Opinión

AMLO y la tierra prometida | Bernardo Barranco

Análisis del proceso electoral 2018 y lo que viene

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ADELANTOS EDITORIALES

Las expectativas y las dudas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se multiplican. Ante esta incertidumbre, once analistas de primera línea ofrecen las explicaciones más informadas y agudas.

¿Qué México recibirá López Obrador? ¿Cómo fueron los comicios que lo llevaron al poder? ¿Qué problemas se padecieron y qué riesgos evidencian? ¿De qué tamaño es la podredumbre del sistema político y qué podemos esperar, por lo tanto?

En esta obra, tanto los críticos como los partidarios de AMLO encontrarán los datos precisos y las explicaciones exactas para entender la pasada elección y comprender qué México se nos viene encima.

Bernardo Barranco, Coordinador

Bernardo BarrancoBernardo Barranco es economista por la UNAM y maestro en Sociología del Catolicismo Contemporáneo por la Escuela de Altos Estudios Sociales de París. Presidente del Movimiento de Estudiantes y Profesionistas (MEP) de la Acción Católica Mexicana (ACM) de 1975 a 1978. Secretario latinoamericano del Movimiento Internacional de Estudiantes Católicos (MIEC) con sede en Lima, Perú, de 1978 a 1981. Secretario general de Pax Romana, con sede en París, de 1982 a 1986. Ha sido consejero electoral tanto en el ieem como en el IFE / INE en el Estado de México. 

AMLO y la tierra prometida | Bernardo Barranco

@Bernar2Barranco@megustaleermex  |  @OpinionLSR | #AdelantosEditoriales

La Silla Rota te regala un fragmento del libro AMLO y la tierra prometida Coordinado por Bernardo Barranco con autorización editorial de Penguin Random House.

AMLO y la tierra prometida

Coordinador Barnardo Barranco

Prólogo

Carmen Aristegui

Bernardo Barranco, el brillante sociólogo de las religiones y experto en asuntos electorales, ejerció su capacidad de convocatoria para reunir a un variado grupo de analistas y conocedores de la realidad nacional para ofrecer en estas páginas un rico mosaico de interpretaciones y análisis de una nueva realidad mexicana. Esa que aparece rotunda después del proceso electoral más grande en la historia de México y cuyos resultados dieron una voltereta a la lógica y distribución del poder hasta ahora conocida. Se trata de una realidad que amerita ser analizada, interpretada y descifrada desde todas las ópticas posibles.

AMLO y la tierra prometida. Análisis del proceso electoral 2018 y lo que viene ofrece una revisión puntual y variada de los asuntos que han marcado el antes, durante y después del macroproceso electoral 2017-2018 y las amplias repercusiones que se avizoran.

Aquí podrá conocerse la perspectiva de una especialista como Ana Mercedes Saiz Valenzuela, que disecciona el papel de las figuras arbitrales en las contiendas electorales. Estudia también la forma en que se fue desgastando la propia noción de la democracia —de la mano de acuerdos cupulares— y lo que identifica como un proceso de alta burocratización, que obliga a pensar en nuevas reformas que simplifiquen y vuelvan eficiente el sistema electoral en su conjunto. En su análisis sobre la evolución y la caída de la figura del presidente Enrique Peña Nieto, pone especial énfasis en la revelación de la millonaria residencia —a nombre de un prominente contratista de su gobierno— en posesión del mandatario y su familia.

Julio Hernández López Astillero, concibe las elecciones de 2018 como un auténtico “terremoto electoral”, y las coloca a la altura del llamado a la revolución que hiciera Francisco I Madero en 1910. La masividad y contundencia del voto a favor de Morena y Andrés Manuel López Obrador produjo, dice Julio, un dislocamiento grave del sistema político mexicano y, con ello, se vislumbra la oportunidad de un cambio profundo que favorezca la participación real ciudadana y una nueva cultura política. Sin dejar de aquilatar la dimensión de lo ocurrido, Hernández López señala también los principales retos y desafíos. El principal: que Morena pudiera convertirse en partido-gobierno.

El periodista Jenaro Villamil arroja luz, con su colaboración, sobre la parte más siniestra de todo el proceso. La inmensa disputa de poder que tuvo lugar en México estuvo marcada por violencia extrema y hechos de sangre que arrebataron la vida a precandidatos, candidatos y aspirantes a cargos de elección popular como no había ocurrido en otros procesos Villamil ofrece un retrato descarnado de esta parte inocultable de la realidad mexicana y de cómo “el crimen también salió a elegir en este 2018”.

La contundencia de los resultados y el margen de 30 por ciento de ventaja respecto al segundo competidor por la Presidencia de México dejaron en segundo plano la atención y denuncia por prácticas clientelares y de coacción del voto que ocurrieron en amplios grupos de la población mexicana Rogelio Gómez Hermosillo, un maduro especialista en la materia, da a conocer que la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza realizó una encuesta nacional que reveló que hasta un tercio de los votantes estuvo sometido a alguna oferta, promesa o amenaza. Así, 29 millones de personas recibieron ofertas de este tipo y, de ese grupo, 15 5 millones decidieron rechazarlas: poco más de la mitad Esto es una buena noticia —frente a la mala de que ese tipo de prácticas clientelares y antidemocráticas siguen realizándose de forma masiva en México.

