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“Trabajé ocho meses para un cártel de drogas”

Cajas llenas de dinero, conciertos con hombres armados, mansiones, animales exóticos, durante ocho meses Eduardo supo lo que es trabajar para el narcotráfico

  • REDACCIÓN
  • 15/08/2019
  • 14:43 hrs
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“Trabajé ocho meses para un cártel de drogas”
“Trabajé ocho meses para un cártel de drogas” (Foto ilustrativa/tomada de la web)

Desde pequeño Eduardo quería ser arqueólogo, un poco inspirado por la historia antigua, pero también por las películas de Indiana Jones, sin embargo, la vida lo llevó a estudiar marketing, pensando que esta carrera lo llevaría a ganar más dinero.

Al salir de la universidad, Eduardo consiguió un trabajo en una revista local donde, en poco tiempo, se hizo de una buena reputación en el sector.

Un contacto que trabajaba para una exitosa agencia le preguntó que si quería un trabajo independiente para ayudarlos con sus materiales promocionales. Él aceptó. Y cómo no iba a hacerlo, le pagaban casi 25 mil pesos por cada trabajo de fin de semana.

Sin embargo, estos clientes eran restaurantes y bares propiedad de los carteles de la droga. No le importó, tenía 21 años y comenzó a vivir los lujos que las ganancias de su trabajo le dejaban. Eso sí, siguió viviendo en casa de sus padres para no generar sospechas y evitar preguntas.

Además, él se sentía tranquilo pues solo les está ayudando a promocionar sus bares y restaurantes: “No conocí a nadie del cartel, solo hacía mi trabajo y recibía mi dinero”.

Sin embargo, tras unas semanas de trabajo, entró a su oficina quien era el jefe del cártel, una sensación de que algo no estaba bien se apoderó de su cuerpo, la desconfianza hacía al sujeto fue automática.

El jefe le preguntó si quería más trabajo y por ende más dinero, le detalló que comenzaría a realizar shows musicales con cantantes de corridos y éste quería que Eduardo lo ayudara con la promoción.

Para Eduardo no era un tema menor, él sabía que varios de estos corridos son escritos para líderes de los cárteles y algunos de sus cantantes han sido asesinados presuntamente por cantar dichos “narcocorridos”.

Eduardo aceptó seguir trabajando, por lo que comenzó a asistir a los conciertos, donde se percató de la gran cantidad de hombres fuertemente armados.

Fue entonces cuando comenzó a sentirse inseguro, Eduardo tuvo miedo de morir, pues no sabías cuando comenzaría una pelea o balacera en estos conciertos, irónicamente, ver a tanta gente armada lo hacía en ocasiones sentirse inseguro.

Además, Eduardo acepta que pasar el rato con los miembros del cártel era divertido, siempre con el miedo en que uno de ellos podía dispararle si quería.

Había además, una discusión moral interna para Eduardo, pues aunque no hacía nada que lo vinculara con el crimen organizado, sabía que el dinero que le pagaban provenía del narcotráfico.   

“No era miembro de ninguna pandilla criminal, pero aun así estaba involucrado, me pagaban con su dinero. Se sentía mal”.

Con el “asenso” que había adquirido, Eduardo asistía más a la oficina, donde era constante ver a hombres entrando con paquetes llenos de efectivo.

“Puntuales como un reloj, todos los días, a las 3:00 pm 10 hombres aparecían con lo que debían haber sido millones y una empleada los llevaba al banco. Nadie nunca hizo preguntas”.

Asimismo, el jefe lo llegó a llevar a enorme mansiones que estaba construyendo en las montañas, tenía un jaguar de mascota y una esposa muy bella. No había duda de que el cártel estaba detrás.

En una ocasión, devorado por la curiosidad, Eduardo le preguntó al jefe que si era parte de un cártel, este le respondió: "¿Quieres saber más, o quieres fingir que no sabes nada?". Él le dijo entonces “Vamos a fingir”.

Con el peligro y la incomodidad a tope, Eduardo comenzó a distanciarse del trabajo, así como de la agencia de marketing como tal.

Hasta que un día el jefe le llamó por teléfono para preguntarle si quería seguir trabajando para ellos, él le respondió que no. El jefe solo le deseó buena suerte.

Sus cosas sin embargo se habían quedado en la oficina, eran costosas, básicamente su computadora y su cámara, pero ya no regresó por ellas a causa del miedo.  

“Decidí que era demasiado peligroso ir a buscar mis cosas, así que nunca las recuperé. Eran costosas, pero el riesgo no valía la pena”

Eduardo siguió en su trabajo en marketing, pero alejando de las empresas del narcotráfico, recibiendo menos paga, pero más tranquilo.

“Seguí haciendo el mismo tipo de trabajo, pero en conciertos y eventos que no estaban vinculados a los carteles. En total, trabajé para ellos durante unos ocho meses”.

La historia de Eduardo fue publicada por la BBC Mundo, quien por cuestiones de seguridad le cambiaron el nombre al protagonista de este texto.  

 

rgg