NACIÓN

Un año sin reuniones presenciales pero muchas virtuales

Vamos a cumplir un año sin vernos presencialmente, pero sin dejar de vernos virtualmente

  • MARCO ANTONIO MARTÍNEZ
  • 06/03/2021
  • 18:52 hrs
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Un año sin reuniones presenciales pero muchas virtuales
(Cuartoscuro / Archivo)

Era el 7 de marzo de 2020 cuando celebramos el cumpleaños de mi cuñado. Fue uno de esos días y noches hermosos, con clima agradable, ya en la antesala de la primavera. Una tarde-noche de buena comida, risas, bailes con distintos géneros y uno que otro atolondrado porque se le pasaron las copitas de alcohol, pero nada grave.

Ya habíamos escuchado de la covid, al que le decíamos el covid, pero lo sentíamos muy lejos y en esos momento no nos preocupó. Aquel sábado nos abrazamos sin temor alguno, bailamos tomados de la mano las cumbias y la banda sinaloense hizo más divertido el cumpleaños.

Le mordimos traviesamente al pastel del vecino o vecina y no teníamos miedo de beber del vaso de nuestros acompañantes, ni de hablar casi cara a cara para entendernos ante el ruido de la tambora que sonaba a grandes ratos.

Cuando íbamos al baño nos lavábamos las manos y lo volvíamos a hacer hasta regresar, no a cada apretón de manos, o cada que tocábamos una silla, un plato o un vaso.

Al otro día todavía acudimos al recalentado y de manera espontánea las mujeres de la familia fueron a la marcha del 8M. Algunas lo hicieron por primera vez en su vida y al volver estaban exultantes de haber estado en tan estrujante manifestación feminista.

Ese domingo fue la última vez que nos reunimos todos los de mi familia que viven en la Ciudad y el Estado de México.

REUNIONES PRESENCIALES

Después llegó la jornada de Sana distancia y nos quedamos en casa a hacer home office y a hacer salidas sólo para lo estrictamente necesario como comidas o medicinas. Pasaron las semanas y a finales de abril Juan Alfonso, mi hermano el mayor, nos mandó una invitación para reunirnos en Zoom. Al principio era raro y éramos muy solemnes. Como pensábamos que volveríamos a nuestra antigua y cada vez más extrañada normalidad por ahí de junio, Juan propuso que cada uno hiciera una presentación semanal.

Hablamos de cine -qué recomiendan para esta semana, preguntábamos- de diseño, de fake news, compartimos fotos familiares, y cómo no, hablábamos de la pandemia y de política, a veces apasionadamente. En la política teníamos distintos puntos de vista, pero respecto a la covid-19 nunca desestimamos sus riesgos, y hasta presumimos nuestros cubrebocas y caretas para salir.

Llegó junio y la pandemia seguía y las medidas para evitarla prácticamente eran las mismas. Continuamos nuestras reuniones virtuales, festejamos a los cumpleañeros en turno, hacíamos recuento de los que conocíamos que se infectaron y a veces compartimos recuerdos y fotos que los demás no sabían que existían.

También aprovechamos para festejar días especiales como el 15 de septiembre, el Día de Muertos, luego Navidad y Año Nuevo. Juan Alfonso era el que nos mandaba las invitaciones y aunque las reuniones no se comparaban a las presenciales, a los abrazos, a preparar la comida juntos, a bromear, a ir a algún lado a comprar cosas, sí se convirtieron en un buen aliciente para preparar temas de conversaciones y sentir mucho menos pesada a la pandemia.

Como familia no hemos tenido bajas por covid. Pero pasado el año nuevo, el 3 de enero, recibimos una de las noticias más tristes que recordemos, que se ahondó por la época en la que vivimos: mi hermano Juan Alfonso falleció de un fulminante paro cardíaco. Nos lo informó su esposa. Fue un domingo, el día de nuestras esperadas reuniones virtuales y cuando faltaba una hora para iniciar.

No la suspendimos. Pero estábamos invadidos por la tristeza. Nuestro gran organizador ya no estaba con nosotros y eso era muy difícil de aceptar. Decidimos hacer la reunión en su honor y sabiendo que poco podíamos hacer, pues su casa estaba en California, Estados Unidos. Mi cuñada no estuvo presente en la sesión virtual, pues fue a reconocer el cuerpo, pero sí estuvo su hijo, que se conectó desde Toronto, Canadá. Estaba como todos, inconsolable.

El dolor no nos detuvo para hacer las sesiones. Decidimos continuarlas como homenaje a Juan Alfonso. También en una sesión virtual lo despedimos de cuerpo presente, a la distancia. Hubo muchos mensajes de personas que lo querían, respetaban y admiraban. Incluso, retomamos el contacto con algunas que al saber de su muerte, se acercaron y de quienes no habíamos sabido en la pandemia.

Hemos mantenido las sesiones, que domingo a domingo se han convertido en algo casi sagrado. Es nuestra oportunidad de ponernos al día, de compartir lo nuevo, de ver como crece nuestro sobrino que cuando fue la fiesta en marzo tenía 8 meses y ahora ya habla. También recibimos un tour virtual por las calles capitalinas, como el que hizo mi hermana porque debió a salir a comprar algo y puso el celular en su coche para mostrarnos el Centro, Eje Central, Reforma y Calzada de Guadalupe, a veces vacías, a veces más llenas de gente y algunos sin cubrebocas.

Vamos a cumplir un año sin vernos presencialmente, pero sin dejar de vernos virtualmente, y en gran parte gracias a mi hermano, cuya risa e inteligencia jamás olvidaremos.

fmma