Las encuestas han vivido periodos de enorme descrédito. Millones toman distancia y evitan contestar a las preguntas de quienes levantan cuestionarios. Se ponen en duda los resultados y sobre ellos se mantiene la suspicacia. Sin embargo, a pesar de todo, siguen siendo una herramienta poderosa y, hasta cierto sentido, inevitable en cualquier proceso electoral. Francisco Abundis, uno de los encuestadores más importantes del país, revisa la historia de la elección presidencial 2018 y el papel de las mediciones electorales, incluida la crítica sobre la proliferación de ejercicios realizados por empresas de ocasión y sin ningún tipo de antecedente. No omite referirse al nocivo fenómeno de las noticias falsas, sembradas para incidir de forma indebida en la construcción de las percepciones ciudadanas.

La convocatoria de Barranco incluyó la presencia de una pluma fresca, irreverente y divertida como la de Juana Inés Dehesa. La crónica que aquí se encuentra centra su ironía en los muchos pleitos y polarización que causó en familias y sociedad la singular figura de Andrés Manuel López Obrador. Juana Inés recoge con agudeza los muchos debates que se dieron en las redes sociales y los discursos de pánico y odio que proliferaron en todo tipo de foros. Tal vez por ese clima que se vivió en los circuitos sociales es que el candidato ganador y futuro presidente de México ha optado por lanzar un mensaje de “amor y paz”. La joven escritora deja para la reflexión ideas que tienen que ver con el alma de la nación. “Debemos dominar la esperanza porque la esperanza nos va a dominar. Los males del país son endémicos y no se resolverán en un sexenio”.

Queda aquí la invitación a la lectura de este conjunto de ideas, reflexiones y análisis de uno de los momentos más intensos y estimulantes que se hayan vivido en la historia reciente de México. Se respira un tiempo de cambios profundos y un ánimo social de que las cosas sean diferentes. De la sociedad mexicana, más aún que de los gobernantes electos, dependerá que el sueño de un país democrático, justo y apegado al estado de derecho se convierta en realidad. El tamaño del desafío es enorme, como enorme fue la decisión de los votantes de cambiar el rumbo de forma pacífica y ordenada.

Carmen Aristegui. Es egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es considerada como una de las periodistas indispensables de México y una voz comprometida con las causas sociales. Destaca por su trabajo informativo en noticiarios de radio y televisión en diversos medios, como Grupo Imagen, W Radio y MVS. Conduce una emisión diaria de entrevistas en CNN en Español y es articulista en el periódico Reforma. Además, cuenta con un innovador programa informativo por internet y el portal de noticias Aristegui Noticias, que tiene una alta audiencia. Formó parte del equipo que realizó la investigación sobre la llamada Casa Blanca de Enrique Peña Nieto, que, por su envergadura, fue determinante, pues cimbró a la clase política y al gobierno.

Introducción

Bernardo Barranco Villafán

El título de todo libro puede expresar una síntesis, una alegoría o una provocación AMLO y la tierra prometida refleja la descomunal expectativa que los votantes han depositado en el cambio. Se abre un inmenso océano de esperanzas y de incógnitas. Temores y esperanzas dirían los clásicos. Las ofertas de profundos cambios en el rumbo del país se mezclaron, en el ánimo votante, con un espeso mosaico de descontentos y anhelos. Un sexenio quebrado, turbio, con un presidente que no estuvo a la altura de su investidura. El triunfo avasallante de más de 30 millones de votos ciudadanos transforma toda la geometría política del país. Sus críticos auguran el regreso del viejo PRI presidencialista. Es un hecho, sin embrago, que AMLO agitó el imaginario colectivo para aspirar a una nueva tierra. Con su voto masivo, el ciudadano otorgó todo el poder y su anhelo para realizar transformaciones sustanciales. Hay una básica que el pueblo clama: justicia social. “No les fallaré”, repetía en su campaña. “Quiero pasar a la historia como un buen presidente”, expresó AMLO la noche del triunfo.

El hartazgo y fastidio contra los partidos tradicionales son parte de un libreto gastado que explica la inédita votación del 1 de julio. Un guion que por lustros impuso una clase política enquistada con los peores usos del poder y la corrupción. Se fabricaron políticos instalados en zonas de privilegios, dispendios y complicidades. Políticos alejados de la ciudadanía. ¿Esta clase política será capaz de ser contrapeso y oposición real a la avalancha de Morena? ¿Vendrán nuevos partidos y nuevos actores? Viene a propósito la reflexión de Alexis de Tocqueville, quien afirmó que no bastan las revoluciones para modificar de tajo las inercias del poder, se requiere por tanto cambios culturales de fondo. Ésa es una de las grandes lecciones del relato bíblico de la Tierra Prometida.

Con el triunfo de AMLO se marca un punto de inflexión. Se abre una oportunidad para grandes cambios en la historia del país. Para muchos de sus votantes se puede forjar una nueva historia del México contemporáneo. Para otros, no cambia nada, nuestro sistema político transita con distintas correlaciones políticas.

