestar para su familia lejos de su patria, no importando su estatus migratorio ni las condiciones de peligro para cruzar de manera ilegal. Este fenómeno lamentablemente se ha convertido en una de las actividades que mayores ingresos dejan para México, como consecuencia del flujo de remesas de los connacionales. Desde la irrupción del internet en nuestra vida y la globalización definiendo el desarrollo de los países, la migración de mexicanos hacia otras partes del mundo como método de formación académica se fue incrementado considerablemente.

Ante este escenario descrito, este libro narra las vivencias de un grupo de mexicanos que se han establecido en diferentes lugares por distintas circunstancias —estudio, laboral, amor, libertad y necesidad—. Solo hay un entrevistado del que no he querido dar su nombre completo, debido a la situación migratoria en Estados Unidos que padece, aunado a su historia. Aunque él no puede cruzar a México, situé la historia en su pueblo natal para que sea a través de su lectura que pueda de nueva cuenta sentir su tierra.

Todos los relatos que muestro son presentados por medio de un viaje que un servidor realiza por cada una de las ciudades de origen de nuestros protagonistas, donde ellos, como anfitriones, me muestran partes de su vida personal y que han sido importantes para su desarrollo profesional en sus lugares de residencia, de la misma forma, me hacen un itinerario por lugares de interés, con lo cual, además de conocer y aprender sobre sus experiencias descubriremos maravillosos sitios, un viaje que normalmente sería altamente costoso y que con la imaginación se podrá realizar y disfrutar de una forma muy particular. No obstante, siempre teniendo claro que son ellos los únicos protagonistas de su propia experiencia, uno como escritor intenta agregar elementos que puedan ayudar en la narrativa, en este caso una crónica de viaje.

Estación Carbono, Veracruz, 30 de noviembre del 2019