Diversas aristas definirán la sustancia de la transformación prometida, algunas como la austeridad y regulación de la alta burocracia empiezan a delinearse con nitidez. Otras más, quizá las definitivas, quedan pendientes. Es posible que esperen su turno emparejadas con los avances que mostrarán las primeras concreciones del cambio en un sexenio que se antoja inédito. AMLO, poseedor de una trayectoria política épica, ofrece grandes cambios que cuajan el imaginario popular maltratado. De ahí que la metáfora bíblica Tierra Prometida-Éxodo resulte interesante, por las enseñanzas de grandes cambios civilizatorios. El libro bíblico va más allá de la fe y de la literatura sagrada. Es un punto de referencia para la filosofía política e, incluso, fuente y referencia para el pensamiento revolucionario no mesiánico en Occidente. Su historia de opresión, marcha y redención, así como anhelo de la tierra nueva, son referencias obligadas de las grandes transiciones. La Nueva Tierra y el Éxodo han inspirado las revoluciones, desde Cromwell hasta la estadounidense, y por supuesto están en el nudo conceptual de la teología de la liberación latinoamericana.

Para referenciar el título de nuestro libro propongo asomarnos a la epopeya bíblica. En el libro del Génesis, Yahvé le ofrece a Abraham la Tierra Prometida diciendo: “A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates”. Era el territorio de Canaán habitado, entre otros, por los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos. La promesa de la Tierra Prometida está presente en los profetas del exilio y se retoma con ímpetu en el libro del Éxodo. Ahí Yahvé reitera su promesa a Moisés: “Márchate de ese lugar tú y tu pueblo que saqué de Egipto; sube a la tierra que yo prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob cuando les dije: ‘Se la daré a tu descendencia’. Enviaré delante de ti un ángel para que eche del país al cananeo, al amorreo, al heteo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo” (Éxodo 33:1-3:6).

Moisés promueve un proceso de liberación frente a la esclavitud que los hebreos sufrían en Egipto, territorio de opresión, e inician una compleja migración hacia la Tierra Prometida decretada por Yahvé. Se dice fácil, pero la organización que tuvo que realizar Moisés fue compleja. Hay una idealización de la tierra nueva donde a menudo se le representaba con colores de extraordinaria belleza, una superficie ancha y muy fecunda que “mana leche y miel”. La travesía dura 40 años, en medio de penurias y fracturas internas. Cuando llegan a la tierra de Canaán, la primera impresión es que no es el edén imaginado: hay agua, en efecto, pastura y mayor fertilidad comparada con el desierto, pero no es el vergel imaginado. El lugar está ocupado por diversos grupos semitas, principalmente por cananeos. Por tanto, Josué, discípulo de Moisés, inicia un largo proceso de conquista militar y de distribución del territorio sometido entre las doce tribus

De esta metáfora bíblica extraemos tres lecciones: a) el proceso del éxodo es largo y complejo, si bien la Tierra Prometida es mejor que la esclavitud y opresión egipcia, el trabajo que les aguarda es arduo pues la tierra hay que trabajarla con persistencia; b) la Tierra Prometida está ocupada por diversos clanes, por lo que no sólo hay que conquistarla en combate, sino luchar para defenderla y así mantener su posesión; c) el proceso de puesta en marcha es largo, el texto bíblico del Éxodo, desde la salida de Egipto hasta la conquista de Canaán, abarca al menos tres generaciones. Es decir, el sueño de la nueva tierra pasa de generación a generación con notable persistencia. También, sobra decir, que sin la esperanza a la promesa ni la inquebrantable obstinación del pueblo hebrero jamás habría sido consumada la tarea de tutelar Canaán.

La analogía con nuestra actual circunstancia no tiene desperdicio. Es tal la expectativa de cambio en México que no se dimensiona la envergadura del propósito y la complejidad que el designio conlleva. Tampoco el tiempo ni las generaciones que se llevaría un proyecto en caso de guardar continuidad. AMLO, con su trayectoria atrevida y su campaña, ha despertado y fomentado el ideal de una transformación profunda cuyas aristas son numerosas y hasta apremiantes. El imaginario del cambio es poderoso. El anhelo, casi mitificado por construir un país diferente que, sin embargo, no podría realizarse en un sexenio; cuando mucho, se podría construir las bases para abrir un futuro más alentador. La Cuarta Transformación pacífica, un slogan repetido por AMLO que, a golpe de realidad, nos lleva a la oferta de la Tierra Prometida como metáfora. La Independencia, la Reforma y la Revolución fueron movimientos sociales de gran envergadura acompañados de luchas armadas. Procesos largos que consumieron dos y hasta tres generaciones. Todos desembocaron en el diseño de grandes pactos sociales, nuevas constituciones para dar paso, con lentitud y jaloneos, al cambio de régimen. Ninguno de ellos fue perfecto, pero sí azarosos.

Me consuela admitir que no soy el único que hace analogías bíblicas con nuestra actual circunstancia. Enrique Krauze realiza un retrato crítico de AMLO en 2006 titulado “El Mesías Tropical” 1. Su mirada, no pasa por alto el carácter a veces místico del tabasqueño y su identificación con el carácter redentor de Jesús. Sin embargo, el título de su ensayo es secularmente más provocador que un análisis técnico de los rasgos sagrados o de las creencias religiosas del pensamiento de AMLO, es acerca de su supuesto mesianismo —que no rebasa dos pinceladas audaces—, pero no abunda en la teología del personaje ni en las diferentes connotaciones del mesianismo que tienen las grandes religiones monoteístas. En esa misma tónica apareció un sugerente ensayo de Javier Tello titulado “La política del Éxodo de López Obrador” 2. Mucho más sólido y provocador, el apreciado Javier Tello interpreta un viejo texto titulado “Éxodo y Revolución”, del brillante académico Michael Walzer,3 gran exponente de la filosofía política en Estados Unidos. Walzer ha descubierto, junto con otros pensadores contemporáneos, las fuentes bíblicas y su literatura, una rica fuente de significados para la comprensión política del hombre moderno. En el libro intenta dar una lectura secular del Éxodo para captar su significado político y civilizatorio. Walzer profundiza la tensión en el pueblo hebreo esclavo y humillado, tentado entre el deseo de los bienes de Egipto y la aspiración de la Tierra Prometida, que no puede separarse tan fácilmente. El malestar que surge de la envidia material por poseer ante el llamado espiritual y religioso. Ahí, Walzer analiza la tensión entre el materialismo y el idealismo, entre los impulsos del presente y la paciencia para el futuro. Javier Tello emprende una lectura a través de Walzer para comprender las dualidades de AMLO con un liderazgo practicante de la política religiosa del Éxodo. Encuentra cierto paralelo y divergencias con Moisés, expresadas a veces con ironía. Proximidades y diferencias en el estilo de liderazgo.

Si bien es una lectura secular, no acentúa que el núcleo central de la relación del Éxodo es la alianza que Yavhé establece con el pueblo judío. Dios se hace presente y actúa en la historia, Yahvé libera de la esclavitud a su pueblo elegido. Utiliza a Moisés como su intercesor. Por tanto, en la narrativa central del Éxodo, es la liberación del pueblo judío de la opresión y la búsqueda de la tierra prometida. El rechazo de AMLO a “la opresión del Egipto neoliberal” de analogías bíblicas me parece una audacia de Tello, pues Moisés, más que un líder político social o un revolucionario, es un actor religioso destinado a combatir el politeísmo imperante en la antigüedad. Recordemos que estamos cerca del año 1 500 antes de Cristo. En la huida de Egipto, justo cuando el pueblo empieza a adorar otras deidades, el becerro de oro, en el Monte Sinaí, Yavhé, molesto, labró el decálogo, o los diez mandatos bíblicos, en dos tablas de piedra, y se las dio a Moisés. Es el código ético del judaísmo y del cristianismo que han marcado la normatividad de la historia de Occidente. Al iniciar estos mandamientos, Dios establece: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo ni abajo en la tierra ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ninguna imagen”. El rol central de Moisés es primordialmente religioso —que no puede ser aislado del social—, es asentar el culto a un único Dios frente a la inercia pagana y politeísta de la época presente también en los pueblos judíos; es decir, estamos hablando de un descomunal salto cultural. Cuando Tello recupera en Walser el tema de la libertad, por ejemplo, la metáfora bíblica se ve forzada; recordemos que estamos a 1 000 años de distancia, estos conceptos como libertad, ciudadanía y democracia serán más desarrollados en la antigua Grecia 4. Javier Tello, en su afán por explicar secularmente a AMLO, vía Walser, se aleja del Éxodo histórico. La gran promesa de la Tierra Prometida como territorio, no es un ideal histórico ni el fin de la historia, sino el dramático tránsito de un pueblo nómada a uno sedentario basado en la agricultura y la crianza de animales. Moisés encamina dos grandes revoluciones civilizatorias: el paso del politeísmo al monoteísmo y el fin del nomadismo semita para dar paso a pueblos sedentarios agrícolas y a la construcción de ciudades.

La escatología cristiana interpreta la promesa como plataforma de esperanza, base para una transformación anticipada del mundo de la nueva tierra prometida. La meta de la salvación no es simplemente la tutela individual, personal, ni siquiera espiritual: es la realización de la esperanza de la justicia y de la comunión de la humanidad. Finalmente, de la paz. Los ciudadanos y los votantes compran la promesa de AMLO de una nueva tierra y de la transformación del país. La tarea es inmensa y tiene sus propias raíces y relatos de otros tiempos y de otras luchas. Tanto en su cierre de campaña como el día del triunfo electoral, AMLO recuerda que es una nueva alternancia desde la izquierda. Evoca, casi de manera mística, a aquellos luchadores —“muchos de ellos en el cielo”— de la vieja izquierda proscrita como Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Heberto Castillo, Rubén Jaramillo. Y tampoco dejó de lado a los personajes que acompañó en la corriente democrática que se desgajó del priismo autoritario, como Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo.

AMLO y la tierra prometida. Análisis del proceso electoral 2018 y lo que viene, libro que tiene en sus manos, es una obra colectiva y plural. Los ensayos están redactados por sólidos analistas que poseen amplia experiencia en la materia que abordan. Además, cada uno de ellos goza del reconocimiento tanto de la academia como de la sociedad a través de su presencia en medios. El objetivo que nos propusimos no sólo es el registro histórico de la elección más grande de la historia de México, sino señalar los grandes temas de la agenda en la transición que se está operando. Cada ensayo, desde la temática precisa que aborda, apunta aquellas cuestiones que se encaminan en la agenda.

En ese sentido, el ensayo titulado “Morena toma todo”, de María Amparo Casar, es un estudio muy completo que parte de los resultados registrados de las diversas contiendas electorales de 2018. Con agudeza, Amparo Casar analiza con detalle los cómputos presidenciales y sus consecuencias novedosas. Indaga la transformación del sistema de partidos y sus secuelas en los partidos tradicionales. Constata no sólo cómo arrasó Morena, sino la dramática caída de la votación para el PRI, el PAN y el PRD. Fue tal el rechazo a los partidos tradicionales que el candidato independiente, el Bronco, con todas sus ligerezas, obtuvo casi tres millones de votos, con lo que superó de lejos al PRD, al PES, al Verde, a Movimiento Ciudadano y a Nueva Alianza. Hay un mapa político diferente de la nación y una nueva geometría política en el sistema de partidos, impensable hace tan sólo unos meses Casar traslada su lente a las legislaturas y a las diversas entidades —especialmente en aquellas en las que estuvo en juego la gubernatura—. La prestigiosa académica afirma que si bien el triunfo es contundente y AMLO concentra potestades considerables, no podrá romper con los grandes poderes oligárquicos de México. Sin embargo, a diferencia de los últimos cuatro presidentes, AMLO contará con la ventaja del poder con pocas restricciones y su ascendiente de mando se ensancha. En “¿Hacia dónde?”, el último apartado, se pregunta por el destino de la democracia mexicana cuando en la mayoría de los países democráticos suelen carecer de mayorías y coexisten con contrapesos en la gobernabilidad. Por ello, afirma que el estilo político que imperará es el siguiente: “La visión concentradora y centralizadora del poder está cantada”. Agradezco a Héctor Aguilar Camín, director de la revista Nexos, haber accedido a utilizar la primera versión del ensayo de Amparo Casar, quien afinó y actualizó los datos que se presentan en las útiles gráficas.

Por otra parte, Jenaro Villamil es contundente al afirmar con cierto dramatismo que las elecciones de 2018 han sido las más violentas que se han registrado en el México contemporáneo. Villamil posee el olfato de los grandes periodistas y nos trasmite con énfasis su preocupación por la violencia inaudita que se exhibió en el pasado proceso electoral. Los asesinatos a candidatos y políticos fueron incidencias a las que nadie le quiso entrar. Consulta Etellekt presentó siete informes sobre la progresión de los homicidios y ataques entre septiembre de 2017 y junio de 2018 en México, y concluyó que la violencia fue 11 veces mayor a la registrada en las campañas del 2011-2012: hubo un total de 774 agresiones contra políticos y 429 contra funcionarios. Cifra récord en la historia del país. El INE, la Fepade y la PGR hicieron muy poco frente a las arteras agresiones en decenas de municipios del país. Se la pasaban como el juego de la papa caliente. ¿Los casos van a quedar ahí impunes? No existe un mapa referencial, no se tienen claros los móviles concretos ni los intereses específicos. ¿Alguien dará seguimiento de los políticos beneficiados con los decesos? Villamil afirma que el crimen organizado actúa como muchos empresarios que financian campañas para posteriormente verse favorecidos. ¿Qué grupos criminales están involucrados? No podemos como sociedad simplemente cruzar los brazos y aceptar como una fatalidad más de la violencia en México. Por ello, el sugerente ensayo de Villamil se titula “2018, el crimen también salió a ‘elegir’”.

Otro tema relevante fue el uso faccioso de los programas sociales y la explotación electoral de la pobreza. La inclinación masiva por AMLO empequeñeció y menguó el peso de la compra y coacción del voto, pero no quiere decir que esta práctica nefasta haya desaparecido Rogelio Gómez Hermosillo, con gran experiencia en temas de pobreza como consultor internacional, nos dimensiona esta aciaga tendencia a explotar electoralmente a los pobres. Su ensayo, “Lucro político con la pobreza: las prácticas de compra y coacción del voto en las elecciones de 2018 y su fracaso relativo”, sintetiza el nudo de corrupción que denigra la dignidad de los sectores más necesitados. Rogelio hace una revelación grave: en las elecciones de 2018 hasta un tercio de los votantes estuvieron sometidos a alguna oferta, promesa o amenaza para condicionar su voto. Aún recuerdo la desafortunada descalificación de Leonardo Valdés Zurita, entonces presidente del IFE, al declarar la compra y coacción del voto a los pobres como “mito folclórico”. La organización civil Acción Ciudadana Frente a la Pobreza realizó una encuesta nacional y calculó que un tercio de la ciudadanía —29 millones de personas— recibió una oferta, una promesa o una amenaza a cambio de su voto; sin embargo, la mayoría —15 5 millones— decidió rechazarla. Todo esto ante el disimulo de las autoridades electorales. Finalmente, el amplio margen del triunfo de Morena, el resultado electoral concluyente, mostró el fracaso de las acciones de clientelismo en esta ocasión, pero no se debe minimizar la necesidad de erradicarlas. La opacidad en los programas sociales sigue siendo preocupante. En el primer trimestre de 2018, las diversas secretarías sociales recibieron un incremento presupuestal notable. Los principales organismos del gobierno que operaron estos programas fueron Sedesol, Sagarpa, Sedatu, Semarnat y Hacienda. Todos los partidos recibieron denuncias, en especial donde son la fuerza que gobierna. Resulta relevante apuntar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) revocó la resolución del INE que pretendía establecer criterios de imparcialidad sobre el uso de la propaganda gubernamental y sobre la ejecución de programas sociales. El Tribunal tiene una cuota de responsabilidad en la manipulación electoral de la pobreza. Rogelio Gómez Hermosillo, haciendo valer su trayectoria, propone lo siguiente: a) endurecer las sanciones electorales, b) acciones preventivas y sancionatorias del Sistema Anticorrupción y c) cerrar espacios de discrecionalidad y opacidad en asignación de apoyos o subsidios de programas.

Ana Mercedes Saiz Valenzuela, en su ensayo “La casta electoral: el tumor que hizo metástasis en las autoridades de la democracia”, refiere que no debemos distraernos. El arrollador triunfo electoral de AMLO es el resultado ideal para cualquier árbitro electoral. Los errores y las omisiones de la autoridad electoral pasan a segundo término. Además, las impugnaciones y querellas postelectorales son de baja intensidad porque no se puede revertir una distancia apabullante de 30 puntos. Sin embargo, no podemos soslayar que hubo graves errores que no debemos pasar por alto, como la deficiente capacitación a ciudadanos, los pleitos entre el INE y el Tribunal Electoral, el alto porcentaje de sustitución de funcionarios de casilla y la partidización tolerada de supervisores y capacitadores. El nivel de credibilidad del INE ha decrecido notablemente y más a partir de la dudosa actuación del Consejo General en el caso de Coahuila y el Estado de México en 2017. Ana Saiz, como pocas personas, tiene toda la experiencia institucional en los órganos electorales y nos recuerda los orígenes del IFE, los pactos políticos de cuotas que conformaron el actual INE y, sobre todo, una rebuscada reforma electoral de 2014. Con pesar, Saiz reconoce el costoso modelo híbrido entre OPLE e INE porque se estorban, duplican funciones y complican la certera organización de las elecciones. Asimismo, también pone en evidencia la innegable colonización de las estructuras electorales por parte de los partidos políticos hasta niveles de descaro. Ni el INE ni el tribunal gozan de la confianza de la ciudadanía; se han burocratizado al grado de convertirse en una casta electocrática. Ana propone redefinir las estructuras electorales, simplificarlas y reducir sus altísimos costos. ¿Será una tarea prioritaria del nuevo gobierno? Ana Saiz se pregunta, incluso, si habría de suprimirse la figura del consejero ciudadano que se ha convertido en la extensión del partido. Marco Antonio Baños es el ejemplo más anticlimático de consejero ciudadano. También propone una reforma para simplificar el INE: adjudicar funciones de la fiscalización a la Auditoría Superior de la Federación, medios al Instituto Federal de Telecomunicaciones y las funciones de la Sala Superior del TEPJFa la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como en otros países. La justicia social debe empezar por reforzar la certeza electoral que respete, sin trapacerías, con libertad, la voluntad del ciudadano.

Del día a día del seguimiento periodístico de la política mexicana, Julio Hernández Astillero nos regala un examen agudo de lo que los franceses llaman le enjeux; es decir, las apuestas que están en juego entre las diferentes fuerzas políticas. La cascada de votos AMLO-Morena provoca un dislocamiento grave del sistema político mexicano, se quiebra la prolongada historia de avenimientos entre élites de partidos que se distribuían cargos y prerrogativas sin alterar “el sistema”. Las élites políticas fueron “allanadas” por Morena y, para Julio, se abre una inmejorable oportunidad para impulsar una cirugía mayor para una reforma política profunda, pensada para favorecer la auténtica participación ciudadana y no para defender el interés del partido mayoritario en turno. En su ensayo “Comportamiento y recomposición de los partidos políticos”, Astillero coloca al PRI en un futuro incierto: “No tiene ya banderas viables”, dice, “el nacionalismo revolucionario ha sido rebasado y el neoliberalismo salvaje ha provocado un gran daño al país y su arraigo social ha disminuido de manera contundente”. Vinculado a la corrupción retorcida y mal gobierno ¿cambio de piel? Por otra parte, el PAN, ahogado en sus propias contradicciones enfrenta escisiones como la de Margarita Zavala y una lucha sorda por hacerse del aparato ante un descenso del partido en caída libre. Astillero, con sarcasmo, coloca al PRD en la tercera división: ahora le toca sobrevivir. Por el contrario, el gran reto de Morena es convertirse en un partido con vida interna intensa, con preparación de cuadros no sólo para nutrir las filas gubernamentales, bien dispuesto a la crítica y a la autocrítica y distante a las tentaciones de caudillismo y centralismo. “¿Podrá AMLO gobernar con un movimiento social heterogéneo?”, se pregunta Julio. Esto se vivió en los primeros gobiernos postrevolucionarios con severos altibajos. La sociedad podrá convertir este triunfo en medidas firmes de cambio si se organiza y participa —por encima de lo electoral—, el nivel de acción ciudadana determinará con precisión el futuro Sin el entusiasmo ciudadano no habrá Cuarta Transformación.

Francisco Abundis es director de Parametría y ésta fue la empresa encuestadora que más se acercó tanto a los resultados previos como a los finales del proceso electoral 2018. Siempre dio a AMLO como puntero con amplio margen. Ahora, honra este libro con su contribución, titulada “La elección presidencial de 2018: el papel de las mediciones preelectorales”. El rol político de las encuestadoras es inevitable. El gremio ha tenido altibajos en su prestigio y credibilidad. En algún momento, alguna se ha prestado a ser instrumento de posicionamiento, mientras otras muchas han errado pronósticos por la desconfianza de los encuestados. Sin embargo, las encuestadoras de mayor prestigio se reivindicaron en este 2018.

Aunque hay que diferenciar, entre éstas hubo diferencias, y grandes, tanto en la medición como en la colocación del segundo y tercer lugar en la elección. Pese a ello, las casas encuestadoras fueron tan puntuales, por ejemplo, en las mediciones sobre la muy baja aceptación del presidente Peña, que reflejaron el humor antisistémico preludio de su estrepitoso derrumbe político. Con su sobriedad y profesionalismo, Abundis nos cuenta la historia de las pasadas elecciones presidenciales desde las encuestas y series que fueron publicadas a lo largo de la contienda y las razones de voto que fueron observadas. Francisco denuncia el uso faccioso de encuestas sin el sustento metodológico; dicho de manera diferente, existió la proliferación de ejercicios realizados por empresas que no tienen ningún tipo de antecedentes ni mayor acreditación profesional. Sus resultados, además de imprecisos, fueron sesgados. Asimismo, ofrece un panorama del saldo de las encuestas a partir de los rankings derivados de las publicaciones realizadas. También registra las llamadas automatizadas para intentar hacer estimaciones de preferencias electorales y publicaciones diarias de tracking poll con este método. Resalta las publicaciones de Bloomberg, El País, Oraculus, Numérika, Nación 321 y cede, que se encargaron de recopilar las encuestas dadas a conocer y elaborar promedios. De igual forma, deplora otra práctica nociva, como fue la proliferación de noticias falsas o fake news.

La escritora Juana Inés Dehesa nos describe de manera deliciosa la atmósfera y el estado de ánimo de la ciudadanía ante el proceso electoral. Juana Inés derrocha energía cultural, es una mujer de letras y de ideas

¿Sabía usted que al interior de las familias el debate político se prohibió por las disputas álgidas que terminaban mal? También los amigos y familiares se dejaron de hablar o evitaban tocar un tema tabú: AMLO Se le ama o se le odia, la polarización entre lopezobradoristas y antilopezobradoristas fue álgida en cultura de la calle. Llenó el debate no sólo en la plaza pública, también en las redes, en los debates televisivos, en los chats y en las mesas de las familias Dehesa nos presenta una crónica inteligente en su aportación titulada “Laberinto de pasiones: mapa emocional de una campaña electoral”. Porque, en efecto, el debate político alcanzó niveles álgidos en el ciudadano de a pie. El chairismo alcanzó niveles homéricos, así como los debates casi escolásticos en las redes. Juana Inés nos explora “según el cual, quien abrazaba una causa política distinta a la mía lo hacía movido por una de dos fuerzas: la ignorancia o la maldad”; también registra con humor: “Lo que privó en la campaña no fueron los intercambios de argumentos y la exposición articulada de motivos, no; lo que circuló fueron gritos, sombrerazos y todo tipo de descalificaciones”. Muchos juraron que se irían del país si AMLO ganaba y sus antagónicos, aún hoy, esperan los autoexilios. Sin embargo, los debates en internet fueron álgidos y hasta insultantes, en extremo descalificadores. Se alimentaron a tal grado los discursos de pánico y de odio que bastaba asomarse a cualquier plataforma sociodigital para comprobar que la furia electoral estaba crecida. Más allá de las anécdotas y leyendas, Dehesa registra la efervescencia política que se vivió en el proceso electoral, así como el mayor grado de politización de los ciudadanos con mayor conocimiento y comprensión de lo político. Lo cual sin duda, más allá de los ánimos encendidos, es alentador, pues una ciudadanía politizada es el mejor contrapeso a los malos abusos del poder.

En 2012, podemos afirmar categóricamente que las grandes televisoras favorecieron el triunfo del Enrique Peña Nieto. Su poder era descomunal porque dos de cada tres mexicanos se informaba en los medios electrónicos tradicionales. Todo eso ha cambiado, nos dice Daniel Moreno en su interesante texto “¿Puede la televisión imponer a un presidente?” Asistimos a un notable decaimiento de los medios tradicionales, que incluyen la prensa. En contraparte, se registra un notable crecimiento de internet y redes sociales no sólo en volumen, porque la nube más espesa de los debates políticos de los ciudadanos pasó por medios alternativos Moreno, galardonado con el reconocimiento Ortega y Gasset 2018 por su investigación “La estafa maestra”, nos indica que la elección.

2018 vivió en un escenario mediático diferente, es decir: información más fragmentada, plural y, como nunca antes, crítica del régimen, lo que limitó la influencia del periodismo más oficialista Facebook reportó más de 1 300 millones de interacciones, que involucraron a 64 millones de cuentas. La mitad de estas interacciones se dieron en personas entre 18 y 34 años. En las redes, se puede inferir que ahí se da la conversación y el debate político ciudadano, sin embargo, son frecuentemente contaminadas por campañas pagadas y de desinformación. La empresa española Alto Analytics, especializada en el análisis de redes sociales, realizó un estudio que revisó 15 282 538 comentarios de 1 120 558 autores de varias plataformas, como Twitter, Facebook, periódicos, blogs, foros y otras comunidades digitales, desde donde se distribuyeron 1 185 000 fotos, videos, memes y notas. La magnitud tiende a crecer. Sin embargo, no puede festejarse acríticamente la fuerza de internet, porque si bien ahí se publicó parte importante de las principales investigaciones, también es cierto que es terreno fértil para las noticias falsas y campañas sucias. Junto con 90 medios nace la plataforma Verificado 2018, encabezada precisamente por Daniel Moreno, que se dedicó a investigar las fake news durante todo el proceso electoral. Averiguó la veracidad o tergiversación de las noticias que circulaban no sólo en internet. Es un hecho que las noticias falsas envilecieron la atmósfera política, tanto en las elecciones de Estados Unidos como en las de México, pero parecieron no afectar la intención del voto hacia AMLO, blanco preferido de las campañas sucias. La debilidad de los medios tradicionales puede acreditarse con el siguiente ejemplo que coloca Daniel. A pesar los cuantiosos recursos que desplegó presidencia, cerca de 50 000 millones para publicidad oficial y la imagen del presidente Peña no tuvieron efecto frente a la avalancha de crítica en las redes. Su punto más bajo de aceptación fue en febrero de 2017, con 17% de aceptación. Se avecinan grandes cambios en la comunicación política

Ricardo Raphael es un intelectual agudo que, con mucha sensibilidad, encara las dificultades de nuestra época. Su ensayo, “La pluralidad es irreversible”, polemiza con aquellas voces que sostienen que AMLO será la reedición del PRI autoritario de los años setenta. Ricardo nos recuerda qué tanto ha cambiado el perfil de la sociedad mexicana para que tal proyecto tenga viabilidad. Es cierto, Peña Nieto quiso restaurar el viejo estilo priista, propio del Estado de México, pero no pudo Ricardo resalta dos acontecimientos de su quiebre: los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y la Casa Blanca Incapacidad de resolver demandas y corrupción. Peña no sólo no pudo restaurar el viejo priismo, sino que su gobierno fracasó estrepitosamente en el intento, contagiando el descrédito a su partido. El fracaso político es siempre una tragedia épica que obliga a la reconstrucción de significados. El principal defecto de Peña y de la clase política de las alternancias fue haberse alejado de la sensibilidad, los reclamos y las demandas de la ciudadanía. Se ha formado un dinamismo social muy diversificado, hay iniciativas organizadas en múltiples causas y soportes AMLO y Morena están obligados a ser sensibles y acompañar en estos cambios y reivindicaciones a la sociedad.

Finalmente, agradezco a Carmen Aristegui por sus palabras generosas y por el esfuerzo de prologar el libro y darse un espacio en su apretada agenda. A Sara Remedios Hernández, por haber elaborado las tablas del anexo estadístico y al equipo de Penguin Random House, por haberme apoyado con pasión y calidez en esta aventura editorial.

Notas

1 Enrique Krauze, “El Mesías Tropical”, en Letras Libres, publicado el 30 de junio de 2006. Disponible en https://www letraslibres com/espana-mexico/revista/el-mesias-tropical.

2 Javier Tello, “La política del Éxodo de López Obrador” en Nexos, publicado el 1 de agosto de 2018. Disponible en https://www nexos com mx/?p=38735.

3 Michael Walzer, Exodus and Revolution, Basic Books, Nueva York, 1985.

4 John Emerich Edward Dalberg-Acton (1834-1902) fue uno de los grandes historiadores ingleses del liberalismo. Una de sus grandes temáticas fue la historia de la libertad. Al respecto, escribió: “En la antigüedad, el Estado se arrogaba competencias que no le pertenecían, entrometiéndose en el campo de la libertad personal. En la Edad Media, por el contrario, tenía demasiado poca autoridad y debía tolerar que otros se entrometiesen. Los Estados modernos caen habitualmente en ambos excesos. El mejor criterio para juzgar si un país es realmente libre es el grado de seguridad del que gozan las minorías. La libertad, según esta definición, es condición esencial y centinela de la religión y será, precisamente, de la historia del Pueblo Elegido de la que tomaré los primeros ejemplos sobre el tema. El gobierno de los israelitas era una federación, que se mantenía unida no por una autoridad política, sino por la unidad de raza y fe, y se basaba no en la fuerza física, sino en una alianza voluntaria. El principio del autogobierno se cumplía no sólo en cada tribu, sino en cada grupo de al menos 120 familias; no había ni privilegios de rango ni desigualdades ante la ley”, véase John Emerich Edward Dalberg Acton, Ensayos sobre la libertad y el poder, Unión Editorial, Madrid, 2011.